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Las lecciones de torturas ‘made in China’

agosto 14, 2011

Lar­gas jor­na­das dise­ña­das de forma que los obre­ros coin­ci­dan en los dor­mi­to­rios de hasta seis per­so­nas sólo para dor­mir y a veces ni siquiera.

Varias estu­dian­tes ves­ti­das como las tra­ba­ja­do­ras chi­nas de Fox­conn pro­tes­tan por sus con­di­cio­nes labo­ra­les en la tienda Apple Pre­mium Rese­ller en Hong Kong. Mayo de 2011. (AP Photo/Kin Cheung)

Dejan caer obje­tos adrede para poder sepa­rarse, aun­que sea sólo un segundo, de la cadena de mon­taje. Per­ma­ne­cer tanto tiempo de pie les pro­duce dolo­res en las pier­nas y calam­bres en las rodi­llas. Pre­fie­ren una fuerte repri­menda a cam­bio de un ins­tante de des­canso”. Lo cuenta un estu­dio que acaba de con­cluir SACOM , una orga­ni­za­ción no guber­na­men­tal que durante meses se ha dedi­cado a ana­li­zar las con­di­cio­nes labo­ra­les en China de la empresa Fox­conn. Esta gigan­tesca com­pa­ñía se dedica a fabri­car com­po­nen­tes para fir­mas tan glo­ba­les como Apple, Nokia, Dell, Sony, Nin­tendo, Moto­rola, etcé­tera. Y lo hace recu­rriendo a una estra­te­gia low cost que somete a los tra­ba­ja­do­res a pre­sio­nes que salie­ron en parte a la luz tras el sui­ci­dio de al menos once de ellos en 2010, un escán­dalo que se des­cri­bía con deta­lle en este artículo de Xosé Alberte.

Meses des­pués del auge infor­ma­tivo y de las pro­me­sas de cam­bio de la com­pa­ñía, las 120 entre­vis­tas rea­li­za­das por SACOM a tra­ba­ja­do­res de tres plan­tas reve­lan un pano­rama aún más oscuro. “Los tra­ba­ja­do­res, ahora toda­vía con más motivo, tie­nen pánico a hablar de Fox­conn con los inves­ti­ga­do­res y con los perio­dis­tas extran­je­ros”, cuenta Debby Chan, uno de los res­pon­sa­bles del estu­dio. La difu­sión en la prensa de las malas con­di­cio­nes ha hecho que todos ellos ten­gan que fir­mar cláu­su­las en las que pro­me­ten que no reve­la­rán nin­gún deta­lle sobre sus cir­cuns­tan­cias de tra­bajo. En ellas, incluso, excul­pan de cual­quier tipo de res­pon­sa­bi­li­dad a la empresa en el caso de que ten­gan la “des­afor­tu­nada” idea de sui­ci­darse. Algo que no se les pone muy fácil por­que en varias plan­tas con­ti­núan a día de hoy des­ple­ga­das lonas en los exte­rio­res de los dor­mi­to­rios colec­ti­vos para evi­tar que se tiren al vacío. El obje­tivo es que, si lo hacen, deduceSACOM, al menos no sea en nin­guna de las ins­ta­la­cio­nes rela­cio­na­das con Foxconn.

Lo más duro que se des­prende, sin embargo, de las entre­vis­tas rea­li­za­das por SACOM y China Labour Bulle­tin es el tor­mento psi­co­ló­gico que reve­lan los tra­ba­ja­do­res. “Sor­prende que cuando hacen una pausa des­pués de una larga jor­nada de pie ante la mesa de mon­taje están dema­siado exhaus­tos para hablar unos con otros”, explica Chan. En vez de rela­cio­narse, des­cri­ben los inves­ti­ga­do­res, pre­fie­ren sen­tarse en silen­cio a lo largo de la valla de la fábrica y per­ma­ne­cer inmer­sos en sus pen­sa­mien­tos mirando sus telé­fo­nos o al suelo. El pro­blema es que la mayo­ría de los com­pa­ñe­ros que les rodean, expli­can, son ver­da­de­ros des­co­no­ci­dos. Las lar­gas jor­na­das y los tres tur­nos dia­rios están dise­ña­dos de forma que los obre­ros coin­ci­den en los dor­mi­to­rios de hasta seis per­so­nas sólo para dor­mir y a veces ni siquiera.

A pesar de la exte­nua­ción, la polí­tica sala­rial está tan hábil­mente dise­ñada que los tra­ba­ja­do­res con­si­de­ran las jor­na­das regla­men­ta­rias un ver­da­dero male­fi­cio por­que cobran menos. “El pago que recibo por un turno de ocho horas no es sufi­ciente para vivir. Espero que este hora­rio sea sólo una medida tem­po­ral por estar en tem­po­rada baja”, cuenta una chica de 19 años que tra­baja pro­du­ciendo I-Phones en la planta de Guan­lan. En oca­sio­nes, revela el informe, hay tra­ba­ja­do­res que se han negado a hacer tur­nos con más de cua­tro horas extra dia­rias por estar total­mente ago­ta­dos o sen­tirse indis­pues­tos. La res­puesta de Fox­conn ha sido adju­di­car­les una jor­nada de ocho horas dia­rias de con­ti­nuo, de modo que el sala­rio no les lle­gaba siquiera para pagar su alo­ja­miento en un dor­mi­to­rio colec­tivo, su comida y su seguro médico. Las súpli­cas inaten­di­das de este grupo de “pri­vi­le­gia­dos” para vol­ver a ser explo­ta­dos ha sido la mejor medi­cina con­tra el ago­ta­miento del resto.

Otro de los ras­gos que se des­prende de los infor­mes men­cio­na­dos es el carác­ter mili­tar que se inculca a los tra­ba­ja­do­res ya desde su entre­na­miento ini­cial. Está prohi­bido hablar en todas las cade­nas de mon­taje y hay res­pues­tas regla­men­ta­rias a la hora de diri­girse a los supe­rio­res. Si los tra­ba­ja­do­res desean ir al baño tie­nen que espe­rar a que sus coor­di­na­do­res les con­ce­dan una tar­jeta donde se indica este per­miso espe­cial. A veces tie­nen que ponerse de acuerdo entre 20 y 60 tra­ba­ja­do­res para com­par­tir a la vez esta tarjeta.

Los obre­ros están obli­ga­dos a pre­sen­tarse en su puesto de tra­bajo hasta tres cuar­tos de hora antes del comienzo de su jor­nada para reunio­nes que, por supuesto, no se pagan. Ade­más, tie­nen que hacer cola para entrar en el auto­bús que les lleva hasta la fábrica, para acce­der a la can­tina donde comen y para el regis­tro de la entrada en el que se ase­gu­ran de que no ingre­sen con telé­fo­nos móvi­les, tanto si tie­nen cámara como si no. Las colas son con­si­de­ra­das en esta estra­te­gia empre­sa­rial, una forma más de lograr la sumi­sión como prin­ci­pal vir­tud labo­ral. Y eso a pesar de que las moles­tias en las pier­nas cau­sa­das por pasar más de 14 horas dia­rias de pie, junto con las moti­va­das por la toxi­ci­dad de los mate­ria­les uti­li­za­dos, es la prin­ci­pal causa de lesio­nes entre los obre­ros de Foxconn.

¿Cómo hacer para no con­tri­buir a esta situa­ción?. Algu­nas de las gran­des pre­gun­tas están ya refle­ja­das en este artículo de Juan Luis Sán­chez que me gus­ta­ría refres­car. Qui­zás la difu­sión sin tre­gua de estas infor­ma­cio­nes sea la clave para lograr que la publi­ci­dad nega­tiva resulte poco ren­ta­ble a la larga para las gran­des mar­cas de tele­fo­nía y orde­na­do­res. Tam­bién qui­siera recor­dar que la ONG SETEM es una de las que está impli­cada en lograr con sus cam­pa­ñas que la com­pra de tec­no­lo­gía sea lo más ética posi­ble.

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Fuente: Miriam Már­quez para Perio­dismo Humano

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