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Cristina Fernández de Kirchner hace historia en Argentina

octubre 30, 2011
Cris­tina Fer­nán­dez de Kir­ch­ner alcanza una vic­to­ria polí­tica his­tó­rica en Argentina

Sólo un can­di­dato pre­si­den­cial, sólo un hom­bre, Juan Domingo Perón, tres veces pre­si­dente, logró una vota­ción supe­rior (61.8%) a la que Cris­tina Fer­nán­dez alcanzó en las últi­mas elec­cio­nes pre­si­den­cia­les en Argen­tina (más del 53%). La ten­den­cia elec­to­ral mar­cada desde las pri­ma­rias de agosto se con­so­lidó a lo largo de los últi­mos meses, for­ta­le­ciendo la posi­ción de las fuer­zas del Par­tido Jus­ti­cia­lista, aglu­ti­na­das en torno al kir­ch­ne­rismo, dán­dole una arro­lla­dora vic­to­ria a Cris­tina Fernández.

El resul­tado final, como muchos ana­lis­tas lo seña­lan, era más que pre­vi­si­ble, Cris­tina Fer­nán­dez logró alcan­zar en su reelec­ción el regis­tro elec­to­ral más alto desde la recu­pe­ra­ción de la demo­cra­cia Argen­tina en 1983, superando incluso, las vota­cio­nes obte­ni­das por líde­res caris­má­ti­cos como Ricardo Alfon­sín y Car­los Menen. Con esta vic­to­ria, Cris­tina Fer­nán­dez logra un ter­cer man­dato con­se­cu­tivo para el jus­ti­cia­lismo, algo que no tenía ante­ce­dente en la his­to­ria reciente argen­tina. El único momento en la his­to­ria polí­tica argen­tina en el cual un único par­tido logró pro­lon­gar su man­dato guber­na­men­tal por tres perio­dos con­se­cu­ti­vos se regis­tró en los albo­res del siglo XX, con los dos perio­dos de Hipó­lito Iri­go­yen y uno de Mar­celo Tor­cuato de Alvear (14 años con­se­cu­ti­vos), ambos, figu­ras impor­tan­tes del Par­tido Radi­cal argen­tino. Con esta vic­to­ria, Cris­tina Fer­nán­dez escribe su nom­bre y el de su par­tido en los anales de la his­to­ria, por ser la pri­mera can­di­data en darle al pero­nismo una ter­cera vic­to­ria con­se­cu­tiva y por ser la pri­mera mujer en alcan­zar una reelección.

Cris­tina Fer­nán­dez pro­lon­gará su man­dato hasta el año 2015, con una vota­ción mayor al 53% del elec­to­rado, pul­ve­ri­zando de manera cate­gó­rica los sue­ños de los repre­sen­tan­tes de la opo­si­ción, obte­niendo una ven­taja his­tó­rica de 37 pun­tos a su más cer­cano per­se­gui­dor, el gober­na­dor socia­lista de Santa Fe, Her­mes Bin­ner que obtuvo casi el 17% de las pre­fe­ren­cias elec­to­ra­les. Muy por detrás de ellos, se ubicó Ricardo Alfon­sín, radi­cal de cuna, líder de la Unión para el Desa­rro­llo Social. El cuarto lugar fue para Alberto Rodrí­guez Saá, gober­na­dor de San Luís y can­di­dato por Com­pro­miso Fede­ral. Siendo los gran­des per­de­do­res de la jor­nada, el ex pre­siente pero­nista Eduardo Duhalde y la dipu­tada Elisa Carrió, quie­nes ocu­pa­ron el quinto y sép­timo lugar, res­pec­ti­va­mente. Atrás quedó ese 23% que Carrió obtuvo en las pre­si­den­cia­les de 2007 y que la ubicó en el segundo lugar de las preferencias.

Cabe seña­lar que en los últi­mos comi­cios elec­to­ra­les no sólo estuvo en juego la Pre­si­den­cia de la Repú­blica Argen­tina, sino tam­bién la elec­ción de miem­bros del par­la­mento y gober­na­do­res, auto­ri­da­des, que depen­diendo de los resul­ta­dos fina­les, podrían haber equi­li­brado la lucha de pode­res exis­tente entre jus­ti­cia­lis­tas y radi­ca­les a lo largo de toda la his­to­ria polí­tica gau­cha. Sin embargo, el resul­tado fue el mismo, el kir­ch­ne­rismo logró la mayo­ría abso­luta en el par­la­mento, con­so­lidó un blo­que de 37 esca­ños de un total de 72 en el Senado y recu­peró la mayo­ría en la cámara de Dipu­tados, per­dida en las elec­cio­nes legis­la­ti­vas de 2009. Asi­mismo, el par­tido de gobierno tam­bién se ase­guró la admi­nis­tra­ción de 20 de las 24 pro­vin­cias luego de haber triun­fado en los nueve dis­tri­tos que ele­gían gober­na­dor, con figu­ras como Daniel Scioli en Bue­nos Aires, quién obtuvo el 57% de los votos, y el de Fran­cisco Pérez, quien ven­ció en Men­doza, a un for­tí­simo can­di­dato radi­cal como Roberto Igle­sias. Visto el mapa elec­to­ral nacio­nal argen­tino, pode­mos afir­mar que sólo la ciu­dad de Bue­nos Aires, Santa Fe, San Luis y Corrien­tes tie­nen un can­di­dato opositor.

Las esta­dís­ti­cas son abru­ma­do­ras, el kir­ch­ne­rismo ha logrado con­cen­trar la mayor fuerza polí­tica de la his­to­ria. Más allá de los núme­ros y las cifras, lo más tras­cen­dente, seña­lan los espe­cia­lis­tas argen­ti­nos, es la den­si­dad del poder popu­lar, ins­ti­tu­cio­nal y polí­tico que podrá admi­nis­trar Cris­tina Fer­nán­dez en los pró­xi­mos cua­tro años. El elec­to­rado ha optado por man­te­ner el rumbo de los últi­mos años, las cifras son incon­tes­ta­bles, ha pri­mado en el ima­gi­na­rio polí­tico argen­tino un sen­ti­miento de pro­fundo con­ser­va­du­rismo, nadie ha que­rido arries­gar lo poco o mucho que se ha con­se­guido en el segundo periodo kir­ch­ne­rista. Popu­lista o no, clien­te­lista o no, inter­ven­cio­nista o no, esta­tista o no, el modelo impuesto desde el gobierno parece haber sedu­cido a la inmensa mayo­ría del pue­blo argentino.

La expan­sión eco­nó­mica argen­tina, los pla­nes de ayuda social a los más pobres, los sub­si­dios al trans­porte y a la ener­gía, así como la figura caris­má­tica de Cris­tina Fer­nán­dez, que­rida y res­pe­tada por los sec­to­res menos favo­re­ci­dos en la Argen­tina, han sido, sin lugar a dudas, los pun­tos cla­ves de esta hazaña polí­tica. Si a eso le suma­mos la inca­pa­ci­dad del resto de par­ti­dos para esta­ble­cer acuer­dos y con­sen­sos que arro­ja­sen una única can­di­da­tura de opo­si­ción, capaz de capi­ta­li­zar el des­con­tento que muchas de las polí­ti­cas ofi­cia­lis­tas han gene­rado entre la clase media y los sec­to­res con­ser­va­do­res durante los últi­mos años, con una pro­puesta de gobierno cen­trista y atrac­tiva que ampliase el espec­tro polí­tico argen­tino, lo ocu­rrido en estas elec­cio­nes no es otra cosa que la cró­nica de una vic­to­ria anun­ciada. Una vic­to­ria que erige al pero­nismo (a pesar de sus his­tó­ri­cas dispu­tas inter­nas vivi­das desde la muerte de su líder) como el movi­miento con mayor fuerza nacio­nal y al radi­ca­lismo y movi­mien­tos disi­den­tes, res­pec­ti­va­mente, como par­ti­dos inca­pa­ces de hacerle som­bra, al menos no durante algún tiempo.

Este enorme poder polí­tico, este amplio manejo que podrá ejer­cer Cris­tina Fer­nán­dez resulta preo­cu­pante para un impor­tante sec­tor de la pobla­ción argen­tina, quien teme que el estilo auto­ri­ta­rio, ver­ti­cal y rígido, ter­mine por mar­car la tónica del gobierno, de un gobierno que teniendo la con­vic­ción de no deberle nada a nadie, estime que puede hacer y des­ha­cer a su antojo sin tener que ren­dirle cuen­tas a nadie, mucho menos a una opo­si­ción inexis­tente que al pare­cer ha per­dido en estos últi­mos tiem­pos el sen­tido de la historia.

El gobierno girará en torno a la figura de Cris­tina Fer­nán­dez. Por su estilo social y su pasado polí­tico, se sabe que el círculo de con­se­je­ros y ami­gos cer­ca­nos a la pre­si­denta es muy redu­cido, que las deci­sio­nes de gobierno, de las más insig­ni­fi­can­tes a las más impor­tan­tes, son toma­das única­mente por Fer­nán­dez y su sole­dad, sobre todo luego de la par­tida de su esposo, el pre­si­dente Nes­tor Kir­ch­ner, que la voz de la pre­si­denta eclipsa a todas las demás, y que su voca­ción por la mono­po­li­za­ción del debate polí­tico muchas veces le ha abierto fren­tes incluso al inte­rior de su movi­miento. Ella sabe que en este segundo man­dato todas las luces y reflec­to­res se posa­rán sobre ella, que el aplauso o rechazo de la pobla­ción ante su con­ducta será directo, que está sola, que ella será el único artí­fice de sus triun­fos y la única res­pon­sa­ble de sus fra­ca­sos. Todo esto que puede ser una for­ta­leza, puede tam­bién ser su mayor debi­li­dad, sin inter­me­dia­rios que sir­van como para­rra­yos ante los pro­ble­mas y las cri­sis que todo gobierno atra­viesa, la pre­sen­cia mediá­tica de su figura puede ter­mi­nar per­diendo apoyo, des­gas­tán­dose más rápido de lo pre­visto. En todo caso, la ausen­cia de una posi­ción cohe­rente y media­na­mente arti­cu­lada, capaz de explo­tar los erro­res del gobierno, le dan un campo de acción mayor y un poder nunca antes visto.

Cris­tina Fer­nán­dez tiene la posi­bi­li­dad his­tó­rica de hacer un gobierno para el recuerdo, tiene la mesa ser­vida para pro­fun­di­zar las refor­mas socia­les nece­sa­rias para superar los pro­ble­mas que la cri­sis de inicios de siglo generó en su país. Al mismo tiempo, Cris­tina Fer­nán­dez deberá sal­dar algu­nas deu­das de gobierno que aún no honra, la mejora de los ser­vi­cios socia­les, la lucha con­tra la corrup­ción guber­na­men­tal, el res­peto por las liber­ta­des civi­les, la mejora de su rela­ción con los medios de comu­ni­ca­ción (Cla­rín y La Nación, por citar sólo algu­nos), la pre­ser­va­ción del ritmo de cre­ci­miento exhi­bido durante los últi­mos años, la diver­si­fi­ca­ción de sus expor­ta­cio­nes y la con­so­li­da­ción de la ins­ti­tu­cio­na­li­dad argen­tina, son algu­nos de los temas que enca­be­zan la lista de prio­ri­da­des del nuevo gobierno.

La cam­paña elec­to­ral ya quedó atrás, a pesar de lo peli­groso que resulta para la salud demo­crá­tica de un pue­blo la con­cen­tra­ción casi abso­luta del poder polí­tico en un único par­tido o en una única per­sona, como parece ser este el caso, la nación argen­tina habló en las urnas, y pre­fi­rió a la figura fuerte de Cris­tina que al vació de poder que muchos veían en la opo­si­ción. Man­te­ner el rumbo, el orden, la tran­qui­li­dad que­bra­dos antes de 2003, han sido la apuesta del elec­to­rado, pero ahora el kir­ch­ne­rismo debe enfren­tar otros retos e inau­gu­rar un nuevo capí­tulo en la larga novela peronista.

Se pre­sume que la Argen­tina ten­drá menos cre­ci­miento durante los pró­xi­mos meses, difi­cul­ta­des por el incre­mento de la tasa infla­cio­na­ria y pro­ble­mas por el valor del dólar. En lo inme­diato, el kir­ch­ne­rismo deberá fre­nar la fuga de capi­ta­les, la misma que hasta sep­tiem­bre bor­deó los 19 mil millo­nes de dóla­res y agregó unos 800 millo­nes más en la pri­mera semana de octu­bre. Para ello, es nece­sa­rio mar­car dis­tan­cia con sec­to­res radi­ca­les, que ape­lando a un dis­curso pura­mente ideo­ló­gico y carente de sus­tento téc­nico alguno, se nie­gan a imple­men­tar polí­ti­cas fis­ca­les res­pon­sa­bles. El gobierno de Fer­nán­dez, como opi­nan algu­nos, deberá ten­der puen­tes de diá­logo con el sec­tor empre­sa­rial, finan­ciero, bur­sá­til y comer­cial. Sólo así podrá hacer frente a pro­ble­mas como el retraso cam­bia­rio, los des­ajus­tes fis­ca­les y el achi­ca­miento del supe­rá­vit comer­cial. En tal sen­tido, Cris­tina Fer­nán­dez, deberá tomar deci­sio­nes rápi­das para evi­tar mayo­res des­ajus­tes, lo pri­mero, como ocu­rre en este tipo de situa­cio­nes, será nom­brar a un equipo téc­nico de nivel que sea capaz de brin­dar tran­qui­li­dad a los mer­ca­dos finan­cie­ros, los mis­mos que aún tie­nen dudas sobre el dis­curso, muchas veces ambi­guo, del gobierno, sin que ello sig­ni­fi­que, como a veces se trata de hacer creer a la pobla­ción, la renun­cia a los idea­les de jus­ti­cia social enar­bo­la­dos por la pre­si­dente y su par­tido a lo largo de su historia.

Que el poder no obnu­bile a Cris­tina Fer­nán­dez, que la mesura polí­tica, el res­peto por el adver­sa­rio y la res­pon­sa­bi­li­dad eco­nó­mica se ins­ta­len en Casa Rosada y se pro­yec­ten a toda la nación argen­tina, que el auto­ri­ta­rismo pero­nista de un impor­tante sec­tor del gobierno ceda frente a las prác­ti­cas demo­crá­ti­cas de toda socie­dad abierta, que la prensa no se vea per­se­guida por los adic­tos al régi­men ni por la clien­tela que trata de apro­ve­char la mili­tan­cia par­ti­da­ria para copar los pues­tos públi­cos, que los par­ti­dos de opo­si­ción se rees­truc­tu­ren y sean capa­ces de vigi­lar y fis­ca­li­zar al gobierno y que la socie­dad argen­tina no renun­cie a los idea­les de jus­ti­cia social y liber­tad, son los deseos que alber­ga­mos todos los que habi­ta­mos en esta patria grande lla­mada Sudamérica.


Rafael Rodrí­guez Campos

Escribe en www.agoraabierta.blogspot.com

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