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Noam Chomsky: “Hay mucho más que decir”

agosto 3, 2011

Sobre la muerte de Bin Laden

Des­pués de Osama, viñeta de Leo

El 1 de mayo, de 2011, mata­ron a Osama bin Laden en su ape­nas pro­te­gido com­plejo resi­den­cial, en una misión de asalto de 79 Navy Seals, que entra­ron en heli­cóp­tero en Pakis­tán. Des­pués de que el gobierno nos diera muchas his­to­rias esca­bro­sas y las reti­rase, los infor­mes ofi­cia­les deja­ban cada vez más claro que la ope­ra­ción fue un ase­si­nato pla­neado, vio­lando de manera múl­ti­ple nor­mas ele­men­ta­les del dere­cho inter­na­cio­nal, empe­zando por la inva­sión en sí misma. No parece que haya habido intento alguno de aprehen­der a la víc­tima des­ar­mada, como pre­su­mi­ble­mente podrían haber hecho 79 coman­dos que no encon­tra­ron opo­si­ción – excepto según infor­man ellos mis­mos, por parte de su esposa, tam­bién des­ar­mada, a quien dis­pa­ra­ron en defensa pro­pia cuando ella se “aba­lanzó” sobre ellos (según la Casa Blanca).

Una plau­si­ble recons­truc­ción de los suce­sos nos la ofrece el vete­rano corres­pon­sal de Oriente Medio Yochi Drea­zen y sus cole­gas de The Atlan­tic (http://www.theatlantic.com/ politics/archive/2011/05/goal-was-never-to-capture-bin-laden/238330/). Drea­zen, anti­guo corres­pon­sal mili­tar para el Wall Street Jour­nal, es el prin­ci­pal corres­pon­sal del Natio­nal Jour­nal Group para el que cubre asun­tos mili­ta­res y de segu­ri­dad nacio­nal. Según su inves­ti­ga­ción, los pla­nes de la Casa Blanca no pare­cían haber con­si­de­rado la opción de cap­tu­rar a Osama bin Laden vivo: “La admi­nis­tra­ción le había dejado claro a los mili­ta­res del comando clan­des­tino de Ope­ra­cio­nes Espe­cia­les Con­jun­tas que que­rían a bin Laden muerto, según un alto fun­cio­na­rio de EEUU con cono­ci­miento de las dis­cu­sio­nes. Un fun­cio­na­rio mili­tar de alto rango que informó del asalto dijo que los SEAL sabían que su misión no era traerle vivo.”

Los auto­res aña­die­ron: “Para muchos del Pen­tá­gono y de la Agen­cia Cen­tral de Inte­li­gen­cia que se habían pasado casi una década bus­cando a bin Laden, matar al com­ba­tiente era un acto de ven­ganza justo y nece­sa­rio.” Ade­más, “Cap­tu­rar a bin Laden vivo le habría traído a la admi­nis­tra­ción un con­junto de retos lega­les y polí­ti­cos un tanto irri­tan­tes.” Mejor, por tanto, ase­si­narle, lan­zar su cuerpo al mar sin una autop­sia que se con­si­de­rada esen­cial des­pués de un homi­ci­dio, ya sea éste jus­ti­fi­cado o no, — un acto que pre­de­ci­ble­mente pro­vocó tanto ira como escep­ti­cismo en buena parte del mundo musulmán.

Como señala la infor­ma­ción de The Atlan­tic, “la abierta deci­sión de matar a bin Laden fue la ilus­tra­ción más clara hasta la fecha de un aspecto poco seña­lado de la polí­tica anti-terrorista de Obama. La admi­nis­tra­ción Bush cap­turó a miles de com­ba­tien­tes sos­pe­cho­sos y los mandó a cam­pos de deten­ción en Afga­nis­tán, Irak y la Bahía de Guan­tá­namo. La admi­nis­tra­ción Obama, en cam­bio, se ha cen­trado en eli­mi­nar terro­ris­tas de manera indi­vi­dual más que inten­tar cap­tu­rar­los vivos.” Eso es una dife­ren­cia sig­ni­fi­ca­tiva entre Bush y Obama. Los auto­res cita­ron al ex-canciller de Ale­ma­nia Occi­den­tal, Hel­mut Sch­midt, quien “dijo a la tele­vi­sión ale­mana que el asalto fue ‘una vio­la­ción bas­tante clara del dere­cho inter­na­cio­nal’ y que bin Laden debe­ría haber sido dete­nido y lle­vado a jui­cio,” com­pa­rando a Sch­midt con el Fis­cal Gene­ral de EEUU Eric Hol­der, quien “defen­dió la deci­sión de matar a bin Laden aun­que no supu­siera una ame­naza inme­diata para los Navy SEALs, dicién­dole el mar­tes al Comité de la Cámara que el asalto había sido ‘legal, legí­timo y apro­piado como quiera que se viera’.”

Des­ha­cerse del cadá­ver sin hacerle una autop­sia tam­bién fue cri­ti­cado por los alia­dos. El muy repu­tado abo­gado bri­tá­nico Geof­frey Rober­tson, que apoyó la inter­ven­ción y se opuso a la eje­cu­ción en gran parte por cues­tio­nes prag­má­ti­cas, des­cri­bió sin embargo la ase­ve­ra­ción de Obama de que “se había hecho jus­ti­cia” como una “absur­dez” que debe­ría haber sido obvia para un anti­guo pro­fe­sor de dere­cho cons­ti­tu­cio­nal (http://www.thedailybeast.com/blogs-and-stories/2011–05-03/osama-bin-laden-death-why-he-should-have-been-captured-not-killed/). La ley de Paquis­tán “requiere que una inves­ti­ga­ción judi­cial tras una muerte vio­lenta, y la ley inter­na­cio­nal en mate­ria de dere­chos huma­nos insiste en que el ‘dere­cho a la vida’ com­porta una inves­ti­ga­ción don­de­quiera que una muerte vio­lenta tenga lugar como con­se­cuen­cia de accio­nes atri­bui­bles al gobierno o a la poli­cía. EEUU está por tanto bajo el deber de rea­li­zar una inves­ti­ga­ción que satis­faga al mundo sobre las ver­da­de­ras cir­cuns­tan­cias de este homi­ci­dio.” Rober­tson añade que “La ley per­mite dis­pa­rar a los cri­mi­na­les en defensa pro­pia si ellos (o sus cóm­pli­ces) se resis­ten a ser arres­ta­dos de manera que pon­gan en peli­gro a aque­llos que se esfuer­zan en aprehen­der­los. De ser posi­ble, se les debe­ría dar la opor­tu­ni­dad de ren­dirse, pero incluso si no salie­sen con las manos en alto, deben ser apre­sa­dos vivos si se puede con­se­guir sin riesgo. Por tanto la forma exacta en la que se ‘dis­paró a la cabeza’ de bin Laden (espe­cial­mente si se le dis­paró en la nuca, a modo de eje­cu­ción) requiere una expli­ca­ción. ¿Por qué un pre­ci­pi­tado ‘entie­rro en el mar’ sin una autop­sia, tal y como la ley exige?”

Rober­tson atri­buye el ase­si­nato a “la obse­siva creen­cia ame­ri­cana en la pena capi­tal –única entre las nacio­nes avan­za­das– refle­jado en el rego­cijo por la manera en la que falle­ció bin Laden.” Por ejem­plo, el colum­nista de The Nation Eric Alter­man escribe que “matar a bin Laden fue una tarea justa y necesaria.”

Rober­tson nos suele recor­dar que “No siem­pre fue así. Cuando llegó el momento de con­si­de­rar el des­tino de hom­bres mucho más impreg­na­dos de mal­dad que Osama bin Laden –por ejem­plo los líde­res nazis – el gobierno bri­tá­nico que­ría ahor­car­los a las seis horas de haber­los cap­tu­rado. El Pre­si­dente Tru­man se opuso, citando el dic­ta­men del juez Robert Jack­son de que la eje­cu­ción suma­ria ‘no cae­ría bien en la con­cien­cia ame­ri­cana ni sería recor­dada con orgu­llo por nues­tros hijos… el único camino es deter­mi­nar la inocen­cia o cul­pa­bi­li­dad del acu­sado tras una audien­cia tan desapa­sio­nada como fuera posi­ble y dejando un regis­tro claro con nues­tras razo­nes y motivos’.”

Los redac­to­res del Daily Beast comen­tan que “la ale­gría es com­pren­si­ble, pero para mucha gente de fuera, resulta poco atrac­tivo. Res­palda lo que cada vez más parece un ase­si­nato a san­gre fría mien­tras la Casa Blanca se ve ahora for­zada a admi­tir que Osama bin Laden estaba des­ar­mado cuando reci­bió dos dis­pa­ros en la cabeza.”

En socie­da­des que pro­fe­san un cierto res­pecto por la ley, a los sos­pe­cho­sos se les aprehende y se les con­duce a un jui­cio justo. Sub­rayo “sos­pe­cho­sos”. En abril de 2002, el jefe del FBI, Robert Mue­ller, en lo que el Washing­ton Post des­cri­bió como “su comen­ta­rio público más deta­llado sobre el ori­gen de los ata­ques,” tan solo pudo decir que “los inves­ti­ga­do­res creían en la idea de que los ata­ques del 11-S al World Trade Cen­ter y al Pen­tá­gono, venían de los líde­res de al Qaeda en Afga­nis­tán, el plan de ver­dad se hizo en Ale­ma­nia, y la finan­cia­ción vino a tra­vés de los Emi­ra­tos Árabes Uni­dos desde fuen­tes en Afga­nis­tán… Cree­mos que los cere­bros esta­ban en Afga­nis­tán, en los altos líde­res de al Qaeda.” Lo que el FBI creía y pen­saba en 2002 no lo sabía 8 meses antes, cuando Washing­ton rechazó ten­ta­ti­vas ofer­tas de los tali­ba­nes (como de serias, no lo sabe­mos) para extra­di­tar a bin Laden si se les ofre­cían prue­bas. De manera que no es cierto, tal y como el Pre­si­dente Obama afirmó en su dis­curso de la Casa Blanca, que “Rápi­da­mente nos ente­ra­mos de que los ata­ques del 11-S fue­ron obra de al Qaeda.”


La admi­nis­tra­ción Bush cap­turó a miles de com­ba­tien­tes sos­pe­cho­sos y los mandó a cam­pos de deten­ción en Afga­nis­tán, Irak y la Bahía de Guantánamo.

Nunca ha habido razo­nes para dudar de lo que el FBI creía a media­dos de 2002, pero ello nos sitúa muy lejos de la prueba de cul­pa­bi­li­dad que se exige en las socie­da­des civi­li­za­das –y cual­quiera que pudiera ser la prueba, no jus­ti­fica el ase­si­nato de un sos­pe­choso que podría, parece ser, haber sido fácil­mente aprehen­dido y lle­vado a jui­cio. Lo mismo se puede decir para las prue­bas que se han pre­sen­tado desde enton­ces. Así la Comi­sión del 11-S pro­por­cionó una gran can­ti­dad de prue­bas cir­cuns­tan­cia­les del papel de bin Laden en el 11-S, basán­dose fun­da­men­tal­mente en lo que los pri­sio­ne­ros de Guan­tá­namo habían dicho en sus con­fe­sio­nes. Es dudoso que algo de esto se hubiera podido sos­te­ner ante un tri­bu­nal inde­pen­diente, teniendo en cuenta las for­mas en la que se obtu­vie­ron las con­fe­sio­nes. Pero en cual­quier caso, las con­clu­sio­nes de una inves­ti­ga­ción auto­ri­zada por el Con­greso, por muy con­vin­cen­tes que uno las pueda encon­trar, que­dan muy por debajo de la sen­ten­cia de un tri­bu­nal creí­ble, que es lo que hace cam­biar la cate­go­ría de un acu­sado de sos­pe­choso a cul­pa­ble. Se ha hablado mucho de la “con­fe­sión” de bin Laden, pero eso era una fan­fa­rro­ne­ría, no una con­fe­sión, con tanta cre­di­bi­li­dad como mi “con­fe­sión” de que gané la mara­tón de Bos­ton. La fan­fa­rro­ne­ría nos dice bas­tante de su carác­ter, pero nada sobre su res­pon­sa­bi­li­dad por lo que él con­si­dera como un gran logro, cuyos pun­tos le gus­ta­ría apun­tarse. Y muy cla­ra­mente de nuevo, todo esto de manera inde­pen­diente al jui­cio que uno pueda tener sobre su res­pon­sa­bi­li­dad, la cual pare­cía clara inme­dia­ta­mente, incluso antes de la inves­ti­ga­ción del FBI, y toda­vía lo parece.

Merece la pena aña­dir que la res­pon­sa­bi­li­dad de bin Laden fue reco­no­cida, y con­de­nada, en buena parte del mundo musul­mán. Un ejem­plo sig­ni­fi­ca­tivo es el dis­tin­guido clé­rigo liba­nés Sheikh Fad­la­llah, por lo gene­ral muy res­pe­tado por los gru­pos de Hez­bolá y Shia, fuera de Líbano tam­bién. Él tam­bién había sido obje­tivo de ase­si­nato: de un camión bomba fuera de una mez­quita, en una ope­ra­ción orga­ni­zada por la CIA en 1985. Él escapó, pero otros 80 murie­ron, la mayo­ría muje­res y niñas, al salir de la mez­quita –uno de esos innu­me­ra­bles crí­me­nes que no entran en los anales del terror por culpa de la fala­cia de “la agen­cia equi­vo­cada.” Sheikh Fad­la­llah con­denó con dureza los ata­ques del 11-S, como hicie­ron otros líde­res del mundo musul­mán, incluso den­tro del movi­miento yiha­dista. Entre otros el jefe de Hez­bolá, Say­yid Has­san Nas­ra­llah, con­denó con dureza a bin Laden y la ideo­lo­gía yihadista.

Uno de los mayo­res espe­cia­lis­tas en el movi­miento yiha­dista, Fawaz Ger­ges, señala que por aquel enton­ces el movi­miento se podría haber escin­dido y EEUU podría haber apro­ve­chado la opor­tu­ni­dad en vez de movi­li­zar al movi­miento, par­ti­cu­lar­mente con el ata­que a Irak, una ben­di­ción para bin Laden, que con­dujo a un súbito incre­mento del terror, tal y como las agen­cias de inte­li­gen­cia habían anti­ci­pado. Esta con­clu­sión se con­firmó por el anti­guo jefe de la agen­cia domés­tica de inte­li­gen­cia bri­tá­nica, el MI5, en las audien­cias de Chil­cot que inves­ti­ga­ban el tras­fondo para la gue­rra. Con­fir­mando otros aná­li­sis, ella tes­ti­ficó que ambas inte­li­gen­cias, la bri­tá­nica y la esta­dou­ni­dense, eran cons­cien­tes de que Sad­dam no supo­nía una seria ame­naza y que la inva­sión pro­ba­ble­mente aumen­ta­ría el terror; y que las inva­sio­nes de Irak y Afga­nis­tán habían radi­ca­li­zado a par­tes de una gene­ra­ción de musul­ma­nes que habían visto las accio­nes mili­ta­res como un “ata­que al islam.” Como suele ser el caso, la segu­ri­dad no fue una gran prio­ri­dad cuando el estado tomaba una acción.

Podría ser ins­truc­tivo pre­gun­tar­nos a noso­tros mis­mos si coman­dos ira­quíes hubie­sen ate­rri­zado en el com­plejo resi­den­cial de George W. Bush, le hubie­sen ase­si­nado, y hubie­sen lan­zado su cuerpo al Atlán­tico (tras los opor­tu­nos ritos fune­ra­rios, por supuesto). No hay duda de que él no es un “sos­pe­choso” sino “el que deci­dió” dar las orde­nes para inva­dir Irak, –es decir, el que come­tió “el supremo cri­men inter­na­cio­nal, que difiere solo de otros crí­me­nes de gue­rra en que con­tiene en sí mismo el mal acu­mu­lado del con­junto” (citando al Tri­bu­nal de Núrem­berg) por el cual se ahorcó a los cri­mi­na­les nazis: en Irak, los cien­tos de miles de muer­tos, millo­nes de refu­gia­dos, la des­truc­ción de gran parte del país, y el encar­ni­zado con­flicto sec­ta­rio que ahora se ha pro­pa­gado al resto de la región. Tam­poco cabe nin­guna duda, de que estos crí­me­nes exce­die­ron con cre­ces cual­quiera de las cosas que se le atri­bu­yen a bin Laden.

Decir que todo esto está fuera de toda duda, que lo está, no implica que no se nie­gue. La exis­ten­cia de gente que dice que la Tie­rra es plana no cam­bia el hecho de que, sin lugar a dudas, la Tie­rra no es plana. Simi­lar­mente, no hay duda de que Hitler y Sta­lin fue­ron res­pon­sa­bles de crí­me­nes horren­dos, aun­que sus par­ti­da­rios lo nie­guen. De nuevo, todo esto debe­ría ser dema­siado obvio para comen­tarlo, y lo sería, excepto en una atmós­fera de his­te­ria tan extrema que blo­quease el pen­sa­miento racional.

Simi­lar­mente, no hay duda de que Bush y sus socios come­tie­ron el “supremo cri­men inter­na­cio­nal”, el cri­men de agre­sión, al menos si nos toma­mos al Tri­bu­nal de Núrem­berg en serio. El cri­men de agre­sión fue defi­nido con sufi­ciente cla­ri­dad por el juez Robert Jack­son, fis­cal jefe de los EEUU en Núrem­berg, y reite­rado en una reso­lu­ción ofi­cial de la Asam­blea Gene­ral. Un “agre­sor”, Jack­son pro­puso al tri­bu­nal en su dis­curso de aper­tura, es un estado que es el pri­mero en come­ter tales accio­nes como “la inva­sión armada, mediando decla­ra­ción de gue­rra o no, del terri­to­rio de otro estado…” Nadie, ni siquiera el más extremo par­ti­da­rio de la agre­sión, niega que Bush y sus socios hayan hecho pre­ci­sa­mente eso.

Haría­mos bien en recor­dar las elo­cuen­tes pala­bras de Jack­son en Núrem­berg sobre el prin­ci­pio de uni­ver­sa­li­dad: “Si cier­tas con­tra­ven­cio­nes de tra­ta­dos son cons­ti­tu­ti­vas de delito, lo son tanto si lo hace EEUU como si lo hace Ale­ma­nia, y no esta­mos pre­pa­ra­dos para crear una legis­la­ción penal que juz­gue con­duc­tas delic­ti­vas de otros que no este­mos dis­pues­tos a invo­car con­tra noso­tros mis­mos”. Y en otra parte: ““No debe­mos olvi­dar que la vara con la que juz­ga­mos hoy a estos acu­sa­dos es la vara con la cual la his­to­ria nos juz­gará mañana. Pasar a estos acu­sa­dos un cáliz enve­ne­nado es poner este cáliz en nues­tros pro­pios labios.

Tam­bién está claro que las inten­cio­nes ale­ga­das son irre­le­van­tes. Los fas­cis­tas japo­ne­ses apa­ren­te­mente creían que arra­sando China esta­ban tra­ba­jando para con­ver­tirla en un “paraíso terre­nal.” No sabe­mos si Hitler creía estar defen­diendo a Ale­ma­nia del “terror sal­vaje” de los pola­cos, o se apo­deró de Che­cos­lo­va­quia para pro­te­ger a su pobla­ción del con­flicto étnico y otor­gar­les el bene­fi­cio de una cul­tura supe­rior, o estaba sal­vando la glo­ria de de la civi­li­za­ción griega de los bár­ba­ros del Este y del Oeste, como sus acó­li­tos pro­cla­ma­ban (Mar­tin Hei­deg­ger). Incluso es con­ce­bi­ble que Bush y com­pa­ñía cre­ye­sen que esta­ban pro­te­giendo al mundo de las armas de des­truc­ción masiva de Sad­dam Hus­sein. Todo eso es irre­le­vante, aun­que fer­vien­tes par­ti­da­rios de todos ellos pue­dan inten­tar con­ven­cerse a sí mis­mos de lo contrario.

Nos que­dan dos opcio­nes. O Bush y sus socios son cul­pa­bles del “supremo cri­men inter­na­cio­nal” inclu­yendo todos los males que se des­pren­den del mismo, crí­me­nes que van más allá de lo que se le atri­buye a bin Laden; o sino decla­ra­mos que los pro­ce­sos de Núrem­berg eran una farsa y que los alia­dos fue­ron cul­pa­bles de un cri­men judi­cial. Y repito, esto es total­mente inde­pen­diente de la cues­tión sobre la cul­pa­bi­li­dad de los acu­sa­dos: ya sea la com­pro­bada por el tri­bu­nal de Núrem­berg en el caso de los cri­mi­na­les nazis, o la pre­su­mi­ble­mente asu­mida desde el prin­ci­pio en el caso de bin Laden.

Unos pocos días antes del ase­si­nato de bin Laden, Orlando Bosh murió plá­ci­da­mente en Flo­rida, donde resi­día junto con su cóm­plice terro­rista Luís Posada Carri­les, y muchos otro más. Bosh, tras ser acu­sado por el FBI de doce­nas de crí­me­nes terro­ris­tas, se le otorgó un per­dón pre­si­den­cial gra­cias a Bush y en con­tra de las obje­cio­nes del Depar­ta­mento de Jus­ti­cia, que llegó a la con­clu­sión “inexo­ra­ble de que sería per­ju­di­cial para el inte­rés público de EEUU ofre­cerle un refu­gio seguro a Bosh.” La coin­ci­den­cia de las muer­tes en el tiempo nos trae a la memo­ria la doc­trina de Bush II, que “ya se ha con­ver­tido en una regla de facto en las rela­cio­nes inter­na­cio­na­les,” según el céle­bre espe­cia­lista en rela­cio­nes inter­na­cio­na­les de Har­vard Graham Alli­son. La doc­trina “revoca la sobe­ra­nía de los esta­dos que son un san­tua­rio para los terro­ris­tas,” escribe Alli­son, refi­rién­dose a la decla­ra­ción de Bush II de que “aque­llos que dan cobijo a los terro­ris­tas son tan cul­pa­bles como los mis­mos terro­ris­tas,” diri­gida a los tali­ba­nes. Tales esta­dos, han per­dido su sobe­ra­nía y pue­den con­ver­tirse en obje­tivo de las bom­bas y del terror; por ejem­plo, el estado que le dio cobijo a Bosh y a su socio – por no men­cio­nar otros can­di­da­tos más sig­ni­fi­ca­ti­vos. Cuando Bush soltó esa nueva “regla de facto de rela­cio­nes inter­na­cio­na­les” nadie pare­ció darse cuenta de que estaba lla­mando a la inva­sión y des­truc­ción de EEUU y ase­si­nar a sus cri­mi­na­les presidentes.

Nada de esto es pro­ble­má­tico, por supuesto, si recha­za­mos el prin­ci­pio de uni­ver­sa­li­dad del juez Jack­son, y adop­ta­mos a cam­bio el prin­ci­pio de que EEUU se ha auto-inmunizado con­tra el dere­cho inter­na­cio­nal y las con­ven­cio­nes –algo que por cierto, el gobierno fre­cuen­te­mente ya ha dejado muy claro, un hecho impor­tante, que sin embargo ha sido muy poco comprendido.

Tam­bién merece la pena reca­pa­ci­tar sobre el nom­bre dado a la ope­ra­ción: Ope­ra­ción Geró­nimo. La men­ta­li­dad impe­rial está tan arrai­gada que pocos pare­cen capa­ces de per­ci­bir que la Casa Blanca está glo­ri­fi­cando a bin Laden lla­mán­dole “Geró­nimo” –el líder de la vale­rosa resis­ten­cia frente a los inva­so­res que bus­ca­ban con­fi­nar su pue­blo al des­tino de “esa infor­tu­nada raza de ame­ri­ca­nos nati­vos, a quie­nes esta­mos exter­mi­nando con tanta pér­fida y des­pia­dada cruel­dad, en uno de los atro­ces peca­dos de esta nación, por los cua­les creo que Dios algún día nos pedirá cuen­tas,” según las pala­bras del gran estra­tega John Quincy Adams, el arqui­tecto inte­lec­tual del des­tino mani­fiesto, mucho des­pués de que sus pro­pias con­tri­bu­cio­nes a estos peca­dos se que­da­ran en el pasado. Algu­nos, no sor­pren­den­te­mente, pue­den com­pren­derlo. Lo que quedó de esa infor­tu­nada raza pro­testó enér­gi­ca­mente. La elec­ción de los nom­bres es una remi­nis­cen­cia de la faci­li­dad con la que bau­ti­za­mos nues­tras armas ase­si­nas según las víc­ti­mas de nues­tros crí­me­nes: Apa­che, Bla­ckhawk, Tomahawk,… Podría­mos reac­cio­nar de manera dife­rente si la Luft­waffe lla­mara a sus avio­nes de com­bate “Judío” o “Gitano”.

Los ejem­plos men­cio­na­dos cae­rían bajo la cate­go­ría del “excep­cio­na­lismo ame­ri­cano,” si no fuera por el hecho de que la fácil supre­sión de los pro­pios crí­me­nes es algo prác­ti­ca­mente ubi­cuo entre los esta­dos pode­ro­sos, al menos entre los que no son derro­ta­dos y for­za­dos a reco­no­cer la reali­dad. Otros ejem­plos actua­les son dema­siado nume­ro­sos como para ser men­cio­na­dos. Por coger tan solo uno, de gran sig­ni­fi­can­cia en la actua­li­dad, con­si­de­re­mos las armas de terror de Obama (avio­nes no tri­pu­la­dos) en Pakis­tán. Supon­ga­mos que durante los años 80, cuando esta­ban ocu­pando Afga­nis­tán, los rusos hubie­sen lle­vado a cabo ope­ra­cio­nes de ase­si­nato en Pakis­tán con­tra aque­llos que esta­ban finan­ciando, armando y entre­nando insur­gen­tes –de manera bas­tante orgu­llosa y sin tapu­jos. Por ejem­plo, con­tra el jefe de la base de la CIA en Isla­ma­bad, quien explicó que “amaba” el “noble pro­pó­sito” de su misión: “matar sol­da­dos sovié­ti­cos… no libe­rar Afga­nis­tán.” No hay nece­si­dad de ima­gi­nar la reac­ción, pero hay una dife­ren­cia cru­cial: enton­ces eran ellos, y ahora somos nosotros.

¿Cuá­les son las con­se­cuen­cias más pro­ba­bles de la muerte de bin Laden? Para el mundo árabe, sig­ni­fi­cará pro­ba­ble­mente poco. Su pre­sen­cia se ha ido difu­mi­nando en el tiempo, y desde hace pocos meses fue eclip­sado por la Pri­ma­vera Árabe. Su sig­ni­fi­can­cia en el mundo árabe fue cap­tada por el titu­lar del New York Times en un artículo de opi­nión del espe­cia­lista en Oriente Medio y al Qaeda Gilles Kepel; “Bin Laden ya estaba muerto.” Kepel escribe que a poca gente del mundo árabe le va a impor­tar. Ese titu­lar se podría haber sacado mucho antes, si EEUU no hubiera movi­li­zado al movi­miento yiha­dista con los ata­ques con­tra Afga­nis­tán e Irak, tal y como sugi­rie­ron las agen­cias de inte­li­gen­cia y los enten­di­dos. En cuanto al movi­miento yiha­dista, den­tro del cual bin Laden era un sím­bolo dudo­sa­mente vene­rado, parece ser que no jugaba un papel mucho más impor­tante que esta “red de redes,” como los ana­lis­tas la lla­man, que lleva la mayo­ría de sus ope­ra­cio­nes de manera independiente.

Las con­se­cuen­cias más inme­dia­tas y sig­ni­fi­ca­ti­vas pro­ba­ble­mente suce­dan en Pakis­tán. Se habla mucho sobre el enojo de Washing­ton por el hecho de que Pakis­tán no entre­gase a bin Laden. Mucho menos se habla sobre la furia en Pakis­tán por el hecho de que EEUU inva­diera su terri­to­rio para come­ter un ase­si­nato polí­tico. El fer­vor anti-americano ya había alcan­zado cotas muy altas, y estos suce­sos pro­ba­ble­mente lo incre­men­ten aún más.

Pakis­tán es el país más peli­groso del mundo, y tam­bién el que ve cre­cer su poder nuclear a mayor velo­ci­dad, con un gigan­tesco arse­nal. Y se man­tiene unido por una ins­ti­tu­ción esta­ble, el ejér­cito. Uno de los des­ta­ca­dos espe­cia­lis­tas en Pakis­tán y su ejér­cito, Anatol Lie­ven, escribe que “si alguna vez EEUU pusiera a los sol­da­dos pakis­ta­níes en una posi­ción en la que ellos sin­tie­ran que es una cues­tión de honor y patrio­tismo luchar con­tra EEUU, muchos lo harían muy gus­to­sa­mente.” Y si Pakis­tán colap­sara, un “resul­tado abso­lu­ta­mente inevi­ta­ble sería el tras­vase de un gran número de ex-soldados muy bien entre­na­dos, inclu­yendo inge­nie­ros y exper­tos en explo­si­vos, hacia gru­pos extre­mis­tas.” La prin­ci­pal ame­naza que él ve es la fuga de mate­rial fisi­ble hacia manos yiha­dis­tas, una even­tua­li­dad horrorosa.

El ejér­cito paquis­taní ya ha sido empu­jado hasta el límite por los ata­ques de EEUU la sobe­ra­nía paquis­taní. Un fac­tor son los ata­ques con avio­nes no tri­pu­la­dos en Pakis­tán que Obama inten­si­ficó inme­dia­ta­mente des­pués de matar a bin Laden, arro­jando sal en la herida. Pero hay más, inclu­yendo la exi­gen­cia de que el ejér­cito paquis­taní cola­bo­rase en la gue­rra esta­dou­ni­dense con­tra los tali­ba­nes afga­nos, a la que una abru­ma­dora mayo­ría de paquis­ta­níes, incluido el ejér­cito, con­si­de­ran una gue­rra justa de resis­ten­cia con­tra un ejér­cito inva­sor, según Lieven.

La ope­ra­ción de bin Laden podría haber sido la chispa que pro­vocó un gran incen­dio, con funes­tas con­se­cuen­cias, par­ti­cu­lar­mente si la fuerza inva­sora había sido com­pe­lida a abrirse camino hasta la salida, como se anti­cipó. Qui­zás el ase­si­nato fue per­ci­bido como un “acto de ven­ganza,” según con­cluye Rober­tson. Cual­quiera que fuera el motivo, difí­cil­mente habría podido ser la segu­ri­dad. Al igual que en el caso del “supremo cri­men inter­na­cio­nal” en Irak, el ase­si­nato de bin Laden mues­tra que la segu­ri­dad usual­mente no es una alta prio­ri­dad cuando el estado actúa, con­tra­ria­mente a la doc­trina común­mente aceptada.

Hay mucho más que decir, pero incluso los hechos más obvios y ele­men­ta­les debe­rían dar­nos mucho que pensar.

Fuente: http://www.zcommunications.org/there-is-much-more-to-say-by-noam-chomsky

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Noam Chomsky: Pro­fe­sor emé­rito del Depar­ta­mento de Lin­güís­tica y Filo­so­fía del MIT. Es autor de nume­ro­sas obras polí­ti­cas. Sus últi­mos libros son una nueva edi­ción de Power and Terror, The Essen­tial Chomsky (edi­tado por Ant­hony Arnove), una colec­ción de sus escri­tos sobre polí­tica y sobre el len­guaje desde los años cin­cuenta hasta el pre­sente, Gaza in Cri­sis, con Ilan Pappé, y Hopes and Pros­pects, tam­bién dis­po­ni­ble en audio.

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