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Profetas como Steve Jobs condenan a la humanidad a la más cruel de las esclavitudes

octubre 28, 2011

La depen­den­cia tec­no­ló­gica es bru­tal y des­pia­dada hasta el punto que tene­mos que des­ti­nar buena parte de nues­tros ingre­sos a pagar las fac­tu­ras del telé­fono, inter­net y demás ser­vi­cios telemáticos

Steve Jobs — CEO

Res­pecto de lo que se cree del CEO gurú Ste­ven Jobs, muchos de sus inven­tos han calado en el incon­ciente colec­tivo de la huma­ni­dad solo para retra­sar un poco más su inte­li­gen­cia, para hacerlo más super­fi­cial y menos activo hasta dis­traerlo del pen­sa­miento natu­ral y des­bor­darlo al con­su­mismo sal­vaje . No digo que esto nece­sa­ria­mente sea nega­tivo, cada uno es libre y tiene dere­cho de ele­gir su medio de entre­te­ni­miento, pero los que enten­de­mos un poco más de temas infor­má­ti­cos tene­mos con­cien­cia de que sus inven­tos de corta dura­ción, sus con­tri­bu­cio­nes tec­no­ló­gi­cas iban de acuerdo a sus férreos intere­ses económicos.

Jobs tenía la faci­li­dad de ir de empresa en empresa inno­vando el apa­rato que ayer había­mos adqui­rido, hasta dejarlo eco­nó­mi­ca­mente super­ren­ta­ble. Por supuesto que su muerte no deten­drá sus inven­tos crea­dos para hacer­nos más idiotas.

Al res­pecto un com­pleto y arrie­gado artículo extra­ido de La Haine de Car­los de Urabá:

Pro­fe­tas como Steve Jobs con­de­nan a la huma­ni­dad a la más cruel de las esclavitudes

Por culpa del mal tiempo tuve que espe­rar más de cinco horas la salida de mi vuelo a Madrid en el aero­puerto de Gua­rul­hos en Sao Paulo. Algo que he detes­tado siem­pre son esas salas ates­ta­das de pasa­je­ros som­no­lien­tos y abu­rri­dos que aguar­dan una lla­mada para embar­car. Enton­ces resig­nado a mi suerte me puse a pasear por la ter­mi­na­les de vue­los inter­na­cio­na­les. El aero­puerto de Gua­rul­hos es gigan­tesco y la gente viene y va apre­su­rada por los lar­gos pasi­llos empu­jando los carri­tos car­ga­dos de male­tas. Al obser­var el pano­rama durante algu­nos minu­tos me quedé total­mente per­plejo. pero, ¿qué es esto? los pasa­je­ros sen­ta­dos en las amplias salas como si fue­ran galli­nas pico­tea­ban ham­brien­tos el pienso vir­tual en sus compu­tado­res per­so­na­les, en su telé­fo­nos per­so­na­les, en su tableta iPod personal.

Claro, la clave de éxito es man­te­ner ocu­pada la mente y lle­nar el vacío que nos acon­goja. Los indi­vi­duos sin pes­ta­ñear con las pupi­las dila­ta­das ensi­mis­ma­dos nave­ga­ban en un reali­dad para­lela, por otros mun­dos qui­zás más atrac­ti­vos y emo­cio­nan­tes que este. Sus ros­tros no expre­sa­ban nin­gún sen­ti­miento ni ale­gría ni de tris­teza, nadie te saluda, no existe la comu­ni­ca­ción ni ver­bal ni cor­po­ral ni nada por el estilo, cada quien engor­dando su ego con­cen­tra­dos en sus mas­tur­ba­cio­nes men­ta­les. Silen­cio, por favor, que hay res­pe­tar pri­va­ci­dad de las coba­yas. Incluso algu­nos faná­ti­cos mane­ja­ban tres telé­fo­nos móvi­les; el del tra­bajo, el de la fami­lia y el de la amante. En el colmo de la gula varias pan­ta­llas gigan­tes de tele­vi­sión tras­mi­tían un variado menú vía saté­lite. Si supie­ran que yo ape­nas cargo en mi male­tín un lápiz y una libreta ¡que ver­güenza! ¿Qué dirán de mi? que soy un inadap­tado, un ser prehis­tó­rico de la edad de pie­dra. Cuando te pre­sen­tas a alguien ya no te pre­gun­tan por tu nom­bre sino cuál es el número de tu telé­fono móvil, cuál es tu email o si per­te­ne­ces a Face­book o a Mys­pace. Esa es tu identidad.

Todos los indi­vi­duos cor­ta­dos con la misma tijera y ves­ti­dos con los mis­mos tra­jes, la misma cor­bata, los mis­mos zapa­tos, comiendo lo mis­mos sand­wi­ches y ham­bur­gue­sas. Una exi­tosa clo­na­ción que envi­dia­rían los crea­do­res del la oveja Dolly. No con­ten­tos los pla­ni­fi­ca­do­res o gran­des her­ma­nos con­du­cen al redil por los pasi­llos hasta los esta­blos del duty free, las cafe­te­rías o res­tau­ran­tes. El bom­bar­deo de pro­pa­ganda no cesa ni un ins­tante: com­pra este, com­pra el otro; hoy esta­mos de reba­jas, ¡apro­ve­cha pen­dejo! más telé­fo­nos inte­li­gen­tes, PC mági­cos, cáma­ras foto­grá­fi­cas de alta defi­ni­ción, el último grito de la moda, per­fu­mes, des­odo­ran­tes, trago fino, whisky, vodka, tabaco. ¡Y yo con unos cuan­tos dóla­res mano­sea­dos en los bol­si­llos que no me alcan­zan ni para un perrito caliente!

Lo que más me impactó fue el com­por­ta­miento feme­nino. Que ale­gría se les marca en el ros­tro a ellas cuando des­cuel­gan sus telé­fo­nos móvi­les y vani­do­sas con­tes­tan ali­sán­dose el pelo. “¡Hello! ¡Hello! My dar­ling. Fine, thanks” –por­que en esta secta sólo se habla en inglés– Las urra­cas par­lan­chi­nas pue­den pasarse horas y horas de chá­chara. ¿qué estu­pi­de­ces habla­rán ? –no quiero ni saberlo. Con razón las gran­des mul­ti­na­cio­na­les de tele­fo­nía móvil dupli­can o tri­pli­can cada año sus ganan­cias. La psi­co­lo­gía feme­nina ha sido estu­diada a con­cien­cia por los exper­tos en un afán por des­ve­lar sus pun­tos fla­cos. Para la mujer – igual para los hombres-es fun­da­men­tal verse refle­jada en el espejo de Nar­ciso; el espe­jito mágico ante el que maqui­llarse, pei­narse, sen­tirse atrac­ti­vas, desea­das y reci­bir esos piro­pos ciber­né­ti­cos que les sublime el super ego. Te amo, te quiero –les susu­rra el androide con voz aca­ra­me­lada– pes­ta­ñea un cora­zon­cito en la pan­ta­lla HD del compu­tador, del telé­fono móvil o del iPod 4S y ellas sus­pi­ran exta­sia­das. Esto vale más que extraer millo­nes de barri­les de petróleo.

Me fui al baño a ori­nar y ¡adi­vi­nen lo que me encon­tré en el retrete! a un japo­nes jugando al poker en su tableta iPod !no puede ser! todo esto supe­raba cual­quier pelí­cula de cien­cia fic­ción. Vaya mierda en lo que ha con­ver­tido al mundo nues­tra civi­li­za­ción super­in­dus­tria­li­zada. Se me revol­vie­ron las tri­pas, que­ría salir corriendo y esca­par a algún paraíso per­dido. Pero, ¿adónde? tan sólo tenía un billete para ir a Madrid donde el guión de la come­dia se repite al pie de la letra.

El espí­ritu comu­ni­ta­rio y tri­bal que es uno de los ras­gos carac­te­rís­ti­cos del ser humano inexo­ra­ble­mente se extin­gue. Los autis­tas cual esta­tuas de pie­dra con el culo ator­ni­llado a los asien­tos siguen des­ci­frando los jero­glí­fi­cos en sus compu­tado­res. Otros enchu­fa­dos a sus auri­cu­la­res y micró­fo­nos ultra­sen­si­bles hablan con las pare­des en un des­qui­ciado soli­lo­quio. La pala­bra carece de valor, el con­ver­sar, el inter­cam­biar ideas y opi­nio­nes es una debi­li­dad humana caduca y retró­grada. Para estos autó­ma­tas no existe otro len­guaje que el de los íconos, las imá­ge­nes reto­ca­das en pho­tos­hop, los códi­gos y nue­vos géne­ros dis­cur­si­vos donde se uti­li­zan los emo­ti­co­nes que dan expre­sión facial y ges­tual a la per­so­na­li­dad virtual.

A los pocos días de regre­sar a mi casa los noti­cie­ros tras­mi­tie­ron una noti­cia urgente: Steve Jobs, el super­hé­roe ciber­né­tico, ha muerto. ¡oh, una tra­ge­dia griega de dimen­sio­nes pla­ne­ta­rias! Los chi­nos llo­ran, los indios llo­ran, los negros llo­ran, los cara­pá­li­das llo­ran. Tre­mendo bata­cazo para sus incon­di­cio­na­les. Se murió el mago de los ton­tos y todos sus deu­dos repar­ti­dos por los cinco con­ti­nen­tes se sien­ten unos pobres huer­fa­ni­tos. Claro, Steve era un ejem­plo a seguir, un triun­fa­dor nato salido de la nada. Un empre­sa­rio frío y cal­cu­la­dor que revo­lu­cionó el mundo de la infor­má­tica junto Billy Gates y demás lum­bre­ras del Sili­con Valley.

Los titu­la­res de la prensa son más que elo­cuen­tes: « Murió Steve Jobs, el Leo­nardo da Vinci del siglo XXI » « Duelo por el genio inno­va­dor » « Adiós al gurú de la era ciber­né­tica » Este meque­trefe, que amasó una for­tuna astro­nó­mica ven­diendo pienso vir­tual a las coba­yas, no es más que un burdo ladrón que nos roba el tesoro más pre­ciado: el tiempo. Aun­que nos cueste acep­tarlo somos efí­me­ros y nos pasa­mos horas, días, años, déca­das rela­cio­nán­do­nos por entero con las maqui­ni­tas y arti­lu­gios infor­má­ti­cos. Uno de sus lemas pre­fe­ri­dos es « si quie­res pue­des volar sólo hace falta volun­tad » Papá Steve estoy abu­rrido ¿qué hago? Las mari­po­si­tas revo­lo­tean alre­de­dor de una luce­sita, dan­zan exta­sia­das dis­fru­tando de los orgas­mos múl­ti­ples marca Apple o Micro­soft. « Gra­cias a Jobs soy más inte­li­gente » « mi Mac es inmor­tal » « Soy pobre pero voy a aho­rrar para com­prarme un Mac » Ni siquiera los niños se sal­van de la peste digi­tal pues desde muy tem­prana edad domi­nan los orde­na­do­res, el inter­net, el chat o los telé­fo­nos móvi­les, adic­tos a los jue­gue­ci­tos de Atari, al brea­ckout, la Play Sta­tion, el Nin­tendo. La buena crianza de los cacho­rros es vital para ase­gu­rar la super­vi­ven­cia de la especie.

Apple no ha inven­tado nin­gún soft­ware ni nin­gún hard­ware sino que ha pira­teado o com­prado las paten­tes. Ipod ya exis­tía con el nom­bre de Mp3 pero el diseño del objeto es el que marca la dife­ren­cia. Los inge­nie­ros de Apple diri­gi­dos por Jobs le da un toque espe­cial, un diseño sen­sual y una esté­tica mini­ma­lista a cada uno de sus pro­duc­tos. Cuando los aca­ri­cia­mos son ter­sos y sua­ves y nos pro­voca un impulso irre­fre­na­ble poseer­los. El secreto está en esti­mu­lar el sen­tido del tacto, el de la vista y del oído; que suene la musi­quita celes­tial, que titi­len las luce­si­tas en la pan­ta­lla HD y la yema de los dedos con un « one touch » nos con­duzca al país de las maravillas.

Los con­su­mi­do­res del mundo espe­ra­ban ansio­sos nove­da­des que Jobs les tenía reser­va­das. El sumo pon­tí­fice en el altar mayor pre­sen­taba los nue­vos pro­duc­tos Apple en medio mon­taje inter­ga­lác­tico de rayos láser y fue­gos arti­fi­cia­les. Los fie­les aplau­dían his­té­ri­cos al hijo de Dios ¡hosana hosana! ya ha caído el ben­dito maná del cielo: el iPod, el Mac­Book, el Nano, el Mac­book Air, el Shuf­fle, el iPhone, el iPhad. más LSD, más opio, más cocaína. Steve Jobs esta­ble­ció una depen­den­cia afec­tiva con sus clien­tes que lo con­si­de­ra­ban el guía, el padre o el maestro.

Hoy la tec­no­lo­gía se erige como el único Dios ver­da­dero. De nada valen las abs­trac­cio­nes mís­ti­cas o espe­cu­la­cio­nes meta­fí­si­cas. El mate­ria­lismo ha ganado la bata­lla. Las máqui­nas, la robó­tica y la inte­li­gen­cia arti­fi­cial nos hacen la vida más sen­ci­lla pues nos libe­ran de los tra­ba­jos más pesa­dos y nos brinda más tiempo de ocio. Tiempo que pasa­mos atra­pa­dos en esa tela­raña del Inter­net, en el Twit­ter, el chat, la tele­fo­nía móvil o la tele­vi­sión digital.

El estado poli­cial al ser­vi­cio de la demo­cra­cia gra­cias a los ade­lan­tos tec­no­ló­gi­cos con­tro­lan nues­tras vidas. Los agen­tes de « inte­li­gen­cia » son capa­ces de inda­gar y escru­tar lo más pro­fundo de nues­tro ser; cada correo, cada lla­mada tele­fó­nica, las cuen­tas ban­ca­rias, nues­tros vicios y debi­li­da­des. Todos esta­mos bajo sos­pe­cha. Los perros sabue­sos hus­mean ras­treando nues­tras hue­llas, nos tie­nen ficha­dos, nos obser­van con sus saté­li­tes y las cáma­ras de segu­ri­dad. Nues­tro his­to­rial está escrito con letras mayús­cu­las en los archi­vos infor­ma­ti­za­dos de la cen­tral de datos. The big brot­her wat­ching you

La infor­ma­ción es poder. las gran­des mul­ti­na­cio­na­les de EEUU, Europa o el Japón mono­po­li­zan el sec­tor de las comu­ni­ca­cio­nes e impo­nen la dic­ta­dura tec­no­ló­gica. Ellos son los due­ños de los paten­tes y los dere­chos de tras­mi­sión, ellos son los patro­nes de la aldea glo­bal y noso­tros los sier­vos que aca­ta­mos las órde­nes. No se lucha por una socie­dad más justa y equi­ta­tiva sino por eter­ni­zar el impe­rio capi­ta­lista a nivel planetario.

¿Quién se atreve a cri­ti­car la socie­dad del bie­nes­tar? no pode­mos que­dar­nos rele­ga­dos a un pasado caver­na­rio pues per­te­ne­ce­mos a la civi­li­za­ción del futuro. Los avan­ces cien­tí­fi­cos nos hacen más inte­li­gen­tes y más com­pe­ti­ti­vos al aumen­tar la capa­ci­dad de alma­ce­na­miento de nues­tra mente. De esta forma somos capa­ces de con­tras­tar los datos, abrir infi­ni­dad de docu­men­tos y archi­vos que engran­de­cen nues­tra memo­ria indi­vi­dual y colec­tiva. Las per­so­nas tras­fie­ren toda su memo­ria vital a un disco duro donde los chips micro­pro­ce­sa­do­res son una exten­sión más de nues­tro cerebro.

El cere­bro de los homí­ni­dos supe­rio­res es muy malea­ble. Hay razo­nes neu­ro­psi­co­ló­gi­cas que demues­tran la vul­ne­ra­bi­li­dad de la mente humana y lo deli­cada que es la con­quista de nues­tra auto­no­mía y liber­tad personal.

El impe­ria­lismo no con­tento con con­quis­tar la tie­rra, la luna o marte ahora quiere domi­nar nues­tro sub­cons­ciente, lobo­ti­zar nues­tro cere­bro y poseer hasta nues­tra alma. Igual que hacen los bru­jos en los ritua­les de vudú o magia negra, somos los muñe­qui­tos a los que les cla­van alfi­le­res mani­pu­lando nues­tra capa­ci­dad de dis­cer­nir y tomar decisiones.

La gente se cree impor­tante cuando opri­men una tecla y ¡hágase la luz y la luz fue hecha! se enciende el tele­vi­sor, la compu­tadora o el telé­fono móvil, sale el sol y de repente una voz ange­li­cal anun­cia que nos han man­dado un email, que hemos reci­bido SMS, que alguien nos está twi­teando o cha­teando y nos sen­ti­mos feli­ces pues no estoy solo, luego existo. Ese simio que lle­va­mos den­tro se merece un cacahuete.

La era digi­tal ha supuesto una de las fases más alie­nan­tes de evo­lu­ción humana. La depen­den­cia tec­no­ló­gica es bru­tal y des­pia­dada hasta el punto que tene­mos que des­ti­nar buena parte de nues­tros ingre­sos a pagar las fac­tu­ras del telé­fono, inter­net y demás ser­vi­cios tele­má­ti­cos.. Sen­ten­cia­dos a tra­ba­jar más horas extras, a pedir un cré­dito o ven­derle el alma al dia­blo si que­re­mos seguir chu­pando de la teta de la madre: una nueva pan­ta­lla gigante de tele­vi­sión extra­plana y de plasma Lsd Thos­hiba full HD 4 Hdmi, un compu­tador de la última gene­ra­ción el desk­top board Intel DX58SO 7 extreme edi­tion de 32 nm con pura poten­cia de pro­ce­sa­miento, la tableta iPod con una pan­ta­lla sen­si­ble al tacto y una capa­ci­dad de memo­ria flash de 64 gigby­tes mucho más íntima y efi­ciente que cual­quier PC o el telé­fono android Sam­sung Galaxy Mini que cuenta con GPS, WiFi y Blue­tooth. En este juego de las apa­rien­cias es nece­sa­rio demos­trar el esta­tus social al que per­te­ne­ces y ya han sur­gido dis­tin­tas cas­tas como: la chica Nokia, el chico Sam­sumg, el niñato Bla­ck­Be­rry, la niñata Sony Erics­son, el eje­cu­tivo Goo­gle o Ama­zon. Si mi vecino lo com­pró ¿ por qué yo no?

En nues­tro pla­neta toda­vía exis­ten pue­blos y etnias que per­ma­ne­cen en un esta­dio pri­mi­tivo y arte­sa­nal; indí­ge­nas, cam­pe­si­nos, cuyo medio de super­vi­ven­cia es el tra­bajo de la tie­rra. Ha lle­gado la hora de redi­mir a esa gran huma­ni­dad mar­gi­nada de la gran baca­nal capi­ta­lista. Todos esos parias hay que inte­grar­los en el sis­tema para que gene­ren rédi­tos y ganan­cias a las com­pa­ñías trans­na­cio­na­les. La pri­mera etapa ha sido la con­quista tele­vi­siva, el siguiente paso dotar­los de equi­pos infor­má­ti­cos obso­le­tos, popu­la­ri­zar el inter­net en las salas públi­cas o envi­ciar­los a los telé­fo­nos móvi­les de bajo coste. Lo prio­ri­ta­rio en los pla­nes de edu­ca­ción o alfa­be­ti­za­ción es cimen­tar el mito de la tecnología.

La revo­lu­ción digi­tal es una arma de doble filo ya que se con­vierte en la alter­na­tiva más efec­tiva a los gran­des mono­po­lios de la infor­ma­ción. Aflo­ran miles y miles de pági­nas webs inde­pen­dien­tes, la prensa on line, las radios libres, la lite­ra­tura, el arte, el vídeo, los docu­men­ta­les y pelí­cu­las under­ground. El cibe­res­pa­cio es el sitio ideal para publi­car todas esas obras y crea­cio­nes que de otra manera per­ma­ne­ce­rían en el ano­ni­mato. La con­tra­in­for­ma­ción es el reto. Pero lamen­ta­ble­mente pre­va­lece la idio­tez mediá­tica, la más gro­tesca zafie­dad, la char­la­ta­ne­ría barata, la pro­pa­ganda o el comer­cio más des­afo­rado. No somos per­so­nas sino con­su­mi­do­res y los con­su­mi­do­res pre­fie­ren enaje­narse con los temas más tri­via­les, el chis­mo­rreo, los jue­gui­tos on line, los pro­gra­mas o la por­no­gra­fía que cul­ti­var el inte­lecto y tomar conciencia.

La filo­so­fía racio­na­lista y el pen­sa­miento car­te­siano domi­nan la socie­dad con­tem­po­rá­nea. Los poe­tas y los román­ti­cos ya pue­den sui­ci­darse. Es nece­sa­rio adap­tar­nos al signo de los tiem­pos y pre­fe­ri­mos com­par­tir nues­tro tiempo libre con los jugue­tes tec­no­ló­gi­cos antes que con la fami­lia o los ami­gos. Esta­mos ansio­sos por devo­rar el pienso vir­tual y ¡straw­be­rry fields fore­ver! mi compu­tador, mi telé­fono, mi tableta, mi tele­vi­sor extra­plano es lo prio­ri­ta­rio. El modelo indi­vi­dua­lista y el ego­cen­trista va incre­men­tán­dose a pasos agigantados.

Ven­der, ven­der y ven­der más pro­duc­tos Apple, Micro­soft, Intel, Goo­gle e inun­dar el mer­cado con más telé­fo­nos móvi­les Nokia, Sam­sumg, Sony Smartp­hone. La oferta se queda corta y la demanda obliga a dupli­car la pro­duc­ción. Las mul­ti­na­cio­na­les para aho­rrar cos­tes y aumen­tar las ganan­cias fabri­can sus artícu­los en China o en la India explo­tando la mano de obra barata. Mate­rias pri­mas como el col­tan que es una mez­cla de mine­ra­les impres­cin­di­ble para la fabri­ca­ción de con­den­sa­do­res de los com­po­nen­tes digi­ta­les, ha ser­vido para finan­ciar a varios ban­dos en la segunda gue­rra del Congo, un con­flicto que ha pro­vo­cado más de 5.000.000 de muer­tos. Cuando los compu­tado­res, los telé­fo­nos, las tele­vi­sio­nes, los elec­tro­do­més­ti­cos en gene­ral se ave­rían o pasan de moda toda esa basura y esa cha­ta­rra muy con­ta­mi­nante crea un grave pro­blema ambien­tal en los paí­ses desa­rro­lla­dos. No hay mejor solu­ción que expor­tarla a Ghana, Kenia, Nige­ria, China o la India donde millo­nes de parias de se encar­ga­rán del pro­ceso de reci­clado. Esta tam­bién puede con­si­de­rarse parte de la « ayuda huma­ni­ta­ria » y no hay más que agra­de­cer a los « ami­tos blan­cos » su buen corazón.

Apple cie­rra su ejer­ci­cio del 2011 con un bene­fi­cio neto de 25 920 millo­nes de dóla­res. Una cifra record pero que no colma sus expec­ta­ti­vas. Steve Jobs, que se sabía mori­bundo, dejó bien tra­zado en su tes­ta­mento los pla­nes pre­vis­tos para los pró­xi­mos años. Aun­que físi­ca­mente haya des­a­pa­re­cido ahora comienza una vida vir­tual que lo pro­yecta a la inmor­ta­li­dad. Los pro­duc­tos digi­ta­les ya son con­si­de­ra­dos artícu­los de pri­mera nece­si­dad igual que el pan, el agua o la leche. La fina­li­dad es que estén pre­sen­tes en cada puesto de tra­bajo, en cada escuela, en la uni­ver­si­dad, en el hogar y hasta en la sopa. La alie­na­ción impe­rial y sus cade­nas invi­si­bles cum­ple a la per­fec­ción con su obje­tivo glo­ba­li­za­dor, sus leyes fas­cis­tas no tie­nen otro pro­pó­sito que en el nom­bre de la « liber­tad y la demo­cra­cia » escla­vi­zar a la gran humanidad.

Mar Muerto

La Haine

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