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Los derechos humanos de los presos y la problemática carcelaria en el Perú

No se puede, y así lo seña­lan los espe­cia­lis­tas, alber­gar en un mismo pabe­llón a pre­sos pri­ma­rios, jóve­nes, ladro­nes o car­te­ris­tas de poca monta, con delin­cuen­tes rein­ci­den­tes, ran­kea­dos en el mundo de lampa.

El penal de Luri­gan­cho en el Perú

Cuando una per­sona es inter­nada en un esta­ble­ci­miento peni­ten­cia­rio, ya sea en la con­di­ción de sen­ten­ciado o pro­ce­sado, ve res­trin­gido el ejer­ci­cio de un único dere­cho fun­da­men­tal: la liber­tad ambu­la­to­ria. Esto que parece evi­dente, pues no lo es tanto en una socie­dad como la nues­tra en la cual el espa­cio y ambiente en donde trans­cu­rren los días de un pre­si­dia­rio, con­de­nan a esta per­sona a vivir bajo con­di­cio­nes de habi­ta­bi­li­dad ver­da­de­ra­mente inhumanas.

Una socie­dad civi­li­zada y demo­crá­tica debe garan­ti­zar el dere­cho de los reclu­sos y sen­ten­cia­dos a ocu­par esta­ble­ci­mien­tos ade­cua­dos. Ello es así pues este es el único camino para con­cre­ti­zar el obje­tivo que todo régi­men peni­ten­cia­rio moderno se traza como meta más impor­tante: lograr la reedu­ca­ción, reha­bi­li­ta­ción y rein­cor­po­ra­ción del penado a la socie­dad. En ese sen­tido, la mejora pau­la­tina de las con­di­cio­nes de habi­ta­bi­li­dad de un cen­tro de reclu­sión, no sólo ase­gura los dere­chos huma­nos de los pre­sos; sino tam­bién, y esto es algo que quizá se olvida, evita que las cár­ce­les se con­vier­tan en ver­da­de­ras escue­las del delito desde las cua­les se pla­nean y eje­cu­tan los crí­me­nes más abo­mi­na­bles por delin­cuen­tes que una vez pues­tos en liber­tad vuel­ven a delin­quir con una mayor fie­reza, como si bus­ca­ran revan­cha con­tra esa socie­dad y ese Estado que man­te­nién­do­los bajo la som­bra los con­denó al más abso­luto olvido.

El Estado, a tra­vés de sus ins­ti­tu­cio­nes, tiene el dere­cho y el deber de pro­ce­sar y san­cio­nar de manera ejem­plar a toda per­sona que comete un delito, pues el Estado, como orga­ni­za­ción social y polí­tica, debe velar por la segu­ri­dad y tran­qui­li­dad de su ciu­da­da­nía. En tal sen­tido, cuando el Estado ado­lece de una polí­tica cri­mi­nal y car­ce­la­ria cohe­rente, idó­nea, capaz de reha­bi­li­tar a la per­sona que delin­que y evi­tar con ello la rein­ci­den­cia delic­tiva, está incum­pliendo su prin­ci­pal obje­tivo, colo­cán­dose, debido a su inca­pa­ci­dad e indo­len­cia, al mar­gen de su pro­pio orden jurí­dico, el cual lo obliga a velar por los dere­chos de sus ciu­da­da­nos, inclu­sive de aque­llos que se encuen­tran recluí­dos en un penal.

Hemos que­rido hacer estas refle­xio­nes pues hace algu­nos días, el mis­mí­simo direc­tor del INPE (Ins­ti­tuto Nacio­nal Peni­ten­cia­rio), José Luis Pérez Gua­da­lupe, en una entre­vista con­ce­dida a un medio local, dio a cono­cer algu­nas esta­dís­ti­cas que des­cri­ben una reali­dad peni­ten­cia­ria fran­ca­mente esca­lo­friante. En opi­nión de la men­cio­nada auto­ri­dad, la pro­ble­má­tica car­ce­la­ria en el país se ha vuelto casi inma­ne­ja­ble, la falta de pre­su­puesto, apoyo logís­tico, la ausen­cia de volun­tad polí­tica y la corrup­ción ins­ta­lada en las ins­ti­tu­cio­nes encar­ga­das de dar solu­ción a este pro­blema social, son fac­to­res que hacen impo­si­ble la con­se­cu­ción de resul­ta­dos posi­ti­vos en el corto plazo.

De acuerdo a la infor­ma­ción ver­tida se sabe que en el Perú de hoy existe una sobre­po­bla­ción car­ce­la­ria de apro­xi­ma­da­mente 23000 reclu­sos. Por ejem­plo, el penal de Luri­gan­cho tiene capa­ci­dad para 3200, pero hoy alberga a 6000 (hace dos años el número era de 12000). El penal Sarita Colo­nia tiene capa­ci­dad para 572, pero hay 2079. El penal de Hua­ral tiene una capa­ci­dad para 823 inter­nos y hay 2720. El penal de Cañete es para 759 pre­sos pero hoy en día cuenta con 2830 pre­sos. A la luz de estas cifras se puede afir­mar que con una sobre­po­bla­ción de dicha mag­ni­tud es muy difí­cil reha­bi­li­tar al interno, evi­tando de ese modo, la reite­ra­ción de la con­ducta cri­mi­nal una vez que este haya sido puesto en libertad.

Otro pro­blema vin­cu­lado a la sobre­po­bla­ción de las cár­ce­les es el des­go­bierno que se vive en el inte­rior de las mis­mas en cuanto a la orga­ni­za­ción y cla­si­fi­ca­ción de los inter­nos. Resulta lógico pen­sar que en una cár­cel no se puede con­gre­gar indis­cri­mi­na­da­mente a los inter­nos sin nin­gún cri­te­rio de selec­ción. No se puede, y así lo señalan los espe­cia­lis­tas, alber­gar en un mismo pabe­llón a pre­sos pri­ma­rios, jóve­nes, ladro­nes o car­te­ris­tas de poca monta, con delin­cuen­tes rein­ci­den­tes, ran­kea­dos en el mundo de lampa, con varios ingre­sos al penal. Cuando ello ocu­rre, la posi­bi­li­dad de recu­pe­rar social­mente al delin­cuente juve­nil, al cri­mi­nal de deli­tos meno­res, es casi nula, más cuando por razo­nes de esta­tus y por la pro­pia diná­mica cri­mi­nal, estos jóve­nes son cap­ta­dos por los “tai­tas” (reclu­sos que mane­jan la cár­cel) a quie­nes ven como el modelo a seguir, con­vir­tiendo a un cri­mi­nal de alto cali­bre en un ver­da­dero maes­tro, cuyas lec­cio­nes deben ser apren­di­das al pie de la letra si se quiere sobre­vi­vir en esta tie­rra de nadie en la que se ha con­ver­tido la cár­cel peruana.

En la cár­cel, según declara el titu­lar del INPE, la delin­cuen­cia replica su orga­ni­za­ción cri­mi­nal a vista y pacien­cia de la pro­pia poli­cía. El prin­ci­pio de auto­ri­dad se ha per­dido por com­pleto, el Estado es inca­paz de esta­ble­cer las reglas que regu­la­rán la con­vi­ven­cia en su inte­rior. Por ejem­plo, en Luri­gan­cho la dis­tri­bu­ción de los pena­les y cla­si­fi­ca­ción de la pobla­ción car­ce­la­ria replica el modelo cri­mi­nal del grupo, la cua­dra, la banda, y el barrio. En este penal los “árabes” de Villa El Sal­va­dor ocu­pan un pabe­llón, a los “vikin­gos”, de La Vic­to­ria, les corres­ponde el pabe­llón 4, a los de San Mar­tín de Porres se les ha asig­nado el 6, lo mismo ocu­rre con el pabe­llón 10 y el 12, en los cua­les se han ins­ta­lado los cri­mi­na­les de Sur­qui­llo y de Ciu­dad de Dios, res­pec­ti­va­mente. Como es de supo­ner, cuando en una cár­cel la auto­ri­dad es asu­mida por los reclu­sos y no por el Estado, es muy difí­cil con­tro­lar lo que ocu­rre allí aden­tro, es muy difí­cil velar por los dere­chos huma­nos de aque­llos pre­sos que pre­sen­tan un ánimo de enmienda ver­da­dero y que si quie­ren reha­bi­li­tarse, y peor aún, es muy difí­cil des­ba­ra­tar a las ban­das que siguen ope­rando desde sus celdas.

Por eso no debiera sor­pren­der las decla­ra­cio­nes de las auto­ri­da­des del INPE cuando señala que en lo que va del año se han incau­tado más de 3000 telé­fo­nos celu­la­res al inte­rior de los pena­les, los mis­mos que pues­tos en manos de estos cri­mi­na­les les per­mi­ten coor­di­nar accio­nes y desatar el terror en las calles. Mues­tra de todo este des­go­bierno ha sido lo ocu­rrido hace algu­nos días en el penal de Picsi, en Chi­clayo, en donde en un pabe­llón de máxima segu­ri­dad se incau­ta­ron 54 tele­vi­so­res, 37 DVD Y 30 celulares.

A estas esta­dís­ti­cas debe­mos sumarle la dura situa­ción de ese 60% de pobla­ción car­ce­la­ria que se encuen­tra pri­vada de su liber­tad sin sen­ten­cia con­de­na­to­ria. En tér­mi­nos lega­les podría­mos decir que en nues­tro país 6 de cada 10 reclu­sos, sobre los cua­les no ha recaído sen­ten­cia con­de­na­to­ria alguna, se ven obli­ga­dos a com­par­tir sus días con cri­mi­na­les de alta peli­gro­si­dad en esta­ble­ci­mien­tos que care­cen de las con­di­cio­nes de habi­ta­bi­li­dad míni­mas, que vul­ne­ran gra­ve­mente sus dere­chos huma­nos, con­de­nán­do­los, de manera anti­ci­pada, a una vida fran­ca­mente indigna, todo ello debido a la inca­pa­ci­dad de un Poder Judi­cial que no juzga, de un Minis­te­rio Público que no inves­tiga, y de una Poli­cía Nacio­nal que atra­ve­sando la peor cri­sis ins­ti­tu­cio­nal de su his­to­ria se suma a esta enfer­me­dad gene­ra­li­zada de nues­tro sis­tema de justicia.

¿Qué hacer frente a este pro­blema? Muchos son los diag­nós­ti­cos, y muchas más las voces de los espe­cia­lis­tas que a lo largo de los años han estu­diado el tema. Sin embargo, en esta opor­tu­ni­dad debe­mos des­ta­car la opi­nión del direc­tor del INPE, la cual com­par­ti­mos en todos sus extre­mos, pues lejos del acos­tum­brado dis­curso popu­lista y sin sus­tento téc­nico, afirma de manera clara que para com­ba­tir a la delin­cuen­cia, enten­dida esta como un pro­blema social, no basta con imple­men­tar una polí­tica cri­mi­nal basada en el aumento de penas y el recorte de bene­fi­cios peni­ten­cia­rios como si la solu­ción pasara por “man­dar a todos a la cár­cel”. Pro­ce­der de ese modo, es des­co­no­cer la reali­dad del pro­blema, pues a la larga lo único que se logrará es tener a más pre­sos por más tiempo en las cár­ce­les perua­nas. Debe­mos for­ta­le­cer la labor de pre­ven­ción y edu­ca­ción ciu­da­dana, así como tam­bién la labor de todos los orga­nis­mos invo­lu­cra­dos en esta pro­ble­má­tica. El Estado debe saber brin­dar una res­puesta mul­ti­sec­to­rial y no basar su accio­nar en polí­ti­cas neta­mente represivas.

Asi­mismo, es impres­cin­di­ble rede­fi­nir las com­pe­ten­cias del INPE y de la Poli­cía Nacio­nal del Perú en cuanto a cuál será la ins­ti­tu­ción encar­gada de velar externa e inter­na­mente por la segu­ri­dad y el orden en los pena­les. En la actua­li­dad con­ta­mos con pena­les a cargo de la Poli­cía, otros en manos del INPE, y otros en los cua­les ambas ins­ti­tu­cio­nes se repar­ten fun­cio­nes. Este pro­ce­der es abso­lu­ta­mente incohe­rente, debe­mos iden­ti­fi­car a la auto­ri­dad a cargo de esta labor y otor­garle todo nues­tro respaldo.

Lo que debe que­dar­nos claro es que la única manera de ope­ra­ti­vi­zar y apo­yar la labor de estas ins­ti­tu­cio­nes es mejo­rando sus pre­su­pues­tos asig­na­dos. El INPE, por ejem­plo, para hacer frente a esta sobre­po­bla­ción de 23000 reclu­sos requiere incor­po­rar a 3000 per­so­nas a su per­so­nal, requiere tam­bién la cons­truc­ción de 2 nue­vos pena­les valo­ri­za­dos en 200 millo­nes cada uno. Para ello, el INPE requiere una mejora pre­su­pues­tal sus­tan­tiva, como tam­bién lo requiere para el caso de las par­ti­das des­ti­na­das a mejo­rar las con­di­cio­nes de vida de los reclu­sos, cuyo número este año ascen­derá en 6000 nue­vos reclu­sos, pero que con­tra­dic­to­ria­mente verá un recorte eco­nó­mico de 23 millo­nes de soles para la ali­men­ta­ción y el cui­dado de la salud de los mis­mos y para la imple­men­ta­ción de un sis­tema de vigi­lan­cia elec­tró­nico en los exte­rio­res e inte­rio­res de los pena­les que per­mi­tan detec­tar deli­tos como los de corrup­ción de fun­cio­na­rios, no olvi­de­mos que muchas veces son los mis­mos fun­cio­na­rios los que ingre­san los celu­la­res, dro­gas, armas, bebi­das alcohó­li­cas y demás obje­tos prohi­bi­dos.

Pero nada de lo antes dicho ten­drá un impacto posi­tivo, nada podrá ser con­cre­tado, nin­guna pro­puesta será sufi­ciente, si el gobierno de turno y la socie­dad civil no se com­pro­me­ten con la solu­ción del pro­blema. Debe­mos enten­der, de una vez por todas, que inver­tir en mejo­rar las con­di­cio­nes de habi­ta­bi­li­dad de las cár­ce­les no es en modo alguno una con­ce­sión que hace el Estado con los cri­mi­na­les a los cua­les pre­mia con una mejor ali­men­ta­ción, con mejo­res ser­vi­cios de salud o alo­ja­miento, inver­tir en ello, es a la larga velar por nues­tra segu­ri­dad, com­ba­tiendo a las ban­das que ope­ran desde las cár­ce­les, ya que apos­tar por la reha­bi­li­ta­ción de los reclu­sos no es otra cosa que apos­tar por la reduc­ción del índice de rein­ci­den­cia criminal.

Rafael Rodrí­guez Cam­pos

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Los 10 escándalos sexuales de políticos que escandalizaron al mundo

El 14 de mayo, Domi­ni­que Strauss– Kahn, direc­tor– gerente del Fondo Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal, fue dete­nido por acu­sa­cio­nes de acoso sexual e intento de vio­la­ción hacia una reca­ma­rista de un hotel en Esta­dos Uni­dos (EEUU).

Ayer le fue negada la liber­tad bajo fianza a Strauss– Kahn, pues se teme que el gerente del FMI huya a Fran­cia y no pueda ser obli­gado a regre­sar y ser procesado.

Los car­gos que se le impu­tan son seis, de los cua­les los con­si­de­ra­dos más fuer­tes son intento de vio­la­ción, acto sexual delic­tivo y deten­ción ile­gal; estos son los más altos en la escala de agre­sión sexual pues inclu­yen el uso de la violencia.

Cabe men­cio­nar que sólo por el delito de intento de vio­la­ción podría enfren­tar de 15 a 20 años de cárcel.

Este no es el único caso de este tipo que se conoce, a lo largo del tiempo, muchos polí­ti­cos, empre­sa­rios y gente de la farán­dula se ha visto envuelta en escán­da­los sexua­les y acu­sa­cio­nes de esta índole.

Sexe­nio te pre­senta los 10 casos más sobre­sa­lien­tes de escán­da­los de políticos:

1. Bill Clin­ton: cuando era pre­si­dente de Esta­dos Uni­dos, Bill Clin­ton fue acu­sado de esta­ble­cer una rela­ción sexual con una beca­ria de la Casa Blanca de 23 años, Mónica Lewinsky. Luego de un jui­cio y muchos escán­da­los, Clin­ton se dis­culpó y con­ti­nuó su mandato.

2. Sil­vio Ber­lus­coni: en este inicio de año, el pri­mer minis­tro de Ita­lia, fue acu­sado de deli­tos sexua­les y abuso de poder, por lo que irá a jui­cio el 6 de abril. Está acu­sado de pros­ti­tu­ción de meno­res, man­te­ner rela­cio­nes sexua­les con meno­res y abuso de poder al pre­sio­nar a la poli­cía cuando arres­ta­ron a la menor de edad, Ruby, que pre­sun­ta­mente man­tuvo rela­cio­nes con él.

3. Daniel Ortega: el pre­si­dente de Nica­ra­gua fue acu­sado, en 2003, de abuso sexual con­ti­nuo a su hijas­tra Zoi­la­mé­rica Nar­váez. Final­mente, la hijas­tra dejó el pro­ceso penal en con­tra de su padrastro.

4. Fer­nando Lugo: el pre­si­dente de Para­guay, ex obispo, se vio envuelto en una fuerte polé­mica luego de que se reve­lara que tuvo tres hijos cuando toda­vía for­maba parte de la Igle­sia Católica.

5. Mario Marín Torres: a fina­les de 2005 se difun­dió una gra­ba­ción tele­fó­nica entre el ex gober­na­dor de Pue­bla y Kamel Nacif Borge, empre­sa­rio poblano, en la que Nacif agra­dece a Mario Marín por haber dete­nido a la perio­dista Lydia Cacho que recien­te­mente había publi­cado el libro Los demo­nios del Edén.

El libro denun­ciaba un nego­cio de por­no­gra­fía infan­til por parte del empre­sa­rio. En el audio, Nacif le ofrece al ahora famoso ‘gober pre­cioso’ –como se refi­rió a Marín– “dos bote­llas de coñac”, tér­mino que se espe­cula se refiere a meno­res de edad, para agra­de­cerle al gober­na­dor poblano su ayuda y apoyo en con­tra de las acu­sa­cio­nes de Cacho.

En 2010, se reveló otro audio donde el enton­ces gober­na­dor, Mario Marín, se rela­ciona con una mucha­cha de 17 años lla­mada Jes­sica. El audio apunta a que Marín y Jes­sica man­tu­vie­ron una rela­ción desde 1999.

6. Moshe Kat­sav: el ex pre­si­dente de Israel ha sido acu­sado en varias oca­sio­nes de abuso sexual y, en una oca­sión, de vio­la­ción, todo mien­tras era minis­tro de Turismo a fina­les de los 80.

7. George w. Bush: el padre de George Bush se vio envuelto en serias acu­sa­cio­nes en 1989 junto con Donald Reagan por una pre­sunta red de pros­ti­tu­ción homo­se­xual que se desem­pe­ñaba con fre­cuen­cia en la Casa Blanca; el pro­ceso no tras­cen­dió aun­que entre la lista se encon­tra­ron ofi­cia­les de gobierno, impor­tan­tes mili­ta­res, ban­que­ros, con­gre­sis­tas y demás per­so­nas de las altas esfe­ras estadunidenses.

8. Tho­mas Jef­fer­son: el prin­ci­pal autor de la decla­ra­ción de Inde­pen­den­cia de Esta­dos Uni­dos fue acu­sado de escla­vi­zar a Sally Hemings, una mujer con la que tuvo varios hijos.

9. Mark Foley: en sus tiem­pos de con­gre­sista repu­bli­cano en 2006, se le acusó de enviar men­sa­jes explí­ci­tos sexual­mente a diver­sas per­so­nas, entre ellas meno­res de edad, a tra­vés de varias pági­nas en Inter­net. La acu­sa­ción no pro­ce­dió por­que no se le pudo comprobar.

10. Larry Craig: sena­dor esta­du­ni­dense, fue acu­sado y con­de­nado por delito menor de con­ducta des­or­de­nada debido a que se le encon­tró teniendo acti­vi­dad sexual con otro hom­bre en el baño público del aero­puerto inter­na­cio­nal de Min­nea­po­lis– Saint Paul.

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Fuente: Sexe­nio

Cartas sucias y eróticas de James Joyce a su amada Nora Barnacle

 

“Escribe las pala­bras inde­cen­tes con gran­des letras y subrá­ya­las y bésa­las y res­trié­ga­te­las un momento por tu dulce…”

James Joyce y Nora Barnacle

Las lla­ma­das car­tas eró­ti­cas, car­tas sexua­les, car­tas roba­das dibu­jan a un James Joyce apa­sio­nado, lleno de las­ci­via y con­de­nando al ero­tismo de su mujer.

En Dublín Nora Bar­na­cle cono­ció a James Joyce, el 10 de junio de 1904 y le dio una cita en la calle Merrion Square, No. 1, frente a la casa del Sr. William Wilde. Nora no llegó; reci­bió del poeta una nota avi­sán­dole que él sí había lle­gado y que la había con­fun­dido momen­tá­nea­mente con otra seño­rita de igual apa­rien­cia, pero que lamen­ta­ble­mente no era ella. Se vol­vie­ron a ver unas noches des­pués, el 16 de junio, fecha de tal impor­tan­cia para Joyce, que hizo que su novela Uli­ses trans­cu­rriera ínte­gra­mente en la men­cio­nada fecha: 16 de junio de 1904.

Joyce tenía rela­cio­nes fre­cuen­tes con pros­ti­tu­tas y había adqui­rido cierta luju­ria y agre­siva sexua­li­dad, cosa que no carac­te­rizó el inicio del romance con Nora. A pesar de que ambos eran pasio­na­les y hasta muy esca­to­ló­gi­ca­mente explí­ci­tos en las car­tas que se envia­ban, y si bien es cierto que en su pri­mer encuen­tro Nora abrió la bra­gueta de Joyce y le aca­ri­ció hasta «hacerme hom­bre», Joyce y Nora no con­su­ma­ron una rela­ción sexual en esos días que se conocieron.

La prensa sen­sa­cio­na­lista nunca logrará emu­lar a los edi­to­res de las car­tas escri­tas por las plu­mas finas, ladro­nes de correo, fis­go­nes, perros que escul­can buzo­nes con la lupa de los doc­tos. Entre las car­tas céle­bres las amo­ro­sas son un capí­tulo intere­sante, pero las sexua­les son el sueño de todo voyeur, car­tas que se leen mojando los dedos entre página y página.

Joyce es el pri­mero de nues­tros corres­pon­sa­les rojos, sin hoz ni mar­ti­llo, escribe a Nora Ber­na­cle, su mujer sin ben­di­ción. Son las car­tas de un hom­bre de veinte siete años, un hom­bre con la exci­ta­ción sufi­ciente para escri­birle a su que­rida de treinta, anclada en Trieste: “Estoy todo el día exci­tado. El amor es un mal­dito fas­ti­dio, sobre todo cuando tam­bién está unido a la lujuria”.

Una de las car­tas de 1909, donde Joyce llama a Nora cari­ño­sa­mente “putita de ojos sal­va­jes”, fue subas­tada en el 2004 por Sotheby’s por más de 240.000 libras, lo que da una idea de la cali­dad de la escri­tura y la des­ti­na­ta­ria. Tres car­tas de Joyce en rabo­deají que sir­ven para acom­pa­ñar el epi­so­dio de rufia­nes de la Torre Mar­telo que apa­re­ció en nues­tro pri­mer número.

A Nora Bar­na­cle Joyce

22 Noviem­bre 1909

44 Fon­te­noy Street, Dublín.

Que­ri­dí­sima: tu tele­grama se encon­traba en su cora­zón aque­lla noche. Cuando te escribí aque­llas últi­mas car­tas, era presa de abso­luta deses­pe­ra­ción. Pen­saba que había per­dido tu amor y tu estima… como bien mere­cía. Tu carta de esta mañana es muy cari­ñosa, pero estoy espe­rando la carta que pro­ba­ble­mente escri­bi­rías des­pués de enviar el tele­grama.

Toda­vía no me atrevo, que­rida, a mos­trarme fami­liar con­tigo, hasta que no vuel­vas a darme per­miso. Tengo la sen­sa­ción de que no debo hacerlo, a pesar de que tu carta está escrita en tu anti­guo tono fami­liar y pícaro. Me refiero a cuando hablas de lo que harás, si te desobe­desco con res­pecto a cierta cuestión.

Voy a aven­tu­rarme a decir sólo una cosa. Dices que quie­res que mi her­mana te lleve ropa inte­rior. No, que­rida, por favor. No me gusta que nadie, ni siquiera una mujer o una niña, vea cosas que te per­te­ne­cen. Me gus­ta­ría que fue­ras más cui­da­dosa y no deja­ses cier­tas ropas tuyas por ahí, quiero decir cuando aca­ban de lle­gar de la lavan­de­ría. Oh, me gus­ta­ría que man­tu­vie­ras todas esas cosas ocul­tas, ocul­tas, ocul­tas. Me gus­ta­ría que tuvie­ses gran can­ti­dad de ropa inte­rior de todas cla­ses, de todo tipo de colo­res deli­ca­dos, guar­dada, plan­chada y perfumada.

¡Qué terri­ble es estar lejos de ti! ¿Has acep­tado de nuevo en tu cora­zón a tu pobre amante? Voy a estar impa­ciente por tu carta y, sin embargo, te agra­dezco tu cari­ñoso tele­grama.

No me pidas que te escriba una carta larga ahora, que­ri­dí­sima. Lo que he escrito me ha entris­te­cido un poco. Estoy can­sado de enviarte pala­bras. Nues­tros labios pega­dos, nues­tros bra­zos entre­la­za­dos, nues­tros ojos des­fa­lle­ciendo en el triste gozo de la pose­sión me com­pla­ce­rían más.

Per­do­name que­ri­dí­sima. Tenía inten­ción de mos­trarme más reser­vado. Y, sin embargo, debo año­rarte y año­rarte y añorarte.

JIM

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A Nora Ber­na­cle Joyce

2 de diciem­bre de 1909

44 Fon­te­noy Street, Dublín.

Que­rida mía, qui­zás debo comen­zar pidién­dote per­dón por la increí­ble carta que te escribí ano­che. Mien­tras la escri­bía tu carta repo­saba junto a mí, y mis ojos esta­ban fijos, como aún ahora lo están, en cierta pala­bra escrita en ella. Hay algo de obs­ceno y las­civo en el aspecto mismo de las car­tas. Tam­bién su sonido es como el acto mismo, breve, bru­tal, irre­sis­ti­ble y diabólico.

Que­rida, no te ofen­das por lo que escribo. Me agra­de­ces el her­moso nom­bre que te di. ¡Sí, que­rida, “mi her­mosa flor sil­ves­tre de los setos” es un lindo nom­bre¡ ¡Mi flor azul oscuro, empa­pada por la llu­via¡ Como ves, tengo toda­vía algo de poeta. Tam­bién te rega­lare un her­moso libro: es el regalo del poeta para la mujer que ama. Pero, a su lado y den­tro de este amor espi­ri­tual que siento por ti, hay tam­bién una bes­tia sal­vaje que explora cada parte secreta y ver­gon­zosa de él, cada uno de sus actos y olo­res. Mi amor por ti me per­mite rogar al espí­ritu de la belleza eterna y a la ter­nura que se refleja en tus ojos o derri­barte debajo de mí, sobre tus sua­ves senos, y tomarte por atrás, como un cerdo que monta una puerca, glo­ri­fi­cado en la sin­cera peste que asciende de tu tra­sero, glo­ri­fi­cado en la des­cu­bierta ver­güenza de tu ves­tido vuelto hacia arriba y en tus bra­gas blan­cas de mucha­cha y en la con­fu­sión de tus meji­llas son­ro­sa­das y tu cabe­llo revuelto.

Esto me per­mite esta­llar en lagri­mas de pie­dad y amor por ti a causa del sonido de algún acorde o caden­cia musi­cal o acos­tarme con la cabeza en los pies, rabo con rabo, sin­tiendo tus dedos aca­ri­ciar y cos­qui­llear mis tes­tícu­los o sen­tirte fro­tar tu tra­sero con­tra mí y tus labios ardien­tes chu­par mi polla mien­tras mi cabeza se abre paso entre tus rolli­zos mus­los y mis manos atraen la aco­ji­nada curva de tus nal­gas y mi len­gua lame voraz­mente tu sexo rojo y espeso. He pen­sado en ti casi hasta el des­fa­lle­ci­miento al oír mi voz can­tando o mur­mu­rando para tu alma la tris­teza, la pasión y el mis­te­rio de la vida y al mismo tiempo he pen­sado en ti hacién­dome ges­tos sucios con los labios y con la len­gua, pro­vo­cán­dome con rui­dos y cari­cias obs­ce­nas y haciendo delante de mí el más sucio y ver­gon­zoso acto del cuerpo. ¿Te acuer­das del día en que te alzaste la ropa y me dejaste acos­tarme debajo de ti para ver cómo lo hacías? Des­pués que­daste aver­gon­zada hasta para mirarme a los ojos.

¡Eres mía, que­rida, eres mía¡ Te amo. Todo lo que escribí arriba es un solo momento o dos de bru­tal locura. La última gota de semen ha sido inyec­tada con difi­cul­tad en tu sexo antes que todo ter­mine y mi ver­da­dero amor hacia ti, el amor de mis ver­sos, el amor de mis ojos, por tus extra­ña­mente ten­ta­do­res ojos llega soplando sobre mi alma como un viento de aro­mas. Mi verga esta toda­vía tiesa, caliente y estre­me­cida tras la última, bru­tal enves­tida que te ha dado cuando se oye levan­tarse un himno tenue, de pia­doso y tierno culto en tu honor, desde los oscu­ros claus­tros de mi cora­zón.

Nora, mi fiel que­rida, mi pícara cole­giala de ojos dul­ces, sé mí puta, mí amante, todo lo que quie­ras (¡mí pequeña pajera amante! ¡mí putita picha­dora!) eres siem­pre mi her­mosa flor sil­ves­tre de los setos, mi flor azul oscuro empa­pada por la lluvia.

JIM

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A Nora Bar­na­cle Joyce

3 de diciem­bre de 1909

44 Fon­te­noy Street, Dublín.

Mi que­rida niñita de las mon­jas: hay algún estre­lla muy cerca de la tie­rra, pues sigo presa de un ata­que de deseo febril y ani­mal. Hoy a menudo me dete­nía brus­ca­mente en la calle con una excla­ma­ción, siem­pre que pen­saba en las car­tas que te escribí ano­che y ante­no­che. Deben haber pare­cido horri­bles a la fría luz del día. Tal vez te haya des­agra­dado su gro­se­ría. Sé que eres una per­sona mucho más fina que tu extraño amante y, aun­que fuiste tu misma, tu, niñita calen­tona, la que escri­bió pri­mero para decirme que esta­bas impa­ciente por­que te culiara, aún así supongo que la sal­vaje sucie­dad y obs­ce­ni­dad de mi res­puesta ha supe­rado todos los lími­tes del recato. Cuando he reci­bido tu carta urgente esta mañana y he visto lo cari­ñosa que eres con tu des­pre­cia­ble Jim, me he sen­tido aver­gon­zado de lo que escribí. Sin embargo, ahora la noche, la secreta y peca­mi­nosa noche, ha caído de nuevo sobre el mundo y vuelvo a estar solo escri­bién­dote y tu carta vuelve a estar ple­gada delante de mí sobre la mesa. No me pidas que me vaya a la cama, que­rida. Déjame escri­birte, querida.

Como sabes que­ri­dí­sima, nunca uso pala­bras obs­ce­nas al hablar. Nunca me has oído, ¿ver­dad?, pro­nun­ciar una pala­bra impro­pia delante otras per­so­nas. Cuando los hom­bres de aquí cuen­tan delante de mí his­to­rias sucias o las­ci­vas, ape­nas son­río. Y, sin embargo, tu sabes con­ver­tirme en una bes­tia. Fuiste tu misma, tu, quien me des­li­zaste la mano den­tro de los pan­ta­lo­nes y me apar­taste sua­ve­mente la camisa y me tocaste la pinga con tus lar­gos y cos­qui­llean­tes dedos y poco a poco la cogiste entera, gorda y tiesa como estaba, con la mano y me hiciste una paja des­pa­cio hasta que me vine entre tus dedos, sin dejar de incli­narte sobre mí, ni de mirarme con tus ojos tran­qui­los y de santa. Tam­bién fue­ron tus labios los pri­me­ros que pro­nun­cia­ron una pala­bra obs­cena. Recuerdo muy bien aque­lla noche en la cama en Pola. Can­sada de yacer debajo de un hom­bre, una noche te ras­gaste el cami­són con vio­len­cia y te subiste encima para cabal­garme des­nuda. Te metiste la pinga en el coño y empe­zaste a cabal­garme para arriba y para abajo. Tal vez yo no estu­viera sufi­cien­te­mente arre­cho, pues recuerdo que te incli­naste hacia mi cara y mur­mu­raste con ter­nura: “¡Fuck me, dar­ling!”

Nora que­rida, me moría todo el día por hacerte uno o dos pre­gun­tas. Per­mí­te­melo, que­rida, pues yo te he con­tado todo lo que he hecho en mi vida; así, que puedo pre­gun­tarte, a mi vez. No sé si las con­tes­ta­rás. Cuándo esa per­sona cuyo cora­zón deseo vehe­men­te­mente dete­ner con el tiro de un revól­ver te metió la mano o las manos bajo las fal­das, ¿se limitó a hacerte cos­qui­llas por fuera o te metió el dedo o los dedos? Si lo hizo, ¿subie­ron lo sufi­ciente como para tocar ese gallito que tie­nes en el extremo del coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Estuvo hacién­dote cos­qui­llas mucho tiempo y te viniste? ¿Te pidió que lo toca­ras y lo hiciste? Sino lo tocaste, ¿se vino sobre ti y lo sentiste?

Otras pre­gunta, Nora. Sé que fui el pri­mer hom­bre que te folló, pero, ¿te mas­turbó un hom­bre alguna vez? ¿Lo hizo alguna vez aquel mucha­cho que te gus­taba? Dímelo ahora, Nora, res­ponde a la ver­dad con la ver­dad y a la sin­ce­ri­dad con la sin­ce­ri­dad. Cuando esta­bas con él de noche en la oscu­ri­dad de noche, ¿no des­abro­cha­ron nunca, nunca, tus dedos sus pan­ta­lo­nes ni se des­li­za­ron den­tro como rato­nes? ¿Le hiciste una paja alguna vez, que­rida, dime la ver­dad, a él o a cual­quier otro? ¿No sen­tiste nunca, nunca, nunca la pinga de un hom­bre o de un mucha­cho en tus dedos hasta que me des­abro­chaste el pan­ta­lón a mí? Si no estás ofen­dida, no temas decirme la ver­dad. Que­rida, que­rida esta noche tengo un deseo tan sal­vaje de tu cuerpo que, si estu­vie­ras aquí a mi lado y aún cuando me dije­ras con tus pro­pios labios que la mitad de los pata­nes peli­rro­jos de la región de Gal­way te echa­ron un polvo antes que yo, aún así corre­ría hasta ti muerto de deseo.

Dios Todo­po­de­roso, ¿qué clase de len­guaje es este que estoy escri­biendo a mi orgu­llosa reina de ojos azu­les? ¿Se negará a con­tes­tar a mis gro­se­ras e insul­tan­tes pre­gun­tas? Sé que me arriesgo mucho al escri­bir así, pero, si me ama, sen­tirá que estoy loco de deseo y que debo con­tarle todo.

Cielo, con­tés­tame. Aun cundo me entere de que tu tam­bién habías pecado, tal vez me sen­ti­ría toda­vía más unido a ti. De todos modos, te amo. Te he escrito y dicho cosas que mi orgu­llo nunca me per­mi­ti­ría decir de nuevo a nin­guna mujer.

Mi que­rida Nora, estoy jadeando de ansia por reci­bir tus res­pues­tas a estas sucias car­tas mías. Te escribo a las cla­ras, por­que ahora siento que puedo cum­plir mi pala­bra con­tigo. No te enfa­des, que­rida, que­rida, Nora, mi flo­re­ci­lla sil­ves­tre de los setos. Amo tu cuerpo, lo añora, sueño con él.

Háblenme que­ri­dos labios que he besado con lágri­mas. Si estas por­que­rías que he escrito te ofen­den, hazme recu­pe­rar el jui­cio otra vez con un lati­gazo, como has hecho antes. ¡Qué Dios me ayude!

Te amo Nora, y parece que tam­bién esto es parte de mi amor. ¡Per­dó­name! ¡Perdóname!

JIM

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Mi Dulce y pícara putita, aquí te mando otro billete para que te com­pres cal­zo­nes o medias o ligas. Com­pra cal­zo­nes de puta, amor, y no dejes de rociar­los con un per­fume agra­da­ble y tam­bién des­co­lo­rea­los un poquito por detrás.

Pare­ces inquieta por saber que aco­gida dí a tu carta, que, según dices, es peor que la mia. ¿Cómo que es peor que la mía, amor ? Sí, es peor en una o dos cosas. Me refiero a la parte en que dice lo que vas a hecer con la len­gua (no me refiero a chu­par­mela) y a esa encan­ta­dora pala­bra que escri­bes con tan gran­des letras y sub­ra­yas, bri­bon­zuela. Es emo­cio­nante oír esa pala­bra ( y una o dos más que no has escrito) En los labios de una mucha­cha. Pero me gus­ta­ría que habla­ras de ti y no de mi. Escrí­beme una carta muy larga, llena de esas otras cosas, sobre ti, que­rida. Ahora ya sabes como ponerme arre­cho. Cuen­tame hasta las cosas más míni­mas sobre ti, con tal de que sean obse­nas y secre­tas y sucias. No escri­bas más. Qué todas las fra­ses estén lle­nas de pala­bras y soniods inde­cen­tes e impú­di­cos. Es encan­ta­dor oir­los e incluso ver­los en el papel, pero los más inde­cen­tes son los más bellos. Las dos par­tes de tu cuerpo que hacen cosas sucias son las más deli­cio­sas para mi. Pre­fiero tu culo, que­rida, a tus tetas por­que hace esa cosa sucia. Amo tu coño no tanto por que sea la parte que jodo cuanto por­que hace otra cosa sucia. Podría que­darme tum­bado todo el día mirando la pala­bra divina que escri­biste y lo que dijiste que harías con la len­gua. Me gus­ta­ría poder oír tus labios sol­tando entre chis­po­rro­teos esas pala­bras celes­tia­les, exci­tan­tes, sucias, ver tu cuerpo soni­dos y rui­dos inde­cen­tes, sen­tir tu cuerpo retor­cien­dose debajo de mi, oír y oler los sucios y sono­ros pedos de niñas haciendo pop pop al salir de tu bonito culo de niña des­nudo y follar, follar, follar y follar el coño me mi pícara y arre­cha putita eternamente.

Ahora estoy con­tento, por­que mi putita me dice que le dé por el culo y que la folle por la boca y quiere des­abro­charme y sacarme el cim­bel y chu­parlo como un pezón. Más cosas y más inde­cen­tes que estas quiere hacer, mi pequeña y des­nuda folla­dora, mi pícara y ser­peante pequeña culia­dora, mi dulce e inde­cente pedorrita.

Bue­nas noches, putita mía, voy a tum­barme y a cas­car­mela hasta que me venga. Escribe más cosas y más inde­cen­tes, que­rida. Hasta cos­qui­llas en el mon­don­guito, mie­tras escri­bes para que te haga decir cosas cada vez peo­res. Escribe las pala­bras inde­cen­tes con gran­des letras y subrá­ya­las y bésa­las y res­trié­ga­te­las un momento por tu dulce y caliente coño, que­rida, y tam­bién leván­tate las fal­das un momento y res­trié­ga­te­las por tu que­rido culito pedorro. Has más cosas así, si quie­res, y des­pués envíame la carta, mi que­rida putita de culo marrón.

JIM


Car­tas Sucias de Joyce

Epí­logo

La des­pe­dida de una de las tan­tas car­tas sucias, de las car­tas celo­sas y dis­pa­ra­ta­das que solo cabrían en un buzón bien rojo, ser­virá de epi­logo para los fis­go­nes de la corres­pon­den­cia entre Jim y Nora. Una página fechada el 15 de diciem­bre de 1909, vís­pe­ras de la novena de agui­nal­dos en la cató­lica Dublín. Con esto que­dan cla­ras las dul­ces fati­gas del amante y corres­pon­sal, el can­san­cio de los amo­res lejanos.

« (…) Que­rida, acabo de venirme en los pan­ta­lo­nes, por lo que he que­dado para el arras­tre. No puedo ir hasta la ofi­cina de correos a pesar de que tengo tres car­tas por echar.

¡A la cama…a la cama !

¡Bue­nas noches, Nora mía!

Sobre la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción de funcionarios

La corrup­ción en el Perú des­truye el sis­tema democrático

Dicen que en polí­tica la pala­bra empe­ñada debe ser cum­plida, aún cuando en los últi­mos tiem­pos este prin­ci­pio no haya sido obser­vado por los ante­ce­so­res de Ollanta Humala. Este parece ser el espí­ritu que viene movi­li­zando la actua­ción del gobierno en sus pri­me­ras sema­nas de ges­tión. En ese sen­tido, y con­tra lo que algu­nos podían ima­gi­nar, hace algu­nos días la Comi­sión de Cons­ti­tu­ción del Con­greso aprobó por mayo­ría– con la abs­ten­ción de los par­la­men­ta­rios fuji­mo­ris­tas y de la Alianza por el Gran Cam­bio– un dic­ta­men que declara la impres­crip­ti­bi­li­dad de los deli­tos de corrup­ción de fun­cio­na­rios, el mismo que a su tiempo deberá ser apro­bado en el pleno del Congreso.

Sin lugar a dudas, resulta salu­da­ble que el gobierno entrante tenga la volun­tad polí­tica nece­sa­ria para hacer reali­dad una de las pro­me­sas que le hizo al elec­to­rado durante los meses de cam­paña. Cum­plir con lo ofre­cido marca un estilo loa­ble de hacer y enten­der la polí­tica, un estilo que per­mite recu­pe­rar la con­fianza del ciu­da­dano en sus auto­ri­da­des y, por­qué no decirlo, en el pro­pio sis­tema demo­crá­tico y en sus ins­ti­tu­cio­nes. Sin embargo, no siem­pre la manera cómo se pre­tende con­cre­ti­zar dichos ofre­ci­mien­tos resulta ser la más efi­caz o, como sucede en este caso, la más idó­nea desde el punto de vista téc­nico y jurí­dico. Para refor­zar este plan­tea­miento, que en lo per­so­nal busca demos­trar que no es nece­sa­rio modi­fi­car la legis­la­ción en este punto para luchar de manera efec­tiva con­tra la corrup­ción, debe­mos ensa­yar una diná­mica de pre­gun­tas y res­pues­tas que ayu­den a escla­re­cer las dudas que los ciu­da­da­nos pue­dan tener en torno a esta temática.

¿Qué es exac­ta­mente la prescripción?

La pres­crip­ción ha sido enten­dida como una ins­ti­tu­ción que busca esta­ble­cer un límite al poder-deber del Estado de ejer­cer su poder puni­tivo per­si­guiendo a quien ha come­tido algún delito. Dicho de otro modo, cuando alguien comete un delito, el Estado cuenta con un plazo deter­mi­nado esta­ble­cido en la ley para pro­ce­sar y san­cio­nar al responsable.

¿Qué ocu­rre cuando el plazo para per­se­guir el delito vence?

Cuando el Estado, debido a la acción obs­truc­cio­nista de los pre­sun­tos res­pon­sa­bles, pero sobre todo, debido a su inefi­cien­cia y a la fra­gi­li­dad de sus órga­nos de jus­ti­cia, deja trans­cu­rrir el plazo y este vence, pues enton­ces opera lo que en tér­mi­nos jurí­di­cos se deno­mina la extin­ción de la acción penal, es decir, el Estado pierde el dere­cho de per­se­guir el delito, el mismo que al final queda impune.

¿Cuál es la fina­li­dad de esta figura jurídica?

En un Estado de Dere­cho se entiende que la labor de los pode­res públi­cos se somete al man­dato expreso de la Cons­ti­tu­ción y las leyes. Siendo ello así, se sabe que la per­sona humana se encuen­tra en una situa­ción de des­ven­taja frente a la acción puni­tiva del Estado. Por tanto, esta­ble­cer un límite (el plazo de la pres­crip­ción) para ejer­cer la facul­tad per­se­cu­to­ria del delito por parte de ins­ti­tu­cio­nes como el Minis­te­rio Público y el Poder Judi­cial, busca evi­tar seve­ras vio­la­cio­nes a las liber­ta­des indi­vi­dua­les de los ciu­da­da­nos, quie­nes podrían ser per­se­gui­dos hasta el mismo ins­tante de su muerte, a pesar de haberse reco­no­cido el prin­ci­pio de pre­sun­ción de inocen­cia como una garan­tía para todos los ciudadanos.

¿Qué señala nues­tra actual legis­la­ción sobre este tema?

Las reglas de pres­crip­ción en nues­tro país han sido reco­gi­das en el Código Penal, espe­cí­fi­ca­mente en sus artícu­los 80º y 83º, res­pec­ti­va­mente. En dichas dis­po­si­cio­nes se señala que la acción penal pres­cribe o fenece en un tiempo igual al máximo de la pena fijada para el acto cri­mi­nal (por ejem­plo, si el delito es san­cio­nado con un máximo de 10 años, enton­ces el plazo que el Estado tiene para per­se­guir el delito será de 10 años tam­bién). Ahora bien, cuando se trata de deli­tos come­ti­dos con­tra el patri­mo­nio de la nación por una per­sona que tiene la con­di­ción de fun­cio­na­rio público, opera la “dupli­ca­ción del plazo de pres­crip­ción” con un límite máximo de 20 años. En lo per­so­nal, creo que los pla­zos apli­ca­bles para la pres­crip­ción de los deli­tos de corrup­ción son lo sufi­cien­te­mente amplios como para que “cual­quier Estado, media­na­mente efi­ciente,” cum­pla con su come­tido de inves­ti­gar, pro­ce­sar y san­cio­nar a los corrup­tos. Digá­moslo de un modo más sen­ci­llo ¿Cuánto tiempo nece­sita un Estado inefi­ciente como el nues­tro para san­cio­nar a quie­nes delin­quen? Al pare­cer toda la eter­ni­dad. El pro­blema no es enton­ces la pres­crip­ti­bi­li­dad de los deli­tos, ni el aumento de las penas, el pro­blema pasa por mejo­rar la ges­tión y efi­cien­cia en la admi­nis­tra­ción de justicia.

¿Exis­ten en la actua­li­dad deli­tos que sean imprescriptibles?

De acuerdo a la legis­la­ción nacio­nal e inter­na­cio­nal vigente en nues­tro país, los únicos deli­tos para los cua­les no ope­ran las reglas de la pres­crip­ción son los deno­mi­na­dos “deli­tos de lesa huma­ni­dad”, es decir, deli­tos que siendo come­ti­dos de manera sis­te­má­tica y reite­rada por el pro­pio Estado u otros agen­tes con carac­te­rís­ti­cas par­ti­cu­la­res, aten­tan gra­ve­mente con­tra la dig­ni­dad de la per­sona, vul­ne­rando su vida, su inte­gri­dad o su liber­tad. Den­tro de esta lista de deli­tos tene­mos a: la tor­tura, la desa­pa­ri­ción for­zada, la eje­cu­ción extra­ju­di­cial, el geno­ci­dio y las vio­la­cio­nes sexua­les en algu­nos casos. Como se puede apre­ciar, es la gra­ve­dad del delito, el daño que estos gene­ran en la per­sona y la obli­ga­ción expresa asu­mida por los Esta­dos que como el Perú se han com­pro­me­tido a inves­ti­gar, pro­ce­sar y san­cio­nar a los res­pon­sa­bles de estos crí­me­nes a pesar del trans­curso del tiempo, las razo­nes que jus­ti­fi­can la impres­crip­ti­bi­li­dad de la acción penal para estos actos, las mis­mas, que en mi opi­nión, no se veri­fi­can para el caso de los deli­tos de corrup­ción come­ti­dos por funcionarios.

¿Cuá­les son los deli­tos que pre­ten­den ser com­ba­ti­dos a par­tir de esta medida?

De acuerdo a lo que se sabe a tra­vés de los medios de comu­ni­ca­ción, los par­la­men­ta­rios impul­so­res de esta ini­cia­tiva, y de modo erró­neo creo yo, asu­men que esta medida des­in­cen­ti­vará la comi­sión de aque­llos deli­tos que son come­ti­dos de manera fre­cuente por fun­cio­na­rios públi­cos, deli­tos tales como: cohe­cho pro­pio, cohe­cho impro­pio, corrup­ción pasiva, corrup­ción de fun­cio­na­rios juris­dic­cio­na­les, apro­ve­cha­miento inde­bido de cargo y enri­que­ci­miento ilí­cito con­te­ni­dos en los artícu­los 393º, 394º, 395º, 396, 397º y 401º del pre­sente Código Penal.

¿Tor­nar impres­crip­ti­bles deli­tos que no pre­sen­ten una gra­ve­dad simi­lar a los deli­tos de lesa huma­ni­dad no resulta ser acaso una medida desproporcional?

Este es el prin­ci­pal cues­tio­na­miento a la men­cio­nada pro­puesta. En mi opi­nión, el prin­ci­pio de pro­por­cio­na­li­dad que debe ser obser­vado en todo acto que pre­tenda limi­tar los dere­chos de los ciu­da­da­nos con el afán de con­cre­ti­zar fines u obje­ti­vos legí­ti­mos como la lucha con­tra la corrup­ción se ve seria­mente des­vir­tuado con una pro­puesta como la que ahora comen­ta­mos. Aten­tar con­tra el era­rio nacio­nal, con­tra un bien de natu­ra­leza patri­mo­nial, en modo alguno pre­senta el mismo des­va­lor que gene­ran los deli­tos de lesa huma­ni­dad. En todo caso, la pre­gunta que debié­ra­mos hacer­nos todos los ciu­da­da­nos es la siguiente: ¿Si la fina­li­dad de esta medida es evi­tar que estos deli­tos no que­den impu­nes, enton­ces por­qué no hace­mos exten­siva esta pro­puesta a otro tipo de deli­tos que gene­ran mayor rechazo entre la pobla­ción como el homi­ci­dio, la vio­la­ción sexual, el terro­rismo o el trá­fico ilí­cito de dro­gas? La res­puesta es muy sim­ple: la per­se­cu­ción penal debe ser limi­tada por­que de no ser así se con­dena táci­ta­mente a la per­sona a vivir en un estado se zozo­bra per­ma­nente, teme­rosa y con el pavor de ser denun­ciada o enjui­ciada por hechos que ocu­rrie­ron hace 25, 35, 45 o 55 años.

¿Es nece­sa­rio modi­fi­car la Cons­ti­tu­ción para lle­var ade­lante este propósito?

Al pare­cer en los medios de comu­ni­ca­ción y en las pro­pias tien­das polí­ti­cas no han repa­rado en el hecho que para modi­fi­car las reglas de pres­crip­ción dis­pues­tas por el Código Penal antes men­cio­na­das, se hace nece­sa­rio modi­fi­car el artículo 41º de la Cons­ti­tu­ción, dis­po­si­ción en la cual se rati­fica lo seña­lado en la legis­la­ción penal en cuanto a dupli­car el plazo de pres­crip­ción cuando se trate de deli­tos come­ti­dos con­tra el patri­mo­nio del Estado. En tal medida, será nece­sa­rio que la mayo­ría par­la­men­ta­ria rati­fi­que su volun­tad con un mínimo de 87 votos, pues sólo de esa manera podrá lle­varse a cabo la reforma del men­cio­nado artículo siguiendo el meca­nismo pre­visto por la pro­pia Cons­ti­tu­ción. Se reque­rirá de un con­senso polí­tico muy grande para alcan­zar dicha mayo­ría, el cual pocas veces ha sido alcan­zado en nues­tro país cuando de refor­mas de la Cons­ti­tu­ción se trata.

¿Cuá­les son los peli­gros que este pro­yecto trae con­sigo para la vida demo­crá­tica de la nación?

En un país como el nues­tro, en el cual el prin­ci­pio de sepa­ra­ción de pode­res muchas veces es des­co­no­cido por el poder de turno, una medida como esta puede con­ver­tirse en un arma para la per­se­cu­ción polí­tica con­tra los enemi­gos o riva­les del par­tido de gobierno, que valién­dose de su posi­ción de pri­vi­le­gio y poder, mani­pu­lando a la pro­pia legis­la­ción, pue­den pre­sio­nar al Minis­te­rio Público y al Poder Judi­cial hos­ti­gando a los disi­den­tes con la pre­sen­ta­ción reite­rada de denun­cias muchas veces injus­ti­fi­ca­das ampa­rando dicho accio­nar en la supuesta “impres­crip­ti­bi­li­dad de los deli­tos de corrup­ción”. En lo per­so­nal, la medida, cuyo obje­tivo es con­so­li­dar nues­tro sis­tema demo­crá­tico, puede ter­mi­nar des­na­tu­ra­li­zán­dolo, tal y como ha suce­dido en otros paí­ses de la región, que no pre­ci­sa­mente reco­no­ci­dos por su res­peto por los dere­chos ciu­da­da­nos, incor­po­ra­ron esta figura en sus res­pec­ti­vos orde­na­mien­tos, tal como ha suce­dido en Ecua­dor, Boli­via y Vene­zuela, con los resul­ta­dos nefas­tos que todos conocemos.

En con­clu­sión, debe­mos seña­lar que la lucha con­tra la corrup­ción es una tarea que debe invo­lu­crar a todos los órga­nos del Estado y tam­bién a la socie­dad civil. Que para ello es salu­da­ble obser­var como en el Con­greso de la Repú­blica se ha logrado con­so­li­dar un blo­que par­la­men­ta­rio que está dis­puesto a lle­var ade­lante medi­das que bus­quen dar solu­ción a este pro­blema social. Que para nadie es un mis­te­rio el hecho que muchas veces los cri­mi­na­les entor­pe­cen el desa­rro­llo de los pro­ce­sos, mediante fór­mu­las dila­to­rias como la pre­sen­ta­ción de recur­sos incon­du­cen­tes que bus­can única­mente dila­tar el tiempo y así lograr la impu­ni­dad a par­tir de la pres­crip­ción de los deli­tos. Pero al mismo tiempo, lo que debe­mos de enten­der de una vez por todas, es que el com­bate de la corrup­ción y de la cri­mi­na­li­dad en gene­ral no pasa por ele­var de modo irra­cio­nal las san­cio­nes o por plan­tear la pena de muerte, y mucho menos, por pro­mo­ver la impres­crip­ti­bi­li­dad para aque­llos deli­tos que no sean los de lesa humanidad.

El com­bate con­tra el cri­men y la corrup­ción requie­ren bási­ca­mente de una volun­tad polí­tica deci­dida de parte del gobierno de turno por cam­biar el estado de cosas y por el for­ta­le­ci­miento de la ins­ti­tu­cio­na­li­dad demo­crá­tica, dotando de pre­su­puesto y pro­mo­viendo una cul­tura y ética pública entre fis­ca­les, jue­ces, poli­cías y pro­cu­ra­do­res públi­cos de todo el país, basada en la defensa honesta de los intere­ses del Estado y en el res­peto por los dere­chos de las per­so­nas, pues todos ellos son los fun­cio­na­rios a los cua­les se les ha enco­men­dado la tarea directa de com­ba­tir el cri­men en sus diver­sas moda­li­da­des. Lo demás, desde mi punto de vista, es puro popu­lismo legis­la­tivo, que busca ganar algu­nos titu­la­res apro­ve­chando la repul­sión que genera en la gente las con­ti­nuas denun­cias y escán­da­los de corrup­ciónque se han venido suce­diendo a lo largo de todos estos años.

Rafael Rodrí­guez Cam­pos

Mistura: el Perú que deseamos desterrar

Mien­tras tanto yo me voy a Misiura, es mi derecho.

Misiura de Exportación

Cuen­tan las malas len­guas lime­ñas –y acaso per­ver­sas– de que Gas­tón Acu­rio es un racista aso­la­pado, un mer­ca­chi­fle del gusto popu­lar, un siba­rita de alto vuelo que uti­liza sus ofi­cios solo para esca­lar en su posi­ción social.

!Inju­rio­sas! repito al uni­sonó al escu­char su voz y pre­sen­cia en cuanto canal de tele­vi­sión se apa­rece por delante para con­tar­nos que jamás será can­di­dato a la pre­si­den­cia de nin­guna enti­dad pública del estado. Amén.

De aquel delan­tal de coci­nero que no se casa con nin­gún gobierno y que sin embargo apoya a todos, de aquel hom­bre que se la jugó por nadie en las pasa­das elec­cio­nes, se arman los hue­sos de un per­so­naje que se sabe mover en los nego­cios de la buena sazón, gas­tro­no­mía de expor­ta­ción que le dicen.

Atri­buirle ver­gon­zo­sas cua­li­da­des a un tenaz mili­tante del sabor demo­crá­tico es caer en el lum­pen bajo golpe de insul­tar por la pura y legen­da­ria envi­dia peruana (como escri­bi­ría mi ex admi­rado C. Hil­de­brandt).

Por un lado Mis­tura es un ejem­plo de lo que la demo­cra­cia sig­ni­fica para los Gas­to­nes Acu­rios de nues­tros tiem­pos: Si quie­res comer tie­nes que pagar, si quie­res pagar tie­nes que hacer cola, si quie­res hacer cola pri­mero tie­nes que entrar, si quie­res entrar tie­nes que pagar y así se cie­rra ese círculo empa­la­goso del nego­cio redondo en clave gastronómica.

Gas­tón Acu­rio tiene todo el dere­cho de ven­der sus pota­jes al pre­cio que mejor le bene­fi­cie, y la gente tiene todo el dere­cho de pagar el pre­cio que pueda, pero qué culpa tiene la ciu­dad Cen­tro His­tó­rico de Lima con­ver­tida ahora en un mer­ca­di­llo de los pla­tos desecha­bles, qué culpa la urbe Patri­mo­nio Cul­tu­ral para con­ver­tirla en res­tau­rante sin tene­do­res, que cul­pan tie­nen los árbo­les deca­pi­ta­dos sin bri­llo para que los tol­dos del cevi­che pue­dan ubi­carse en un mejor lugar. (Ver­sión de Alfredo Vanini)

Existe un con­glo­me­rado en Face­book denun­ciando que Mis­tura dis­cri­mina a los Dis­ca­pa­ci­ta­dos y adul­tos mayo­res, enten­diendo que no exis­ten faci­li­da­des para que la mino­ría se movi­lice mejor entre anti­cu­chos y pes­ca­dos. Yo aún no entiendo –y dis­cul­pen la insis­ten­cia– por­qué la gente tiene que pagar dos veces para con­su­mir un plato de comida y que­jarse de que no haya faci­li­da­des para hacerlo.

El tema no está cerrado pues sen­tado en el metro­po­li­tano que me lleva hacia mi casa en el sur, alguien me cuenta en el camino que un reco­no­cido Cheff peruano se pasa la vida dur­miendo sobre la vereda de la Bene­fi­cen­cia Pública, bus­cando algún edi­fi­cio his­tó­rico de Lima para con­ver­tirlo en un res­tau­rante gour­met de gla­mo­roso mal gusto, como algún día lo dijo entre dien­tes el mis­mí­simo Gas­tón Acu­rio que hubiera pre­fe­rido a la Casa de la Lite­ra­tura con­ver­tida en un “lindo mer­cado”. (min. 8.50)

Mis­tura y sus alre­de­do­res es lo que le pasa a un país con pro­fun­das y arrai­ga­das fisu­ras socia­les, sobre­vi­vien­tes de un modelo neo­li­be­ral y vio­lento. Mis­tura es la ven­de­dora de gela­ti­nas de a 50 cén­ti­mos el vasito y la maza­mo­rra morada que sobre los hom­bros del poder se sabo­rea muy rico casera.

Mis­tura tam­bién podría ser el Perú que algu­nos desea­mos desterrar.

Mien­tras tanto yo me voy a Misiura, es mi dere­cho.

Monseñor Cipriani: El ‘Gran Canciller’ de la Pontificia Universidad Católica del Perú

 

Car­de­nal Juan Luis Cipriani

Siem­pre es mejor tomar dis­tan­cia, aguar­dar un momento, espe­rar que los acon­te­ci­mien­tos dis­cu­rran y las pasio­nes se des­ace­le­ren antes de emi­tir opi­nión o jui­cio en asun­tos polé­mi­cos o de suma con­fron­ta­ción. Esa es una lec­ción que un maes­tro uni­ver­si­ta­rio nos repe­tía con insis­ten­cia durante un ciclo en la cáte­dra de redac­ción y argu­men­ta­ción. Esta lec­ción cobra mayor vali­dez cuando se trata de un asunto en el cual el autor de la nota se encuen­tra par­cia­li­zado de ante­mano con la defensa de cier­tos prin­ci­pios y con­cep­tos que lo acer­can a una de las par­tes y lo dis­tan­cian de la adver­sa­ria. Por estas razo­nes, y a pesar del pedido de algu­nos ami­gos que me dis­tin­guen con la lec­tura y comen­ta­rio que sue­len hacer de las refle­xio­nes que trato de difun­dir a tra­vés de este espa­cio, me he tomado un res­piro, he con­tado hasta diez y he pre­fe­rido obser­var aten­ta­mente lo que en las últi­mas sema­nas ha sig­ni­fi­cado el enfren­ta­miento mediá­tico y vio­lento entre dos de las ins­ti­tu­cio­nes más impor­tan­tes del país: El Arzo­bis­pado de Lima, repre­sen­tado por el Car­de­nal de la ciu­dad, Mon­se­ñor Juan Luis Cipriani y la Pon­ti­fi­cia Uni­ver­si­dad Cató­lica del Perú., para muchos, entre los cua­les me incluyo, el cen­tro de for­ma­ción uni­ver­si­ta­ria de mayor pres­ti­gio en nues­tro país.

Los días han trans­cu­rrido, y can­sado de ver cómo los medios de comu­ni­ca­ción y algu­nos perio­dis­tas, con­ver­ti­dos de un tiempo a esta parte en publi­cis­tas y faná­ti­cos defen­so­res del car­de­nal, vier­ten una serie de men­ti­ras sobre este dife­rendo, he tomado la deci­sión de pro­nun­ciarme con la fina­li­dad de acla­rar algu­nas medias ver­da­des o infie­les men­ti­ras, pro­pa­la­das por esta prensa, pro­ducto, espero yo, de la igno­ran­cia en temas de índole jurí­dico y no del evi­dente carga mon­tón que de un tiempo a esta parte se cierne sobre la uni­ver­si­dad con el único ánimo de res­tarle pres­ti­gio e impor­tan­cia en nues­tra comu­ni­dad, impul­sado, como tam­bién creo resulta evi­dente, por un sec­tor con­ser­va­dor e into­le­rante que busca hacer de la PUCP un cen­tro de for­ma­ción aca­dé­mico en el cual la crí­tica, la liber­tad, la tole­ran­cia y el res­peto por la plu­ra­li­dad de pun­tos de vista sean valo­res que se dero­guen y cedan posi­cio­nes frente al dis­curso mono­corde que desde muy arriba se pre­tende impo­ner por per­so­na­jes de espí­ritu y men­ta­li­dad pro­fun­da­mente ultramontanos.

El car­de­nal, mal acon­se­jado, segu­ra­mente por algu­nos abo­ga­dos ávidos de algu­nas mone­das, por­que para ganar dinero siendo abo­gado no se nece­sita tener de lado a la razón, al menos así parece ser en nues­tro país, afirma o quiere creer con fe ciega, con esa misma fe que él ha invo­cado tan­tas veces para defen­der las posi­cio­nes más retró­gra­das jamás vis­tas, tener dere­chos de pro­pie­dad sobre los bie­nes cedi­dos como legado por Riva Agüero a la PUCP. Pues bien, esta afir­ma­ción es abso­lu­ta­mente falsa, cual­quier per­sona que haya cur­sado los pri­me­ros ciclos de dere­cho en la uni­ver­si­dad más humilde de este país sabe la dis­tin­ción exis­tente entre la figura del Pro­pie­ta­rio y la del Alba­cea. Este dato es impor­tante pues si uno revisa el tes­ta­mento de Riva Agüero lle­gará a la con­clu­sión de que la par­ti­ci­pa­ción del Arzo­bis­pado de Lima en la Junta de Admi­nis­tra­ción de bie­nes ins­ti­tuida por el difunto es en cali­dad de alba­cea, por ello en el men­cio­nado texto se habla de “alba­ceazgo man­co­mu­nado” y no de copro­pie­dad entre esta ins­ti­tu­ción y la PUCP con res­pecto a los bie­nes cedidos.

¿Y qué hacen enton­ces los alba­ceas? Los alba­ceas, y así se señala expre­sa­mente en el Código Civil peruano y en toda la doc­trina escrita sobre el tema, admi­nis­tran la volun­tad del tes­ta­dor velando por el cum­pli­miento fiel de la misma, esa que en este caso en par­ti­cu­lar ha sido cum­plida en todos sus extre­mos. Riva Agüero dis­puso que los bie­nes pasa­sen a pro­pie­dad de la uni­ver­si­dad, sin nin­gún tipo deli­mi­ta­ción, res­tric­ción o con­di­ción, a los 20 años de su muerte y siem­pre que la PUCP siguiese fun­cio­nando como enti­dad edu­ca­tiva, con­di­ción que como todos sabe­mos se cum­plió a caba­li­dad. En tal sen­tido, pode­mos afir­mar sin lugar a equí­vo­cos que el patri­mo­nio de la PUCP, valo­ri­zado en varios millo­nes de dóla­res, de ahí la astu­cia y codi­cia de algu­nos por pre­sen­tarse como pro­pie­ta­rios cuando en reali­dad no lo son, resulta de la suma de los bie­nes lega­dos por Riva Agüero y de la explo­ta­ción que de ellos ha hecho la uni­ver­si­dad en cali­dad de pro­pie­ta­ria durante muchos años, ade­más del esfuerzo de sus tra­ba­ja­do­res y de las pen­sio­nes de los alum­nos y ex alum­nos, grupo este último entre los cua­les me encuentro.

Ahora bien, y como men­tir no cuesta nada, y mucho menos cuando se pone de garante a Dios, al Papa, a la Igle­sia Cató­lica, o a algu­nos mal inten­cio­na­dos polí­ti­cos que se pres­ta­ron al juego del car­de­nal e hicie­ron del besa manos una prác­tica dia­ria, se ha seña­lado tam­bién que la PUCP está obli­gada a modi­fi­car sus esta­tu­tos en los tér­mi­nos dic­ta­dos desde Roma por las auto­ri­da­des de la Santa Sede.

¿Por qué la PUCP no mues­tra un mayor res­peto por Roma y acata man­sa­mente sus órde­nes si es o se pro­clama “Cató­lica”? Pri­mero, por­que jurí­di­ca­mente hablando la uni­ver­si­dad, como cual­quier otra en nues­tro país, se rige por sus pro­pios esta­tu­tos y por la Cons­ti­tu­ción y las leyes de la Repú­blica. Segundo, por­que de acuerdo a la legis­la­ción vigente la PUCP elige a su rec­tor con el voto mayo­ri­ta­rio de la Asam­blea Uni­ver­si­ta­ria. Este dato es impor­tante ya que casual­mente lo que el Arzo­bis­pado de Lima quiere es que se modi­fi­que en el esta­tuto el modo de elec­ción de la máxima auto­ri­dad. Según el Arzo­bis­pado, la deci­sión final sobre quién asume el cargo de rec­tor lo debe tomar Roma y no este órgano de gobierno uni­ver­si­ta­rio. Si a eso le suma­mos que en 1978 mediante un Tra­tado fir­mado por El Vati­cano y el gobierno de nues­tro país, el pri­mero aceptó estas reglas de juego, no vemos cómo, o bajo que jus­ti­fi­ca­ción, 33 años des­pués, el car­de­nal pre­tende sen­tar en el edi­fi­cio del rec­to­rado a un amigo suyo y no a quien los alum­nos, los pro­fe­so­res y los miem­bros de la comu­ni­dad PUCP eli­gen libre­mente. Y ter­cero, por­que ceder a esta pre­sión abri­ría un espa­cio para la cen­sura o el veto de aca­dé­mi­cos e inte­lec­tua­les que siendo pro­fe­so­res de la PUCP no podrían acce­der a este cargo por el solo hecho de no comul­gar o defen­der las ideas del car­de­nal, dicho de manera más sen­ci­lla, nin­gún pro­fe­sor de corte libe­ral o pro­gre­sista sería ele­gido rec­tor por muchos que sean sus logros y triun­fos alcan­za­dos en el campo cien­tí­fico y aca­dé­mico, sobre todo si el “pen­sa­miento Cipriani” se impone, como al pare­cer sucede, sobre el de los demás entre el clero.

Algu­nas per­so­nas, entiendo yo, aje­nas a la comu­ni­dad PUCP, u otras muy cer­ca­nas pero sega­das por sus pro­pios pre­jui­cios y fobias más ínti­mas y per­so­na­les, creen ver en esta disputa una con­fron­ta­ción de tipo eco­nó­mico y comer­cial. Nada más ale­jado de la reali­dad. Defen­der la pro­pie­dad de la PUCP, defen­der la auto­no­mía y la inde­pen­den­cia de la uni­ver­si­dad, de todas las uni­ver­si­da­des del país, no supone única­mente velar por sus bie­nes o ren­tas, supone tam­bién, y creo que ello es lo más impor­tante, garan­ti­zar un espa­cio de diá­logo per­ma­nente, un espa­cio que por su pro­pia natu­ra­leza y deno­mi­na­ción debe ten­der a la expan­sión y a la difu­sión del cono­ci­miento uni­ver­sal de modo libre.

El pleito jurí­dico, como bien lo señalan algu­nos ana­lis­tas, es impor­tante, sin dudas es impor­tante, será en los tri­bu­na­les civi­les en los cua­les se deter­mine los alcan­ces del tes­ta­mento de Riva Agüero, y los dere­chos de pro­pie­dad exis­ten­tes sobre su legado, algo que en mi opi­nión no admite mayor dis­cu­sión, sin embargo, del otro lado tene­mos el debate social y polí­tico en torno al tipo de uni­ver­si­dad que se quiere cons­truir y los valo­res que se deben defen­der en estos espa­cios de cono­ci­miento. Defen­der la liber­tad de cáte­dra, la sana crí­tica, el diá­logo abierto y libre entre todos los miem­bros de una comu­ni­dad uni­ver­si­ta­ria son los ele­men­tos que carac­te­ri­zan una ense­ñanza demo­crá­tica en la cual nin­gún alumno, pro­fe­sor o per­so­nal admi­nis­tra­tivo es per­se­guido o cen­su­rado por el solo hecho de no com­par­tir una visión polí­tica, ideo­ló­gica o reli­giosa deter­mi­nada. Son estos los valo­res que casual­mente ha venido defen­diendo la PUCP a lo largo de toda su his­to­ria, incul­cando en sus alum­nos la nece­si­dad por la cons­truc­ción de un país más soli­da­rio, apo­yada en los prin­ci­pios de tole­ran­cia y plu­ra­lismo, tan impor­tan­tes en una socie­dad tan hete­ro­gé­nea como la nuestra.

Todo ello lo digo con la auto­ri­dad y el cono­ci­miento que me da el haber tenido el pri­vi­le­gio de estu­diar y de desem­pe­ñarme como asis­tente de cáte­dra, pri­mero, y como pro­fe­sor adjunto luego, en esta casa de estu­dios. En la uni­ver­si­dad, en mi uni­ver­si­dad, se res­pira un clima de liber­tad y fres­cura que hacen posi­ble un libre inter­cam­bio de ideas y pun­tos de vista. En mi uni­ver­si­dad no exis­ten libros prohi­bi­dos, como quizá lo pro­pon­dría Fran­cisco Tudela con auto­res como Lenin, Marx o Mao, tam­poco exis­ten pelí­cu­las prohi­bi­das, como seguro sería el deseo del car­de­nal Cipriani con films como La última Ten­ta­ción de Cristo, por ejem­plo. En mi uni­ver­si­dad se pro­pi­cia la lec­tura en todos su nive­les y en todas sus for­mas, y se pro­pende al debate entre alum­nos y pro­fe­so­res, por­que se entiende que el camino más cer­tero hacia el cono­ci­miento es la lec­tura y que más impor­tante que escu­char a los que pien­san como uno es tener la opor­tu­ni­dad de com­par­tir con aque­llos que pre­sen­tan pun­tos de vista anta­gó­ni­cos a los nues­tros, pues esa es la manera racio­nal de refor­zar nues­tras creen­cias, replan­tear­las o aban­do­nar­las por com­pleto pero de manera abso­lu­ta­mente libre sin pre­sio­nes de nin­gún tipo.

No soy cató­lico, nunca lo he sido, pero espero por el bien de la uni­ver­si­dad que la gra­cia de Dios recaiga sobre las men­tes de todos los cre­yen­tes invo­lu­cra­dos y les devuelva la cor­dura. Estoy seguro que este entuerto puede ser resuelto de manera amis­tosa, no existe nece­si­dad de tras­la­dar a los medios asun­tos que debie­ron ser resuel­tos al inte­rior de la pro­pia comu­ni­dad uni­ver­si­ta­ria. Resulta penoso ver cómo la máxima auto­ri­dad de la Igle­sia Cató­lica y el rec­tor de la más impor­tante uni­ver­si­dad del país se sumer­gen en un fuego cru­zado de insul­tos, impro­pe­rios y adje­ti­vos agra­vian­tes. El pro­blema, para la igle­sia, como lo hace notar con inte­li­gen­cia la perio­dista y abo­gada, Rosa María Pala­cios, ex alumna de la PUCP, a la cual pue­den acu­sar de todo menos de no ser una mujer cató­lica, apos­tó­lica y romana mili­tante, es que cuando el rec­tor de una uni­ver­si­dad se equi­voca, genera un pasivo que debe ser asu­mido por los miem­bros de su uni­ver­si­dad, pero cuando la máxima auto­ri­dad ecle­sial miente, difama, y ame­naza con el apoyo de “los de siem­pre” quien debe hacerse cargo de esa deuda es toda la feli­gre­sía. Los cató­li­cos de nues­tro país no se mere­cen este fes­tín de inju­rias y calum­nias, los perua­nos no nos mere­ce­mos esto, pero sobre todo, los alum­nos de esta casa de estu­dios no mere­cen ver alte­rado su desa­rro­llo aca­dé­mico y per­so­nal por la tor­peza de estos hom­bres. Ya viene siendo hora que esto acabe, el rec­tor debe mos­trar fir­meza en la defensa de sus fue­ros pero al mismo tiempo res­peto por las auto­ri­da­des ecle­sia­les y el car­de­nal Cipriani, deberá dejar de lado sus pre­jui­cios, sus mie­dos, sus odios hacia todo aquel que se siente a su izquierda y quiera ser libre, pues de no ser así, ter­mi­nará siendo recor­dado como “El Gran Can­ci­ller del odio, la codi­cia y el embuste”.

Rafael Rodrí­guez Campos

http://www.agoraabierta.blogspot.com

Convocatoria al séptimo Foro de la Juventud, periodistas y blogueros

 

Una opor­tu­ni­dad interesante

UNESCO

Como usted sabe, el 7 º Foro de la Juven­tud de la 36ª Con­fe­ren­cia Gene­ral de UNESCO se cele­brará del 17 al 20 octu­bre 2011.

Fun­dada en 1999, el Foro de la Juven­tud se ha con­ver­tido en una parte inte­gral de la más alta de la UNESCO órgano de deci­sión — la Con­fe­ren­cia Gene­ral. Que reúne a jóve­nes dele­ga­dos de todo el mundo para inter­cam­biar opi­nio­nes, com­par­tir expe­rien­cias e iden­ti­fi­car las opor­tu­ni­da­des y desa­fíos comunes.

Como parte del Foro de la Juven­tud 7, la UNESCO ofre­cerá a cinco jóve­nes perio­dis­tas y blog­gers la opor­tu­ni­dad de par­ti­ci­par en el evento de París. Perio­dis­tas y blog­gers que han sido selec­cio­na­dos para asis­tir a la 7 º Foro de la Juven­tud de la UNESCO será capaz de rela­cio­narse con los jóve­nes dele­ga­dos de 193 paí­ses, con miem­bros clave de las orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les y con orga­ni­za­cio­nes no gubernamentales.

Un joven blog­ger de cada una de las cinco regio­nes cons­ti­tu­yen­tes de la UNESCO (África, Esta­dos Árabes, Asia y el Pací­fico, Europa y Amé­rica del Norte y Amé­rica Latina y el Caribe) serán seleccionados.

El plazo de soli­ci­tud es Jue­ves, 15 de sep­tiem­bre 2011.

Jóve­nes perio­dis­tas y blog­gers tie­nen tres fun­cio­nes: En pri­mer lugar, se ase­gu­rará la cober­tura interna del Foro a tra­vés de blogs, artícu­los, clips de vídeo, la cober­tura de radio y otros medios per­ti­nen­tes. En segundo lugar, será res­pon­sa­ble de infor­mar sobre las noti­cias del foro en sus comu­ni­da­des loca­les y regio­na­les, redes y orga­ni­za­cio­nes. En ter­cer lugar, que acom­pa­ñará a la acción de los dele­ga­dos de la juven­tud en la imple­men­ta­ción de las reco­men­da­cio­nes del Foro en las regiones.

A con­ti­nua­ción se pre­sen­tan los cri­te­rios bási­cos de selec­ción y los pro­ce­sos de soli­ci­tud y selección.

Las soli­ci­tu­des debe­rán enviarse a youth@unesco.org con la refe­ren­cia “Apli­ca­ción de la Juven­tud en el blog de ​​la 7º Foro de la Juventud ”

Los via­jes en avión y alo­ja­miento para los jóve­nes perio­dis­tas y blog­gers selec­cio­na­dos serán cubier­tos por la UNESCO.

Al infor­mar sobre los deba­tes del Foro de la Juven­tud, las acti­vi­da­des regio­na­les de segui­miento y resul­ta­dos, el young­jour­na­lists y blog­gers direc­ta­mente para mejo­res resultados.

Espe­ra­mos con inte­rés reci­bir sus aplicaciones!

UNESCO — Sec­ción de Edu­ca­ción de la Juven­tud y el Deporte.

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Cri­te­rios para la selección

Requi­si­tos gene­ra­les para los jóve­nes perio­dis­tas y blogueros:

Ser meno­res de 30 años de edad.

Para el perio­dismo (en línea, impre­sión, foto, video, radio) y / o expe­rien­cia en los blogs.

Para tener un cono­ci­miento prác­tico de Inglés y / o fran­cés. El cono­ci­miento de otro de los seis idio­mas ofi­cia­les de Nacio­nes Uni­das (árabe, chino, Inglés, fran­cés, ruso y español)

Pro­ceso de selección

El comité de selec­ción de la Sec­ción de la UNESCO para la Edu­ca­ción de la Juven­tud, el Deporte y está bus­cando a jóve­nes perio­dis­tas y blog­gers basado en los cri­te­rios ante­rio­res. La selec­ción final se ten­drán en cuenta la repre­sen­ta­ción de las cinco regio­nes de la UNESCO, las len­guas y la pari­dad de género.

Docu­men­tos reque­ri­dos para el pro­ceso de selección

  • CV
  • Una breve carta de presentación.
  • Artícu­los en línea, videos, etc que demues­tran expe­rien­cia en perio­dismo.
  • Nom­bre y correo elec­tró­nico de dos refe­ren­cias de per­so­nas que están fami­lia­ri­za­dos con el tra­bajo de los blog­ger de la juventud.

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Fuente: Sha­ba­bu­nesco