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Un gran día para el Perú: Mario Vargas Llosa ganó el Premio Nobel de Literatura

octubre 7, 2010

Saben, estoy tan emo­cio­nado por don Mario, por la cul­tura peruana, por la Lite­ra­tura de mi país, no lo puedo creer aún, abrí las noti­cias y me encon­tré con esto, don Mario es el Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura, qui­siera feli­ci­tarlo y decirle que me ale­gró la mañana y que lo res­peto, no solo por su lite­ra­tura sino ade­más por su volun­tad de vida, por la dis­ci­plina que le puso a su pro­fe­sión, por su lucha con­tra las injus­ti­cias de los paí­ses y por toda su decen­cia. Gra­cias don Mario, aun­que ese día no alcancé a salu­darlo, le agra­dezco que Ud. sea peruano.

En comu­ni­ca­ción con RPP, el gana­dor del Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura 2010, Mario Var­gas Llosa, expresó su gran emo­ción por reci­bir éste reconocimiento.

“Estoy muy con­tento y agra­de­cido a la Aca­de­mia Sueca y a todos los ami­gos que desde que se ente­ra­ron de la noti­cia me han dicho cosas simpáticas”,señaló el lite­rato a RPP.

Var­gas Llosa tam­bién afirmó que desde hace mucho tiempo pen­saba que no se encon­traba entre los can­di­da­tos al Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura 2010. “Sin duda fue una sor­presa mayús­cula”, ase­guró con gran entusiasmo.

Según el pre­si­dente del jurado del Nobel de Lite­ra­tura, Peter Englund, el autor de “La ciu­dad de los perros” dijo sen­tirse “muy con­mo­vido y entu­sias­mado” por el galardón.

Vale recal­car que Var­gas Llosa está en Nueva York, donde da cla­ses en la Uni­ver­si­dad de Princeton.

“Se había levan­tado a las cinco de la mañana para pre­sen­tar una clase, cuando reci­bió nues­tra lla­mada a las siete menos cuarto, mien­tras tra­ba­jaba inten­sa­mente”, dijo Englund.

Cabe men­cio­nar que el escri­tor ” nacido en 1936 en Are­quipa (Perú) y que tam­bién tiene la nacio­na­li­dad espa­ñola, en las qui­nie­las de los favo­ri­tos de los Nobel desde hacía años, es el pri­mer escri­tor lati­noa­me­ri­cano gana­dor del Nobel de Lite­ra­tura desde el mexi­cano Octa­vio Paz, en 1990.

Fuente: RPP

Cin­cuenta razo­nes para cele­brar a Mario

El Cul­tura. ES

Aso­cio el nom­bre de Mario Var­gas Llosa no sólo con unas cuan­tas nove­las memo­ra­bles, algu­nas de las cua­les figu­ran en lugar pre­fe­rente de mi his­to­ria par­ti­cu­lar del gozo esté­tico. Le tengo, ade­más, por un exce­lente pen­sa­dor del género nove­lesco. Creo que ha sabido razo­nar con hon­dura, con inge­nio, con pasión con­ta­giosa, por qué y para qué se escri­ben y se leen las nove­las. Recuerdo, agra­de­cido, que hace años un ensayo suyo me llevó a la expe­rien­cia inol­vi­da­ble de leer Tirante el Blanco. Fer­nando Aramburu

Siem­pre había que­rido pare­cerme a escri­to­res como Var­gas Llosa. Desde que leí La ciu­dad y los perros había que­rido pare­cerme al pro­pio Var­gas Llosa. Y con el paso del tiempo, me enteré de que los 2 somos lec­to­res apa­sio­na­dos de Los mise­ra­bles, de Víc­tor Hugo. Gra­cias, Mario, por haberme ayu­dado a cum­plir uno de mis sue­ños. Fer­nando Fernán-Gómez

La pri­mera razón para leer a Var­gas Llosa es Los Cacho­rros, Con­ver­sa­ción en la Cate­dral, la Ciu­dad y los perros, La casa Verde o La Gue­rra del Fin del mundo. Tan impre­sio­nante lis­tado obliga a no aña­dir más. La segunda razón es que tiene uno de los libros más des­ca­cha­rran­tes de la lite­ra­tura en espa­ñol: La Tía Julia y el escri­bi­dor. La ter­cera razón es que es uno de los más inte­li­gen­tes y ele­gan­tes crí­ti­cos lite­ra­rios, cuyas invi­ta­cio­nes a obras de otros abren exce­len­tes puer­tas para lle­gar a nove­las impres­cin­di­bles (La Ver­dad de las men­ti­ras). La cuarta es su obra perio­dís­tica. No hace nin­guna falta aña­dir una quinta razón. Juan Boni­lla

Con­fieso que aun­que es un com­pa­ñero estu­pendo de la Real Aca­de­mia, no he leído en pro­fun­di­dad su obra. Sí conozco más sus artícu­los, que siem­pre me han pare­cido valien­tes, muy per­ti­nen­tes y res­pe­ta­bles y, sobre todo, inde­pen­dien­tes. Y, desde luego, sus cono­ci­mien­tos esté­ti­cos sal­tan a la vista. Fran­cisco Nieva

El pri­mer libro que leí de él fue el ensayo La orgía per­pe­tua y el último La fiesta del chivo. Dicen que los poe­tas se divi­den en cele­bra­to­rios y ele­gía­cos. El autor de estas orgías y de estas fies­tas sería de los pri­me­ros. No digo que escriba siem­pre him­nos (el relato del dic­ta­dor san­gui­na­rio no lo es, cier­ta­mente), pero sí que trans­mite con ale­gría su amor. Esa es la esen­cia de los maestros¿Amor a qué? A la lite­ra­tura, pero tam­bién amor huma­nista al mundo, a pesar de sus des­ga­rra­mien­tos, de sus dile­mas y de toda su nega­ti­vi­dad. Javier Gomá

Como ocu­rría con Enri­que Jar­diel Pon­cela, a mí me pasa con la lite­ra­tura de Mario Var­gas Llosa que sus artícu­los perio­dís­ti­cos me pare­cen de dere­chas, pero sus nove­las son más bien de izquier­das. Esto sólo es posi­ble en un escri­tor com­plejo, inde­pen­diente y lleno de huma­ni­dad, como sin duda es el autor de La ciu­dad y los perros, novela inol­vi­da­ble que dis­fruté muchí­simo leyendo. Vicente Aranda

Leer a MVLL es una forma de con­ser­var la juven­tud: su obra está hecha en el pre­sente com­bus­ti­ble de la pasión. En sus nove­las alienta el clima fra­go­roso de la tem­po­ra­li­dad, donde lo vivo arde, pug­naz y fugaz. Sus per­so­na­jes sucum­ben poniendo a prueba sus fuer­zas, como ánge­les caí­dos que pagan el robo del fuego. Son nega­dos por un mundo mal hecho, incó­lume y cul­pa­ble. Pero, otra vez, la vida apuesta por ella misma y forja al héroe de una apa­sio­nada des­es­pe­ranza. Asi, la lec­tura nos reco­bra y la aven­tura reco­mienza. A los 70 años, MVLL sigue jugán­dolo todo a una página. Julio Ortega

A todos los gran­des nove­lis­tas hay que leer­los para saciar nues­tro innato deseo de escu­char his­to­rias. A Var­gas Llosa tam­bién, por­que es un inago­ta­ble con­ta­dor. Pero lo que más me impre­siona en él es su pasión por la lite­ra­tura. Es una pasión de ado­les­cente. Nos ha con­tado cómo des­cu­brió Madame Bovary, la exci­ta­ción, el entu­siasmo por leerla. Creo que con los años y las pági­nas se pierde esa vora­ci­dad entu­sia­mada pro­pia del lec­tor joven. Var­gas Llosa la ha con­ser­vado y, ade­más, intenta trans­mi­tir­nos esa pro­funda emo­ción. Me parece mag­ní­fico. José Anto­nio Marina

En los tiem­pos de la uni­ver­si­dad, todos mis ami­gos que hacían Filo­lo­gía y Filo­so­fía eran de los libros serios de Var­gas Llosa: La ciu­dad y los perros, Con­ver­sa­ción en la cate­dral, La casa verde. Pero yo siem­pre pre­ferí los otros, los supues­ta­mente frí­vo­los: sobre todo, La tía Julia y el escri­bi­dor. En ella encuen­tro, lle­vada al extremo, la mejor razón para leer a Var­gas Llosa: el gozo. La ale­gría de encon­trarse una his­to­ria bien con­tada, que rezuma inge­nio y pro­fun­di­dad. Lorenzo Silva

No hay mayor motivo para leer a un autor que el pla­cer que pro­duce. Yo recuerdo con pre­ci­sión el que me regaló la lec­tura de Los cacho­rros en mis pri­me­ros tiem­pos de estu­diante uni­ver­si­ta­rio, que se amplió y afianzó con sus ensa­yos sobre Flau­bert o el Tirant lo Blanch. Me gusta ver los lomos de La ciu­dad y los perros, La casa Verde, Con­ver­sa­ción en La Cate­dral o La Tía Julia… en mi biblio­teca mar­ca­dos por la lec­tura, que es siem­pre recuerdo y pro­mesa. Jaume Vallcorba

Recién acabo de des­per­tar de un sueño en el que me asom­braba todo el rato de lo fácil que me resul­taba el camino que me lle­vaba a vol­ver a leer las obras cum­bres de Var­gas Llosa. Y es que caía en picado por él, por ese camino. A quie­nes no le hayan leído, les reco­men­da­ría que toma­ran el camino con más calma. Es un sen­dero largo y atrac­tivo, lleno de gran­des hallaz­gos. Enri­que Vila-Matas.

Para mí, aun­que per­so­nal­mente lo conozco poco, es uno de mis mejo­res y más vie­jos ami­gos. He leído todos sus libros, y algu­nos más de tres y cua­tro veces. Y los he leído como lec­tor y como escri­tor. Para dis­fru­tar y para dis­fru­tar apren­diendo. Es un autor que se va engran­de­ciendo con el tiempo. La ciu­dad y los perros o Con­ver­sa­ción en La Cate­dral son nove­las que resul­tan mejo­res ahora que cuando apa­re­cie­ron. La Fiesta del Chivo será mejor den­tro de 20 años que ahora. ése es el pri­vi­le­gio de un crea­dor de mun­dos cuya riqueza y soli­dez parece cre­cer y cre­cer con los años, como si cada libro tuviera vida pro­pia. Luis Lan­dero.

Hay que leerlo por­que es un escri­tor que jamás se separa de la reali­dad, pero la uti­liza para tras­cen­derla, para uni­ver­sa­li­zar cues­tio­nes que pare­cían con­cre­tas y limi­ta­das, sea la edu­ca­ción en un cole­gio para­mi­li­tar o la vida bajo una dic­ta­dura deter­mi­nada. Ha enten­dido como pocos la capa­ci­dad omní­moda de la novela para crear mun­dos autó­no­mos en los que lo “real” no es la corres­pon­den­cia con una reali­dad exte­rior, sino la cohe­sión interna y la armo­ni­za­ción de ele­men­tos que, fuera de esa uni­dad narra­tiva, serían tal vez incom­pa­ti­bles. Ricardo Sena­bre

Var­gas Llosa es un escri­tor que con­si­gue, en sus nove­las y en sus ensa­yos, dar pasos ade­lante, y sor­pren­der o cau­ti­var nue­va­mente. Es una prueba inequí­voca de su enorme talento y de su papel en la evo­lu­ción de la lite­ra­tura en espa­ñol. Leerlo siem­pre aporta algo, tanto a lec­to­res como a escri­to­res, y éstos aca­ban entre­ga­dos al reno­vado poderío de su lite­ra­tura. Adolfo Gar­cía Ortega

¿Cuán­tos gran­des libros tiene que escri­bir un nove­lista para que se le con­si­dere un gran escri­tor? Yo creo que basta con uno. Pues bien, Mario Var­gas Llosa es autor, no de uno, sino de varios libros ver­da­de­ra­mente gran­des, razón más que sufi­ciente para que se deci­dan de una vez a leerle todos aque­llos que toda­vía no lo hayan hecho. Igna­cio Mar­tí­nez de Pisón

Mario Var­gas Llosa es un escri­bi­dor, nove­lista, ensa­yista, arti­cu­lista, que ha hecho bueno el afo­rismo clá­sico de delei­tar apro­ve­chando. Todas sus nove­las son nove­las de tesis y en ellas está siem­pre pre­sente ese inte­lec­tual euro­peo tras­la­dado a His­pa­noa­mé­rica. Es posi­ble afir­mar que Mario Var­gas Llosa ha reju­ve­ne­cido la novela, sin per­der una cierta fide­li­dad a la novela del siglo XIX, a la que alude con fre­cuen­cia en sus exce­len­tes artícu­los. Car­los Bousoño

Ahora que las últi­mas hor­na­das de narra­do­res his­pa­noa­me­ri­ca­nos abo­mi­nan de sus padres lite­ra­rios, no está de más insis­tir en la gran­deza de los escri­to­res del boom. Yo, como tan­tos, he cre­cido, des­lum­brado, con ellos. La mejor razón para leer a Var­gas Llosa con­siste en la razón única de que dis­po­ne­mos para leer a cual­quier gran autor: aspira siem­pre a la gran lite­ra­tura. Car­los Marzal

Una razón para leer a Var­gas Llosa es por ser un extra­or­di­na­rio expo­nente de la ori­gi­na­li­dad narra­tiva y de la belleza esti­lís­tica de la lite­ra­tura his­pa­noa­me­ri­cana de nues­tros días. Anto­nio García-Bellido

Mario Var­gas Llosa es un maes­tro de ese modo de nove­lar que, en un lugar de la Man­cha, derrotó a los malos libros de caba­lle­rías, por más que estos se empe­ñen en regre­sar. Tra­mas de la his­to­ria ver­da­dera, con­duc­tas y atmós­fe­ras sor­pren­den­tes pero reco­no­ci­bles, y un len­guaje con­ciso y pre­ciso. Un clá­sico vivo de la len­gua espa­ñola. José María Merino

Var­gas Llosa es un experto en crear estruc­tu­ras narra­ti­vas com­ple­jas, diná­mi­cas y efi­ca­ces, al dotar­las de una mirada en zig-zag que per­mite una doble visión de las esce­nas cru­za­das, de cuyo movi­miento emerge un con­cepto de “des­tino” ple­na­mente moderno. A menudo lo leo para apren­der. Jesús Ferrero

Por­que es un maes­tro de la nove­lís­tica con­tem­po­rá­nea, por­que eso lo hace al mismo tiempo uno de los nove­lis­tas más impor­tante del mundo, y por­que es, para cono­cer el mundo his­pá­nico, abso­lu­ta­mente impres­cin­di­ble leerlo. J. J. Armas Marcelo

Hay escri­tu­ras adic­ti­vas, lees una sola línea y ya estás engan­chado. La de Var­gas Llosa es una de ellas: con unas pocas pala­bras te coloca en la espe­ranza de estar en el umbral de una reve­la­ción: la de que leer, nos trans­forma. Por­que todo lo que nos rodea des­a­pa­rece y la página, nues­tros ojos, el cere­bro y el pecho comien­zan a res­pi­rar en el modo que quiera pro­vo­car­nos. La última cosa que he leído suya estaba estam­pada en una deli­cada cabeza de bronce de Manolo Val­dés. No pude dejar de dar vuel­tas alre­de­dor de ella. Alberto Cora­zón

Oye”, pre­gunto a una amiga con la que he salido a cenar, “¿tú sabrías decirme una razón por la que leer a Var­gas Llosa?” “¿Una razón? ¿¡Sólo una!?” Deja el tene­dor, se le agran­dan los ojos, intenta hablar sin con­se­guirlo, hace un gesto con las manos como para abar­car un objeto inasi­ble y mara­vi­lloso, son­ríe, recor­dando sin duda alguno de sus libros, sacude la cabeza per­pleja e impo­tente. Vale. Para qué más razo­nes. José Ovejero

A Mario Var­gas Llosa le agra­de­ceré siem­pre las her­mo­sas, inten­sas e impa­ga­bles horas que he pasado con sus nove­las, sedu­cida por el pla­cer inago­ta­ble de esa “orgía per­pe­tua” que él tan bien conoce y por su asom­brosa capa­ci­dad de con­ver­tir las men­ti­ras de la fic­ción lite­ra­ria en las ver­da­des más autén­ti­cas y per­tur­ba­do­ras, tan lejos de lo que un comen­ta­rista polí­tico de la reali­dad podría con­se­guir jamás. Mer­ce­des Sampietro

Siem­pre vale la pena leer a Var­gas Llosa, inclui­dos sus artícu­los con los que muchos no esta­mos de acuerdo y en los que es impo­si­ble dejar de reco­no­cer su inte­li­gen­cia, rigor y cla­ri­dad. Siem­pre vale la pena leer a Var­gas Llosa, por­que su pulso narra­tivo ape­nas tiene paran­gón, por­que en su obra la com­ple­ji­dad for­mal, la refle­xión his­tó­rica y el sen­tido del humor se con­ju­gan admi­ra­ble­mente, y por muchos otros moti­vos que inclu­yen, por supuesto, el pla­cer de dis­cre­par de él. Andrés Neuman

La razón prin­ci­pal para leer a Mario Var­gas Llosa es la deli­cia que sig­ni­fica leerlo, sim­ple­mente. La prosa de Var­gas Llosa des­tila lo que yo lla­ma­ría cono­ci­miento pla­cen­tero o lo que es lo mismo, belleza. Pero esa belleza en Var­gas Llosa se acre­cienta con su estilo, que es inte­li­gente. La estruc­tura de su len­guaje es firme y pre­cisa. Todo ello hace que trans­mita el men­saje con “segu­ri­dad” y de una manera única creando la sen­sa­cion de un tiempo pla­cen­tero. Me encan­ta­ría hablar con él sobre Neu­ro­es­té­tica o neu­roarte. Fran­cisco Mora

Cre­ci­mos lite­ra­ria­mente con los rela­tos de Var­gas Llosa. En una época de magias difu­sas, mos­tró que el rea­lismo tam­bién tiene mil y una noches. Creo que el que Mario sea un polí­tico laico, tam­bién en lo polí­tico, le da una curiosa dis­tan­cia res­pecto a la reela­bo­ra­ción de la reali­dad, en un sen­tido dis­tinto al de los “cre­yen­tes”. Y resiste muy bien el paso del tiempo, como toda buena lite­ra­tura. Manuel Gutié­rrez Aragón

Recuerdo el impacto que tuve cuando leí La ciu­dad y los perros recién publi­cada, ¡qué pri­mera novela y qué escri­tor excep­cio­nal! Y lo dis­fru­ta­mos desde enton­ces. Por otra parte siem­pre es esti­mu­lante leer sus ensa­yos polí­ti­cos (para a menudo dis­cre­par) y lite­ra­rios (para aplau­dir­los sin excep­ción). Jorge Herralde

Siem­pre reco­miendo a la gente que empieza en el cine que en lugar de infil­trarse en un rodaje donde no se aprende nada, vayan a la sala de mon­taje de una pelí­cula. Eso, y que lean Con­ver­sa­ción en la Cate­dral, poque es una mues­tra de cómo se puede mon­tar bien un relato. David Trueba

Supongo que exis­ten miles de razo­nes para leer las nove­las de Var­gas Llosa. A mi me ocu­rre algo leve­mente dis­tinto: no lo leo, sino que lo re-leo. Y lo hago, jus­ta­mente, cuando estoy a punto de empe­zar a escri­bir una de mis nove­las. Enton­ces busco mi ejem­plar de Con­ver­sa­ción en la cate­dral y, sin impor­tarme ya dema­siado cuándo se jodió el Perú, trato de cap­tar la res­pi­ra­ción, el tejido, la mali­cia narra­tiva y apunto mis armas hacia esa altura inal­can­za­ble pero ten­ta­dora: Var­gas Llosa es la meta, el reto, la “ima­gen y la posi­bi­li­dad”, como dijera Lezama. Leo­nardo Padura.

Le vimos cre­cer lite­ra­ria­mente en la Bar­ce­lona del boom, entre cenas jocun­das y lar­guí­si­mas sobre­me­sas, deli­be­ran­tes o reñi­do­ras. Nos enseñó que ser un nove­lista lati­noa­me­ri­cano autén­tico no sig­ni­fica ser pin­to­resco. El más euro­peo de los nove­lis­tas de las Indias Occi­den­ta­les –cos­mo­po­lita pro­fe­sio­nal– se reveló ade­más como un agu­dí­simo ensa­yista y arti­cu­lista. La última vez que le vi fue en un fes­ti­val de cine en Ber­lín y me pare­ció que el tiempo no había pasado desde los “happy six­ties”. Le segui­mos echando de menos en Bar­ce­lona. Román Gubern

Un escri­tor for­mi­da­ble que aparte de su éxito como nove­lista es un mag­ní­fico exé­geta. Es un gran con­ta­dor de his­to­rias, a las que trata con extra­or­di­na­rio sosiego, aca­ri­ciando las pala­bras. Es una for­tuna que exista, y que escriba así. En los 70 tuvi­mos una rela­ción bas­tante intensa. Informe para una Aca­de­mia causó impacto en Bar­ce­lona, donde vivía. Me con­fió La seño­rita de Tacn’ para que la mon­tara, pero no tenía medios para pro­du­cirla. Recu­rrí a un cono­cido pro­duc­tor de Madrid. Me dijo: “Yo te la pro­duzco, pero con acto­res espa­ño­les”, cuando yo que­ría con acto­res argen­ti­nos exi­lia­dos en España, entre ellos Norma Alean­dro. No la pude mon­tar. Luego, Norma la hizo en Bue­nos Aires con un gran éxito. José Luis Gómez

El con­junto de la obra narra­tiva de Var­gas Llosa es, apli­cán­dole lo que dijo él a pro­pó­sito de Flau­bert, una orgía per­pe­tua. Su nómina de nove­las magis­tra­les es asom­brosa. Algu­nos dirán que nin­guna de sus nove­las ha bri­llado a la altura de Para­diso o Cien años de sole­dad, pero hay algo en lo que nadie lo supera y es que cada década vuelve a escri­bir una obra maes­tra. Lleva medio siglo hacién­dolo. Des­pués de cum­plir setenta años, nos dará alguna más, estoy seguro. Eduardo Lago

Por pla­cer. Esa es mi razón. Por­que más allá de su valen­tía; de su capa­ci­dad para levan­tar ban­de­ras; de su len­guaje mara­vi­lloso, pre­ciso y soña­dor; de sus his­to­rias fabu­lo­sas; de su capa­ci­dad para meter el dedo en la llaga; de su liber­tad de espí­ritu; de su pasión incon­tra­lada, de su pro­fun­di­dad, de su her­mo­sura… leer a Var­gas Llosa me pro­duce pla­cer. Alberto Anaut

Pocos artis­tas poseen la pasión y la luci­dez de Var­gas Llosa. Uno puede estar en desacuerdo con sus pun­tos de vista, pero jamás que­dará decep­cio­nado frente a su ardor y su bri­llante intran­si­gen­cia. En una época domi­nada por la fatui­dad y el espec­táculo, sigue siendo uno de los gran­des defen­so­res de la liber­tad crí­tica. Jorge Volpi

Cuando uno comienza un libro de Var­gas Llosa lo más pro­ba­ble es que se quede al momento engan­chado a su lec­tura y no tenga más reme­dio que ter­mi­narlo pronto. De hecho, a mí me ha qui­tado horas de sueño y estu­dio. Admiro su narra­tiva a cuen­ta­go­tas, la manera en la que va pre­sen­tando al lec­tor la trama donde alterna, sin que uno se de ape­nas cuenta y sin revio aviso, espa­cios y tiem­pos. Te trans­porta con una maes­tría impre­sio­nante. Joa­quín Achúcarro

Para empe­zar, la poli­fo­nía de Los cacho­rros. Mirar una ave­nida sin amor. Gober­nar la maqui­na­ria y el ritmo del len­guaje –culto, arra­ba­lero, de donde toque-. Ser dueño de cinco o seis títu­los ya fun­da­men­ta­les en la his­to­ria de la novela en cas­te­llano. Ser un bri­llante teó­rico de la lite­ra­tura. Capa­ci­dad para crear per­so­na­jes en tres dimen­sio­nes. Y, quizá por encima de todo, el gran arqui­tecto, el pode­roso cons­truc­tor de estruc­tu­ras narra­ti­vas. Anto­nio Soler

Por­que es un autor inno­va­dor en la forma y valiente en los con­te­ni­dos, y nos per­mite cono­cer la reali­dad peruana desde una pers­pec­tiva de pri­vi­le­gio: la de un artista que al hablar de la corrup­cion y exce­sos de poder de su pais defiende la inte­gri­dad inte­lec­tual y rechaza la reto­rica vacia. Uno puede estar de acuerdo o no con sus opi­nio­nes polí­ti­cas, pero es indu­da­ble que son fruto de una ética medi­tada y cons­ciente. Es un clá­sico en su tiempo. Enri­que Marty

Hay que leer a Var­gas Llosa por una razón muy sim­ple: es el mejor escri­tor vivo que hay ahora mismo en len­gua espa­ñola. El más amplio, el más com­pleto, el más pode­roso. Rosa Mon­tero.

Tengo que reco­no­cer que no sabía nada de Var­gas Llosa cuando, allá por los años 60, un amigo me reco­mendó La ciu­dad y los perros. La manera de meterte en las situa­cio­nes que narra, su tre­menda ima­gi­na­ción y el modo de retra­tar a sus per­so­na­jes, es sen­ci­lla­mente fan­tás­tico. Desde enton­ces no he dejado de leer todo lo que he podido de Var­gas Llosa, obras ante­rio­res y pos­te­rio­res a La ciu­dad y los perros, como Los jefes, La casa verde, Pan­ta­león y las visi­ta­do­ras, y una de sus últi­mas y para mí mejo­res, La fiesta del chivo. Fer­nando Argenta

Lle­gué tarde a la obra de Var­gas Llosa. Fué en Nueva York a prin­ci­pios de los 80, cuando par­ti­cipé con Intar — un cen­tro tea­tral off — off Broad­way — en la adap­ta­ción a la escena de La seño­rita de Tacna al inglés. La obra fué un éxito y era extra­or­di­na­rio ver cómo el público neo­yor­quino hacía suya una his­to­ria que suce­día en un remoto lugar y en un ambien­te­que poco tenía que ver con el de Nueva York. Esta puede ser una buena razón para aven­tu­rarse en el riquí­simo uni­verso de Var­gas Llosa. Gui­llermo de Osma

En la obra de Var­gas Llosa están pre­sen­tes los cua­tro ele­men­tos, pero creo que el domi­nante es el agua. Es una escri­tura que va fecun­dando la his­to­ria a medida que avanza. Esa escri­tura tiene bri­llo y pro­fun­di­dad, es vigo­rosa y sen­sual, y se mueve con valen­tía y jui­cio. Es una lite­ra­tura sen­ti­pen­sante. Te agita. Te hace sen­tir libre, en un hogar nómada, donde pue­des vivir a con­tra­co­rriente. Manuel Rivas

Le conocí antes de diri­gir su obra Pan­ta­león y las visi­ta­do­ras, pero durante los ensa­yos tuvismo oca­sión de pro­fun­di­zar en nues­tra amis­tad. Aparte de ser una per­sona encan­ta­dora y gene­rosa, me parece un nove­lista impre­sio­nante, si no el más grande del momento. Un hom­bre de una gran cul­tura que se des­pa­rrama en todo lo que escribe y que tiene talento para cual­quier género lite­ra­rio. Domina el idioma de un modo magis­tral y esta muy inte­grado en las cos­tum­bres his­pa­nas y la prueba es su enorme afi­ción al mundo de los toros. Gus­tavo Pérez Puig

La más impor­tante se llama pla­cer de leer, y cada vez que abro uno de sus libros siem­pre jóve­nes regreso a ese pla­cer des­bor­dante de mi ado­les­cen­cia, cuando La Ciu­dad y los perros era el libro que des­cu­bría­mos lle­nos de asom­bro, por­que hablaba de noso­tros. Var­gas Llosa fue un cóm­plice, un amigo escri­tor cuyas obras iban de mano en mano, de café en café, y al que mi gene­ra­ción debe las con­ver­sa­cio­nes lite­ra­rias más ani­ma­das. Tene­mos una gran deuda con él, y al pla­cer de leer y vol­ver a leer sus nove­las, se agrega el de desearle un Feliz Cum­plea­ños y larga vida, por­que aún nos debe muchí­si­mas nove­las. Luis Sepúlveda

Ade­más de una vieja amis­tad, Mario Var­gas Llosa y yo com­par­ti­mos el calen­da­rio: ¡los dos aca­ba­mos de cum­plir setenta! él mismo ha escrito que las bue­nas his­to­rias “aumen­tan nues­tra vida” y nos “des­cu­bren los alcan­ces de la liber­tad”. Y así son sus libros. Su lec­tura nos dan ánimo para esas empre­sas en las que el ser humano tiene que dar lo mejor de sí mismo. Paloma O ’ Shea

Leer bue­nas nove­las nos brinda una posi­bi­li­dad ines­ti­ma­ble: la de mul­ti­pli­car nues­tra alma y expe­ri­men­tar sen­ti­mien­tos e ideas que sin ellas nos esta­rían veda­das. Pocos auto­res actua­les nos garan­ti­zan este pri­vi­le­gio de modo tan seguro e inte­li­gente como Mario Var­gas Llosa. Su obra es ya una nueva Come­dia Humana de nues­tra moder­ni­dad. Si hubiera que resu­mir su arte en una pala­bra, yo ele­gi­ría: cau­ti­va­dor. Aun­que en este caso lo que nos cau­tiva es lo mismo que nos hace más libres. Fer­nando Savater

La lec­tura de los libros de Var­gas Llosa es, como dijo el escri­tor acerca de la lite­ra­tura citando a Flau­bert, una orgía per­pe­tua, una orgía del len­guaje, una orgía de his­to­rias y sen­sac iones, una orgía para todos los sen­ti­dos. Guillermo Solana

Var­gas Llosa es un mara­vi­lloso nove­lista. De él se puede decir que es capaz de con­mo­ver­nos con las his­to­rias que inventa, de hacer­nos con ellas más cons­cien­tes, de una forma pri­mi­tiva, inme­diata, de nues­tra com­pleja y a menudo dolo­rosa con­di­ción humana. Pero tam­bién se debe decir de él que es un inte­lec­tual, en el más noble sen­tido de la pala­bra, entre los narra­do­res; que leyendo no sólo sus ensa­yos sino tam­bién sus nove­las apren­de­mos a cono­cer mejor el mundo y su his­to­ria, algo que cons­ti­tuye la mejor for­ma­ción para sopor­tar el pre­sente y afron­tar el futuro. Pocos son los narra­do­res que poseen seme­jante don, el de cabal­gar con igual gra­cia entre lo ima­gi­nado y lo real. José Manuel Sánchez-Ron

Admiro en Var­gas Llosa la cohe­rente con­ti­nui­dad en su tra­yec­to­ria, tanto como poeta, dra­ma­turgo, nove­lista o ensa­yista. Su espí­ritu de hom­bre joven y preo­cu­pado por los temas socia­les le con­fiere una per­so­na­li­dad extra­or­di­na­ria­mente intere­sante. Por otro lado, su acer­ca­miento a mani­fes­ta­cio­nes escul­tó­ri­cas ha dado fru­tos tan per­so­na­les e intere­san­tes como su con­ver­sa­ción poé­tica, escul­pida por la mano sen­si­ble y maes­tra de Manolo Val­dés, en la obra monu­men­tal de las Tres Damas. Antón Gar­cía Abril

Afir­maba Henry James que la única obli­ga­ción que se puede exi­gir cabal­mente a una novela es que cuente cosas intere­san­tes, y Var­gas Llosa nunca ha defrau­dado en este terreno. El regreso a la más pura narra­ti­vi­dad es una de las cla­ves de su éxito, pero esto no sig­ni­fica faci­li­dad aco­mo­da­ti­cia en lo tocante a la estruc­tu­ra­ción del dis­curso nove­lís­tico, sino una pro­puesta que reclama del lec­tor una acti­tud coope­rante. Su téc­nica narra­tiva es rica en insó­li­tos recur­sos para acti­var la res­puesta cóm­plice de los que lo lee­mos, y nues­tra recom­pensa nace de su capa­ci­dad para fun­dir reali­dad y fan­ta­sía. Darío Villanueva.

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