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Una Charla Privada con John Lennon II Parte

noviembre 22, 2010

Con­ti­núa la conversación…

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¿Qué opi­nas del furor pro­vo­cado en Nor­te­amé­rica tras el rumor de que Paul había muerto?

Bien, pues ese furor se exten­dió alrede­dor del mundo. No supe qué pen­sar. Me dio risa, pero a la vez me pare­ció una ocu­rrencia exce­si­va­mente enferma.

Mucha gente creyó que la idea había sido mía, con el pro­pó­sito de incre­men­tar las ven­tas del Abbey Road. Pero ese disco no requi­rió de nin­guna estra­te­gia maca­bra para ven­der. Y, de cual­quier manera, yo jamás pen­sa­ría en algo así. La gente basó sus espe­cu­la­cio­nes en cier­tos ejem­plos muy pre­ci­sos, como el verso final de “Straw­be­rry Fields“que su­puestamente dice, ‘I Buried Paul’ [’Yo en­terré a Paul’]… Eso no es lo que dice. Dice ‘Cran­be­rry Sauce’ [’Salsa de arán­dano’]. Lo que yo digo en esa can­ción es [adopta un tono de gra­ve­dad] ‘Cran­be­rry sauce, cran­berry sauce’, y eso es todo. Y des­co­nozco lo que dice al revés.

Supues­ta­mente, en “Revo­lu­tion No. 9″ dice, ‘Encién­deme, encién­deme, anciano’…

Bien, pues nunca lo he escu­chado. Hay tan­tas cosas ahí que yo jamás he logrado escu­char. Alguien llegó a pen­sar que el Nú­mero 9 se refiere a la dieta macro­bió­tica con­sis­tente en diez días de arroz con­ti­nuo… Fran­ca­mente, no sé nada al respecto.

Todo se desa­rro­lló tan rápi­da­mente que seguro cons­ti­tuyó una gran sorpresa.

Así es, no lo podía­mos creer. Ya no recuer­do qué fue lo pri­mero que pensé. Fue muy es­túpido, y una autén­tica pér­dida de tiempo.

Tras la semana en Canadá y tras tu en­cuentro con Tru­deau y Munro, ¿cómo te sien­tes con los resultados?

Los encuen­tros hicie­ron que todo valiera la pena. Hubiera valido la pena, de cual­quier forma, pero hubo tres pun­tos álgi­dos: Dick Gre­gory, Tru­deau, Munro, y tal vez los tipos de la Comi­sión de Dro­gas. Bueno, creo que ya son cua­tro pun­tos álgi­dos. Nos pare­ció que había­mos logrado enta­blar una espe­cie de diá­logo con el esta­blish­ment, y nos que­da­mos muy sor­pren­di­dos con su exa­ge­rada sobrie­dad. Claro que sería muy snob de mi parte asu­mir que el esta­blish­ment es una sola cosa, gigan­tesca y mons­truosa, sería un pre­jui­cio simi­lar al que rodea a los judíos o a los negros. Todos sole­mos tener esas ideas, todos somos cul­pa­bles en cierta medida. Así me sentí gran parte del tiempo. Esta gente hace lo que puede para ope­rar una maqui­na­ria enorme, hay de­masiados copi­lo­tos y nadie puede ser lo sufi­cientemente cui­da­doso. Sin embargo, nos sen­timos espe­ran­za­dos por­que ahora sabe­mos que algu­nas per­so­nas ‘nor­ma­les y sobrias’ in­tentan comu­ni­carse con noso­tros y con toda la juven­tud. Quie­ren com­pren­der­nos pero no saben cómo abor­dar­nos, así que tene­mos que ten­der­les nues­tra mano, por­que algu­nos de su bando ya lo están haciendo, sin com­pro­mi­sos, claro, pero en aras de la comunicación.

Le decías a Munro, el minis­tro de Salud, que te preo­cu­paba el hecho de que los diálo­gos enta­bla­dos con la gente del así lla­mado esta­blish­ment podrían pare­cer, a los ojos de la juven­tud, algo así como un chanchu­llo desas­troso. Le suge­rías que este deta­lle te preo­cu­paba sobremanera.

No me refe­ría tanto a una preo­cu­pa­ción como a una toma de con­cien­cia. Es como cuando The Beatles aban­do­na­mos Liver­pool, algu­nos cre­ye­ron que este hecho sig­nificaba que nos había­mos ven­dido, incluso nos repren­die­ron por haber dejado de tocar en The Cavern. Esta clase de asun­tos son de­licados, incluso al nivel de un salón de baile. Si aban­do­na­bas un club para irte a otro, te esta­bas arries­gando a per­der a algu­nas per­sonas. Cuando nos mar­cha­mos de Liver­pool per­di­mos cierta can­ti­dad de gente, pero nos fue mejor. Y cuando aban­do­na­mos Lon­dres e Ingla­te­rra, per­di­mos a algu­nos segui­do­res ingle­ses que ase­gu­ra­ban que nos había­mos ven­dido a Esta­dos Uni­dos, y así, hasta el infi­nito. Sé per­fec­ta­mente que algo así puede pasar de nuevo, por­que esta­mos a punto –me refiero a mí, a Yoko y al movi­miento paci­fista– de aban­do­nar Ingla­te­rra. Recién estu­vi­mos en el pro­grama de Ed Sulli­van, y esto es sólo el comienzo… El Año Uno, por decir así.

¿Qué sen­tiste la noche del domingo, viendo El show de Ed Sulli­van y todos esos videos anti­guos de The Beatles?

Me sentí como cual­quiera que mira un viejo álbum foto­grá­fico. Son emo­cio­nes simi­la­res a las de quien visita su álbum fami­liar o cual­quier otra cosa por el esti­lo. Es lo mismo, pero en pelí­cula. No me dio pena. Quiero decir que uno no puede evi­tar sen­tirse lige­ra­mente ape­nado, pero nada grave, nada grave. No me lo tomo en serio; de hecho, me pare­ció muy gra­cioso. Poder verte a ti mismo resulta fas­ci­nante, sobre todo cuando las imá­ge­nes son tan vie­jas. Tra­taba de ima­gi­nar qué dia­blos pasaba por mi mente en esos momentos.

¿Hay algún nuevo pro­ducto por ahí? The Plas­tic Ono Band, John y Yoko, The Beatles.. .

Oh, bueno, el nuevo álbum de música Freak de John y Yoko se encuen­tra enlata­do y en espera de ser lan­zado. Un lado con­tiene car­ca­ja­das, y el otro sólo susu­rros… al menos hasta el momento. No sé cuánto duran los susu­rros. Yoko y yo nos meti­mos en el estu­dio con un par de inge­nie­ros, gente de EMI que ese día se encon­traba sin nada que hacer. Asi­mismo, reci­bi­mos ayuda tanto de la per­sona que hace el corte de nues­tros dis­cos en Apple como del súper inge­niero de The Beatles, fuma­mos un poco y gra­ba­mos algu­nos rui­dos gra­cio­sos, y nos reí­mos a lo largo de los tra­cks. Ade­más, todo mundo, incluso aqué­llos que tra­ba­jan para noso­tros pero que pro­vie­nen de EMI (en cierto senti­do, hemos infil­trado esta orga­ni­za­ción a fin de que­dar­nos con la gente más crea­tiva, los jóve­nes), gri­taba sus pro­pias bro­mas a todo pul­món. Los chis­tes incom­pren­si­bles, salvo para pocos, son de risa loca. Es muy pareci­do al asunto de las bro­mas inter­nas con The Beatles. Todo mundo se sin­to­niza en la misma fre­cuen­cia humo­rís­tica si pasas cierto tiempo con ellos, y la idea es trans­mi­tir esta broma a pesar que sea apa­ren­te­mente interna. Pero, ¿sabes algo? Puede hacerte reír a ti tam­bién. Más tarde deci­di­mos susu­rrar en un tema de Yoko. Si susu­rras algo al oído de una perso­na y ésta a su vez hace lo mismo con otro, y así durante cierto tiempo, cuando el susu­rro vuelve a tus oídos no queda nada salvo un sin­sen­tido. Yoko había expe­ri­men­tado con esto en un tea­tro, frente a zoo ó 300 perso­nas. Los susu­rros pasa­ron de boca en boca y, al final, un tipo se le acercó tras subir al palco y correr hasta donde ella estaba para transmi­tirle lo que había escu­chado, pero ella le dijo, “No me lo digas”. Fue de risa loca. Realiza­mos esto de los susu­rros durante la sesión y alguien nos filmó. Muy pronto nos pusi­mos a gri­tar y aullar. La gente no podía concentrar­se, ni siquiera podían trans­mi­tir el susu­rro a causa de la risa his­té­rica gene­ral. Y es que reír en esas cir­cuns­tan­cias es inevi­ta­ble. Co­menzaré el Año Uno riendo; ade­más, tengo un par de can­cio­nes que quiero lan­zar como sen­ci­llos de la Plas­tic Ono Band. Por ahí hay un enla­tado de The Beatles, que seguramen­te sal­drá en febrero: Get Back.

los años sesenta repre­senta ron mi adul­tez tem­prana, mien­tras que los años cin­cuenta fue­ron algo así como los vie­jos bue­nos tiem­pos de mi adolescencia.”

¿Algún otro álbum en camino?

Me gus­ta­ría gra­bar un disco con la Plas­tic Ono Band, pero no tengo tiempo. Sólo temas nue­vos. Quizá un lado sea mío y el otro de Yoko. Pero tal vez sólo se le antoje can­tar al­gunas bala­das como “Remem­ber Love”. Así que no lo sé; depende de muchas cosas. Tengo seis o siete can­cio­nes que aún debo arreglar.

¿Es todo lo que has com­puesto en los úl­timos tiempos?

Sí, aun­que, de hecho, ésa es mi canti­dad habi­tual. Sólo des­pués de seis meses pue­des con­tar con un catá­logo de unas 14 can­cio­nes. Son temas con los que te que­das estan­cado. Me paso la vida inten­tando ter­minar lo que tengo, alguna línea o fra­seo que me da vuel­tas en la cabeza. No puedo olvi­dar cier­tas ideas, así que debo vol­ver a ellas. Ahora tengo sólo seis o siete can­cio­nes en estado embrio­na­rio, y todas ellas están com­pues­tas de un par de ver­sos o provie­nen de algún pen­sa­miento. Por lo gene­ral me pongo a jugar con estos ele­men­tos. Al final me gus­ta­ría mon­tar­las con cual­quier músico dis­po­ni­ble. Tar­daré un poco por­que estoy ocu­pado, pero las ter­mi­naré, por­que me en­canta gra­bar. Es como una necesidad.

¿Crees que el año nuevo, el Año Uno, será bueno para la paz?

Sí. Noso­tros cree­mos que esta década repre­sentó el prin­ci­pio del fin, pero esto ha sido algo posi­tivo y no depri­mente, como algu­nos sos­tie­nen. Ha sido una década mu­sical, per­te­ne­ciente a una nueva gene­ra­ción, una década rebo­sante de liber­tad, de com­prensión , con las mora­to­rias, el jazz, Wood­stock y otros fes­ti­va­les como el de la Isla de Wight. Esto es sólo el comienzo, pero lo que tene­mos que hacer es man­te­ner la espe­ranza viva. De lo con­tra­rio, nos hundiremos.

La frase “Los años sesenta”, ¿qué te hace pensar?

Yo no pen­saba en esos tér­mi­nos hasta que hace unos meses todo mundo comen­zó a hacerme pre­gun­tas al res­pecto. No me gusta pen­sar así. Supongo que puedo decirte que los años sesenta representa­ron mi adul­tez tem­prana, mien­tras que los años cin­cuenta fue­ron algo así como los vie­jos bue­nos tiem­pos de mi ado­les­cen­cia. Es una opi­nión per­so­nal, claro. En reali­dad no pienso mucho en ello. No pienso en esta década o en aqué­lla, sino hasta que los demás comien­zan a hacer pre­gun­tas. Eso es todo.

¿Qué hay de la pro­mesa de una visita a Nueva York en febrero?¿Qué harás allí si te otor­gan la visa?

Bueno, por lo pronto no hay nada defi­nido. Al pare­cer, alguien está orga­ni­zando una reunión o pro­testa en una fábrica de armas, aun­que toda­vía no sabe­mos a cien­cia cierta dónde se lle­vará a cabo. La cosa no ha pasado de unas cuan­tas plá­ti­cas. Pero, en efecto, será una reunión o una manifesta­ción. Y, claro, las lito­gra­fías están a punto de salir, así como Gra­pe­fruit, el nuevo libro de Yoko. Pero esto será sólo una espe­cie de sub­pro­ducto de todo lo demás. Y ten­dre­mos el estreno de Get Back. Espero que todos los Beatles hagan acto de presencia.

¿Te sien­tes más lleno de espe­ranza en lo que res­pecta al asunto de la paz tras tu vi­sita a Canadá?

Claro, y eso que antes nos sen­tía­mos muy espe­ran­za­dos. Así que ya pue­des imaginar­te cómo han aumen­tado nues­tras esperan­zas. Y es que, de vez en cuando, resulta posi­ble atis­bar un futuro dife­rente, esto es sufi­ciente para man­te­nerte activo. La visi­ta a Canadá nos per­mi­tió este atisbo.

El futuro pinta bien.

TRADUCCIÓN: FERNANDO BENÍTEZ

_____________________

Fuente: Revista Rolling Stone

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