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La historia de Wikileaks: La verdad siempre gana

diciembre 23, 2010

 

Tra­duc­ción del último artículo de Julian Assange, escrito en el perió­dico aus­tra­liano The Aus­tra­lian el mismo día de su detención:

Julian Assange. Res­pon­sa­ble de Wikileaks

 

En 1958 un joven Rupert Mur­doch, que más tarde sería dueño y edi­tor del perió­dico The News, escri­bió: “En la carrera entre el secreto y la ver­dad, parece inevi­ta­ble que la ver­dad siem­pre gane”.

Su obser­va­ción qui­zás refle­jaba lo que su padre, Keith Mur­doch, sacó a la luz un tiempo antes: las tro­pas aus­tra­lia­nas esta­ban siendo sacri­fi­ca­das de forma inne­ce­sa­ria por los incom­pe­ten­tes coman­dan­tes bri­tá­ni­cos en las cos­tas de Galli­poli. Los bri­tá­ni­cos inten­ta­ron silen­ciar la polé­mica pero no con­si­guie­ron aca­llar a Mur­doch, cuyos esfuer­zos lle­va­ron a fin la desas­trosa cam­paña de Gallipoli.

Casi un siglo más tarde, Wiki­leaks está tam­bién reve­lando sin temor hechos que deben hacerse públicos.

Crecí en una ciu­dad rural en Queens­land, donde la gente decía lo que pen­saba sin rodeos. Allí se des­con­fiaba de los gran­des gobier­nos por­que se creía que podían corrom­perse con faci­li­dad si no se les obser­vaba meticu­losa­mente. Los oscu­ros días de corrup­ción en el gobierno de Queens­land, que ter­mi­na­ron con la inves­ti­ga­ción de Fitz­ge­rald, son un tes­ti­mo­nio de lo que pasa cuando los polí­ti­cos amor­da­zan a los medios de comu­ni­ca­ción que inten­tan con­tar la verdad.

Los Esta­dos Uni­dos han pedido a sus diplo­má­ti­cos que roben mate­rial per­so­nal e infor­ma­ción de los ofi­cia­les de Nacio­nes Uni­das y de gru­pos pro-derechos huma­nos, inclu­yendo el ADN, hue­llas digi­ta­les, esca­neo de iris…”

Ese tipo de cosas me han mar­cado. Wiki­leaks fue creada en base a esos valo­res fun­da­men­ta­les. La idea, con­ce­bida en Aus­tra­lia, era usar las tec­no­lo­gías que ofrece inter­net para bus­car nue­vas mane­ras de con­tar la verdad.

Wiki­leaks ha acu­ñado una nueva forma de hacer perio­dismo: el perio­dismo cien­tí­fico. Tra­ba­ja­mos con otros medios de comu­ni­ca­ción para sacar a la luz nue­vas noti­cias, pero tam­bién para demos­trar que esas noti­cias son reales. El perio­dismo cien­tí­fico te per­mite leer una noti­cia y a con­ti­nua­ción hacer un clic para leer el docu­mento ori­gi­nal en el que esa noti­cia se fun­da­menta. De esa forma pue­des juz­gar por ti mismo: ¿Es esa noti­cia ver­dad? ¿Ha infor­mado con pre­ci­sión el periodista?

Las socie­da­des demo­crá­ti­cas nece­si­tan unos medios de comu­ni­ca­ción fuer­tes y Wiki­leaks forma parte de esos medios. Ayu­dan a man­te­ner un gobierno honesto. Wiki­leaks ha reve­lado algu­nas ver­da­des muy duras sobre las gue­rras de Irak y Afga­nis­tán y sor­pren­den­tes his­to­rias acerca de la corrup­ción en el mundo empresarial.

Hay gente que ha dicho que estoy en con­tra de las gue­rras. Para que conste, no lo estoy. A veces las nacio­nes deben entrar en gue­rra, y hay gue­rras que están jus­ti­fi­ca­das. Pero no hay nada más inco­rrecto que un Gobierno min­tiendo a su gente sobre esas gue­rras y des­pués pidiendo a los ciu­da­da­nos que pon­gan sus vidas y sus impues­tos en riesgo por esas men­ti­ras. Si una gue­rra está jus­ti­fi­cada, con­tad la ver­dad y la gente deci­dirá si la apoya o no.

Si has leído alguno de los regis­tros sobre las gue­rras de Afga­nis­tán o Irak, alguno de los cables fil­tra­dos de las emba­ja­das esta­dou­ni­den­ses o cual­quiera de las his­to­rias que Wiki­leaks ha publi­cado, te habrás dado cuenta de lo impor­tante que es para todos que los medios de comu­ni­ca­ción pue­dan con­tar esas cosas libremente.

Wiki­leaks no es el único medio que ha publi­cado los cables de las emba­ja­das esta­dou­ni­den­ses. Otros medios, como el bri­tá­nico The Guar­dian, The New York Times, El País en España y Der Spie­gel en Ale­ma­nia han publi­cado los mis­mos documentos.

Sin embargo es Wiki­leaks, como coor­di­na­dor de todos ellos quien ha copado los ata­ques más crue­les y las acu­sa­cio­nes del Gobierno de los Esta­dos Uni­dos y sus acó­li­tos. He sido acu­sado de trai­ción a la patria a pesar de que soy aus­tra­liano y no esta­dou­ni­dense. Ha habido dece­nas de peti­cio­nes en los Esta­dos Uni­dos para que las fuer­zas espe­cia­les del país me qui­ten de en medio. Sarah Palin dice que debe­ría ser “cazado como Osama Bin Laden”, un pro­yecto de ley de los repu­bli­ca­nos en el Senado trata de que se me declare una ame­naza inter­na­cio­nal y que por tanto se me trate como tal. Un ase­sor de la ofi­cina del Pri­mer Minis­tro cana­diense ha dicho en la tele­vi­sión nacio­nal que debe­ría ser ase­si­nado. Un blo­guero esta­dou­ni­dense ha pedido que mi hijo de 20 años que está aquí, en Aus­tra­lia, sea secues­trado y tor­tu­rado por una única razón: lle­gar a mí.

Y los aus­tra­lia­nos debe­rían obser­var sin nin­gún tipo de orgu­llo la ver­gon­zosa dema­go­gia de la Pri­mera Minis­tra Gillard o de la Secre­ta­ria de Estado Hillary Clin­ton, que no han tenido ni una sola crí­tica para los otros medios de comu­ni­ca­ción. Eso es por­que The Guar­dian, The New York Times y Der Spie­gel son cono­ci­dos y están asen­ta­dos, mien­tras que Wiki­leaks es un medio joven y pequeño.

Esta­mos en des­ven­taja. El Gobierno de Gillard trata de matar al men­sa­jero por­que no quiere que la ver­dad sea reve­lada, ya que ésta incluye infor­ma­ción sobre sus pro­pias rela­cio­nes diplo­ma­ti­cas y politicas.

¿Ha habido alguna res­puesta por parte del Gobierno aus­tra­liano a las nume­ro­sas ame­na­zas publi­cas de vio­len­cia con­tra mi y el resto de per­so­nas que for­man Wiki­leaks? Uno podria lle­gar a pen­sar que el pri­mer minis­tro aus­tra­liano defen­de­ría a sus ciu­da­da­nos con­tra este tipo de cosas, pero sólo se nos ha acu­sado infun­da­da­mente de cri­mi­na­les. Se supone que el Pri­mer Minis­tro y, espe­cial­mente, el Fis­cal Gene­ral, deben lle­var a cabo sus obli­ga­cio­nes moral y dig­na­mente, sin verse envuel­tos en la refriega. Pero tened por seguro que estos dos están actuando con el único fin de sal­varse a sí mis­mos. No lo conseguirán.

Cada vez que Wiki­leaks publica la ver­dad acerca de abu­sos come­ti­dos por agen­cias esta­dou­ni­den­ses, los polí­ti­cos aus­tra­lia­nos can­tan a coro con el Depar­ta­mento de Estado de EEUU fal­se­da­des como “¡Estáis arries­gando vidas! ¡Segu­ri­dad Nacio­nal! ¡Las tro­pas esta­rán en peli­gro!”. Dicen que no hay nada rele­vante en lo que Wiki­leaks publica. No pue­den ser ambas cosas, ¿en qué quedamos?.

En nin­guna de ellas. Wiki­leaks ha estado publi­cando durante cua­tro años. Durante todo ese tiempo hemos cam­biado gobier­nos en su tota­li­dad, no sólo una única per­sona, y esto, como todo el mundo sabe, ha hecho daño. Pero los Esta­dos Uni­dos, con la con­ni­ven­cia del Gobierno Aus­tra­liano, ha ase­si­nado a miles de per­so­nas en los últi­mos meses.

El Secre­ta­rio de Defensa de Esta­dos Uni­dos, Robert Gates, ha admi­tido en una carta enviada al Con­greso de los Esta­dos Uni­dos que nin­guna fuente o método del ser­vi­cio de inte­li­gen­cia se han visto com­pro­me­ti­dos por los docu­men­tos divul­ga­dos de la gue­rra de Afga­nis­tán. El Pen­tá­gono ha afir­mado que no exis­ten prue­bas de que la infor­ma­ción de Wiki­leaks haya cau­sado daños en Afganistán.

Fuen­tes de la OTAN en Kabul han ase­gu­rado a la CNN que no existe una única per­sona que nece­site pro­tec­ción. El Depar­ta­mento de Defensa de Aus­tra­lia ha dicho lo mismo. No hay tro­pas aus­tra­lia­nas ni fuen­tes afec­ta­das por nada de lo que hemos publicado.

Pero nues­tras publi­ca­cio­nes no son ni mucho menos insig­ni­fi­can­tes. Los cables de la diplo­ma­cia de Esta­dos Uni­dos reve­lan algu­nos datos sorprendentes:

Los Esta­dos Uni­dos han pedido a sus diplo­má­ti­cos que roben mate­rial per­so­nal e infor­ma­ción de los ofi­cia­les de Nacio­nes Uni­das y de gru­pos pro-derechos huma­nos, inclu­yendo el ADN, hue­llas digi­ta­les, esca­neo de iris, núme­ros de tar­je­tas de cré­dito, con­tra­se­ñas de Inter­net y foto­gra­fías car­net, todo ello vio­lando los tra­ta­dos inter­na­cio­na­les. Pre­su­mi­ble­mente, los diplo­má­ti­cos de Nacio­nes Uni­das aus­tra­lia­nos tam­bién han sido obje­tivo de ello.

El Rey Abdu­llah de Ara­bia Saudí ha ase­gu­rado a ofi­cia­les esta­dou­ni­den­ses en Jor­da­nia y el Reino de Bah­réin que quiere que el pro­grama Nuclear de Irán se detenga de cual­quier modo.

Las inves­ti­ga­cio­nes del Reino Unido en Iraq fue­ron mani­pu­la­das para pro­te­ger los intere­ses de EEUU.

Sue­cia es un miem­bro encu­bierto de la OTAN y el inter­cam­bio de datos sobre inte­li­gen­cia con los Esta­dos Uni­dos se pro­duce desde el Parlamento.

Los Esta­dos Uni­dos están tra­ba­jando duro para colo­car a los pre­si­dia­rios de Guan­tá­namo en otros paí­ses. Barack Obama está de acuerdo en reunirse con el Pre­si­dente de Eslo­ve­nia sólo si acoge a un pri­sio­nero. A nues­tro vecino en el Pací­fico, Kiri­bati, le han ofre­cido millo­nes de dóla­res por acep­tar prisioneros.

En el his­tó­rico fallo de la Corte Suprema esta­dou­ni­dense sobre los Pape­les del Pen­tá­gono pode­mos leer lo siguiente: “sólo una prensa libre y sin res­tric­cio­nes puede expo­ner el engaño del Gobierno”. La tor­menta que gira alre­de­dor de Wiki­leaks deja en evi­den­cia la nece­si­dad de defen­der el dere­cho de todos los medios de comu­ni­ca­ción a reve­lar la verdad.

Julian Assange, edi­tor jefe de Wiki­leaks

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