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Larry Flynt, el pornógrafo justiciero

octubre 23, 2010

Cuando Bob Livings­ton pri­mero vio el tris­te­mente céle­bre aviso del millón de dóla­res de Larry Flynt en el Washing­ton Post en octu­bre pasado, no pensó dema­siado en el asunto. Hoy, habiendo renun­ciado como pre­si­dente electo de la Cámara de Repre­sen­tan­tes y pla­neando renun­ciar tam­bién al Con­greso, con­fiesa haberse equi­vo­cado, y por mucho. “Supongo que no pensé en el impacto del millón de dóla­res –dijo el inter­mi­tente líder repu­bli­cano al Post esta semana–. Real­mente no creí que alguien pudiera hacerme algo de esa calaña. Bien­ve­ni­dos al mundo de Larry Flynt. Real­mente no lo creí posible”.

Las reglas de juego de la polí­tica nor­te­ame­ri­cana han sido rees­cri­tas sin cesar desde que esta­lló la his­to­ria de Monica Lewinsky en enero. Y Washing­ton ya estaba satu­rado de la cri­sis antes de que Flynt, edi­tor de la revista eró­tica Hustler, empe­zara a mani­pu­larla la semana pasada. El fac­tor Flynt ha sho­ckeado una cul­tura polí­tica que había empe­zado a creer que lo había visto todo. “Ha ter­mi­nado con­vir­tién­dose en esto: Larry Flynt es que esta­blece la agenda”, fue lo que Howard Kurtz, el comen­ta­rista de medios del Post, escri­bió el fin de semana pasado sin poder creér­selo del todo. Y la capi­tal nor­te­ame­ri­cana es cons­ciente, de manera incó­moda, de que esto no ha terminado.

El pro­pio Flynt ha admi­tido que es un por­nó­grafo. Flynt tituló su auto­bio­gra­fía de 1996 Un hom­bre inde­cente: mi vida como por­nó­grafo, experto y des­cas­tado social. Otros fue­ron más lejos. Glo­ria Stei­nem lo ha lla­mado vio­lento y sádico. Y dos años atrás, su hija Tonya res­pon­dió al film de Milos For­man, El pue­blo con­tra Larry Flynt, (estre­nado en la Argen­tina como Larry Flint: El nom­bre del escán­dalo) cali­fi­cando a su padre como un pro­xe­neta y un abu­sa­dor de niños.

Lo que está más allá de toda duda es que Flynt ha sido una figura con­tro­ver­tida y de mala fama en la vida nor­te­ame­ri­cana por más de 20 años. El impe­rio de este edi­tor de 56 años está basado en una serie de revis­tas de las cua­les la que más tiempo ha vivido es Hustler. Pri­mero apa­re­ció como una lámina de dos pági­nas en 1974, y Flynt empezó su ascenso desde ser el oscuro pro­pie­ta­rio de un club de strip-tease en Ohio hasta con­ver­tirse en el ins­ti­ga­dor del último espasmo de ver­güenza de los nor­te­ame­ri­ca­nos. Hustler estuvo en el cen­tro de una serie de bata­llas judi­cia­les lan­za­das con­tra Flynt en los 70 y los 80, a medida que los acti­vis­tas anti­obs­ce­ni­dad lucha­ban en estado tras estado para prohi­bir sus revis­tas de los quios­cos. En 1978, mien­tras dejaba un tri­bu­nal de Geor­gia, un supre­ma­cista blanco anti­se­mita y armado abrió fuego con­tra él, a con­se­cuen­cia de lo cual Flynt quedó redu­cido a cir­cu­lar en una silla de ruedas.

Desde que anun­ció, a fines del año pasado, que reve­la­ría los nom­bres de hasta una docena de crí­ti­cos de Clin­ton cul­pa­bles de indis­cre­cio­nes sexua­les, el millo­na­rio Larry Flynt –dueño de la revista eró­tica Hustler y auto­pro­cla­mado már­tir de la indus­tria porno– ha reci­bido alre­de­dor de 150 lla­ma­das de la prensa. Sin embargo, no ha con­ce­dido dema­sia­das entre­vis­tas. Hoy hace una excep­ción para reunirse con un viejo enemigo y nuevo amigo, el reve­rendo Jerry Fal­well, como parte de un show tele­vi­sivo con lla­ma­das tele­fó­ni­cas en directo. En 1985, este minis­tro bau­tista le inició a Flynt una demanda judi­cial por difa­ma­ción, a raíz de una foto publi­cada en Hustler que insi­nuaba, en tono de broma, que el pre­di­ca­dor había per­dido la vir­gi­ni­dad con su pro­pia madre. Fal­well llegó hasta la Corte Suprema antes de ser derro­tado. rollings­tone.

En 1983, el edi­tor publicó un falso aviso de Cam­pari en que mos­traba al evan­ge­lista tele­vi­sivo Jerry Fal­well en un encuen­tro sexual alcoho­li­zado con su pro­pia madre. Fal­well lo pro­cesó por calum­nia, inva­sión de pri­va­ci­dad y per­jui­cio emo­cio­nal y pidió 45 millo­nes de dóla­res en con­cepto de daños. Un jurado le otorgó 200.000 dóla­res por el cargo de per­jui­cio emo­cio­nal. Flynt llevó el caso a la Suprema Corte, que falló en su favor, afir­mando que era esen­cial pro­te­ger el dere­cho a la sátira.

El caso dis­paró a Flynt al estre­llato, sus­ci­tando el film de For­man y con­vir­tiendo al por­nó­grafo en un impro­ba­ble héroe de la liber­tad de expre­sión. El tema hizo explo­sión en el movi­miento femi­nista, con­vir­tiendo a Flynt ahora en uno de esos nor­te­ame­ri­ca­nos de quie­nes cada uno tiene una opi­nión extrema, de un tipo o de otro.

Flynt publicó su último aviso en el Post el 4 de octu­bre, inme­dia­ta­mente des­pués de la publi­ca­ción del informe del fis­cal inde­pen­diente Ken­nethS­tarr, y de la difu­sión tele­vi­siva del video con el tes­ti­mo­nio de Bill Clin­ton ante el Gran Jurado. El aviso ofre­cía un millón de dóla­res a cual­quiera que pudiera sumi­nis­trar deta­lles de “encuen­tros sexua­les adúl­te­ros” con miem­bros del Con­greso o fun­cio­na­rios de pri­mera línea del gobierno. De acuerdo con Flynt, reci­bió 2000 res­pues­tas al aviso, de las cua­les con­si­deró que unas 48 eran autén­ti­cas. Flynt deci­dió enton­ces inves­ti­gar 12 de ellas para un artículo que va a ser publi­cado en enero.

El pasado fin de semana, Flynt dijo en una con­fe­ren­cia de prensa que estaba inves­ti­gando al menos a un miem­bro del Senado, que va a empe­zar las audien­cias por el impea­ch­ment de Clin­ton el 6 de enero. Agregó que la mayo­ría de los hom­bres a los que estaba inves­ti­gando eran repu­bli­ca­nos. “Hay un solo demó­crata en todo ese basu­ral”, afirmó. Como “demó­crata mili­tante”, no ha deci­dido aún si publi­car deta­lles sobre este caso. Flynt se ha negado a reve­lar deta­lles de sus inves­ti­ga­cio­nes, aun­que ha dicho que algu­nos de los polí­ti­cos en cues­tión habían men­tido en jui­cios de divor­cio. Dos de los casos, uno de ellos invo­lu­crando un con­gre­sista repu­bli­cano, y el otro un fun­cio­na­rio del Par­tido Repu­bli­cano, son de sexo tele­fó­nico, según reveló Flynt, agre­gando que dis­pone de las gra­ba­cio­nes. Uno de sus inves­ti­ga­dos –pro­mete Flynt– es “un pez real­mente gordo”.

Livings­ton con­fesó que “en oca­sio­nes, me des­vié de mi matri­mo­nio”. Pero dijo al Washing­ton Post que no estaba seguro de lo que Hustler iba a ale­gar. “He escu­chado todo tipo de rumo­res horri­bles sobre lo que tiene Flynt –sos­tuvo–. La mayor parte está mal, cosas que no pasa­ron nunca”.

El hom­bre que bre­ve­mente estuvo en el ter­cer lugar de la fila para la pre­si­den­cia dijo que espe­raba que su renun­cia desatara una ola de pro­tes­tas con­tra Flynt. “Ima­giné que ya era dema­siado tarde para que pudiera ayu­darme, pero tuve la espe­ranza de que al lla­mar la aten­ción al tema, podría ayu­dar a otros y que el mundo se ente­rara de lo que es este crá­pula”. “Se nece­sita a uno para cono­cer al otro –repuso Flynt–. Fue él quien se emba­rró primero”.

El epi­so­dio Flynt ha for­zado a los polí­ti­cos, exper­tos y espe­cia­lis­tas en medios de Esta­dos Uni­dos a des­ga­rrarse las ves­ti­du­ras mien­tras con­si­de­ran las con­se­cuen­cias del affair Lewinsky. “Algo ha cam­biado en la cul­tura mediá­tica y polí­tica –dijo Kurtz–. Los vie­jos lími­tes de lo que se con­si­de­raba juego lim­pio para perio­dis­tas agre­si­vos se han borrado”.

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Fuente: Rollings­ton — Pagina12

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